Las aves marinas se han convertido en una pieza fundamental para comprender el impacto de la contaminación en los océanos. Debido a sus desplazamientos por grandes extensiones de agua y sus hábitos alimenticios.

Estos animales acumulan información sobre las condiciones del entorno en el que viven. Esta característica es aprovechada por AdriftLab, un laboratorio de investigación que las utiliza como indicadores biológicos para estudiar la salud de los ecosistemas marinos.
Uno de sus principales proyectos se desarrolla desde 2007 en la isla Lord Howe, ubicada en el mar de Tasmania y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Allí, el equipo monitorea la ingestión de plástico en las Sable Shearwaters (Ardenna carneipes), una investigación que ha permitido construir la serie de datos más extensa del mundo sobre este fenómeno.
El seguimiento no solo permite conocer cuánto plástico ingieren actualmente estos animales, sino también identificar los cambios registrados durante las últimas dos décadas.
El trabajo de Adrift Lab también se extiende a otros territorios, como las islas Pitcairn y la isla Bedout, en el mar de Timor. En estos lugares, el laboratorio estudia poblaciones de aves marinas sobre las que existe información limitada y que enfrentan diferentes amenazas ambientales, entre ellas los efectos del cambio climático, los incendios forestales y las olas de calor marinas.

Sin embargo, uno de los principales aportes de sus investigaciones está relacionado con las consecuencias que tiene el plástico dentro del organismo de los animales. En 2023, el equipo describió la plasticosis, una enfermedad hasta entonces no documentada, asociada con la ingestión crónica de estos residuos.
La afección se caracteriza por la formación de cicatrices fibróticas en el tracto digestivo de los polluelos de aves marinas, un hallazgo que permitió identificar daños en los tejidos que no necesariamente son visibles desde el exterior.
Posteriormente, la organización documentó alteraciones en las proteínas de los tejidos de polluelos de apenas 80 días de edad, compatibles con procesos relacionados con enfermedades neurodegenerativas, incluidos algunos asociados con el alzhéimer.
Según el laboratorio, estos animales todavía no se alimentaban por sí mismos, por lo que el plástico presente en sus cuerpos había sido introducido por sus progenitores.

Además de estudiar los efectos físicos de estos residuos, Adrift Lab analiza los contaminantes químicos que pueden transportar, como metales pesados y retardantes de llama. Sus investigaciones buscan comprender cómo estas sustancias pasan a través de las cadenas alimentarias marinas y pueden llegar a los sistemas de alimentación humana.
El laboratorio también busca que sus resultados tengan incidencia más allá de las publicaciones científicas. Sus investigaciones han sido utilizadas en discusiones sobre políticas ambientales y gestión de residuos en Australia, Reino Unido y otros escenarios internacionales, mientras desarrolla actividades de divulgación con comunidades, organismos reguladores y el público.
