El potus o potos, conocida científicamente como Epipremnum aureum, es una de las plantas de interior más populares por su resistencia, sus hojas en forma de corazón y su capacidad para adaptarse a diferentes espacios del hogar. Su follaje verde y abundante lo convierte en una opción habitual para decorar los rincones de la casa.

Sin embargo, aunque suele considerarse una especie fácil de mantener, necesita ciertos cuidados para conservar su apariencia y fortalecer sus tallos. Su evolución podría depender de factores como la iluminación, el riego, el drenaje y el lugar donde se encuentre.
Uno de los cuidados más importantes para mantener el potus frondoso y favorecer su crecimiento es elegir una maceta que cuente con orificios de drenaje. De acuerdo con el creador de contenido del canal de YouTube Verdecito Home, dedicado a la jardinería y al cuidado de las plantas de interior, cuando las raíces comienzan a salir por estos espacios o el recipiente queda demasiado pequeño, es posible que la planta necesite un trasplante.

Para ello, recomienda elegir una maceta que deje un margen de al menos dos o tres dedos, de manera que las raíces dispongan de espacio suficiente para desarrollarse. Además, es importante evitar los encharcamientos y utilizar un sustrato que facilite el drenaje del agua, con el fin de prevenir el exceso de humedad y posibles daños en las raíces.
Asimismo, el potus necesita un sustrato aireado que permita el paso del agua y la circulación de aire alrededor de las raíces. Una tierra demasiado compacta puede retener humedad durante mucho tiempo y favorecer la aparición de problemas que afectarían al potus.

Otro aspecto fundamental es la ubicación. Aunque el potus puede sobrevivir en espacios con poca luz, sus tallos pueden crecer más lentamente y algunas variedades con hojas de diferentes tonalidades pueden perder parte de su coloración característica.
Por este motivo, el creador de contenido recomienda colocarlo cerca de una ventana donde reciba luz natural indirecta. La exposición prolongada al sol directo, especialmente durante las horas de mayor intensidad, puede provocar quemaduras y deteriorar el follaje. Asimismo, girar la maceta ocasionalmente permite que diferentes partes de la planta reciban iluminación.
