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El océano se está “apagando”: científicos advierten un cambio global sin precedentes que podría impactar el futuro del planeta

Los hallazgos evidencian que este proceso se ha intensificado en los últimos años y tiene un alcance global.

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12 de abril de 2026 a las 5:00 a. m.
Los científicos siguen de cerca la rápida evolución de estas variaciones en los océanos.
Los científicos siguen de cerca la rápida evolución de estas variaciones en los océanos. Foto: Getty Images

El oscurecimiento de los océanos se ha convertido en una preocupación creciente para la comunidad científica internacional. Investigadores como Tim Smyth, junto a expertos como Tom Davies, han identificado que amplias áreas de la superficie marina presentan una reducción significativa en la luz que logra penetrar en el agua, un cambio que podría alterar diversos procesos naturales.

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A partir del análisis de dos décadas de datos satelitales, los científicos concluyeron que cerca del 20 % de los océanos del planeta ha sufrido algún nivel de oscurecimiento. Este fenómeno no se limita a zonas costeras, sino que también se extiende al océano abierto, formando regiones interconectadas donde la superficie marina se vuelve progresivamente menos transparente a la luz solar.

Los hallazgos, divulgados por la revista New Scientist, evidencian que este proceso se ha intensificado en los últimos años y tiene un alcance global. En áreas cercanas a la costa, el fenómeno estaría relacionado con cambios en los ríos que desembocan en el mar, influenciados por actividades humanas como la transformación de bosques en terrenos agrícolas, lo que modifica los materiales que llegan al agua.

El aumento de partículas y microorganismos está dificultando el paso de la luz solar en el océano.
Un estudio internacional reveló que una parte significativa del mar se ha oscurecido tanto en áreas costeras como en aguas abiertas. Foto: Getty Images

Durante los periodos de crecida, los ríos transportan una mayor cantidad de sedimentos y compuestos orgánicos disueltos, lo que modifica notablemente su apariencia. Estas sustancias son las responsables del característico tono oscuro o color té que suelen adquirir muchas corrientes fluviales en estas condiciones.

A este fenómeno se suma la influencia de la actividad agrícola intensiva, especialmente por el uso de fertilizantes. Los nutrientes que llegan a los cuerpos de agua favorecen la proliferación de fitoplancton en zonas costeras, generando floraciones que disminuyen la penetración de la luz en el agua. Este proceso incrementa la turbidez y contribuye a que el entorno marino luzca más oscuro.

Las áreas rojas indican regiones donde los océanos se están oscureciendo, mientras que las azules indican regiones donde se están aclarando.
Las áreas rojas indican regiones donde los océanos se están oscureciendo, mientras que las azules indican regiones donde se están aclarando. Foto: UNIVERSIDAD DE PLYMOUTH

En mar abierto, el oscurecimiento está vinculado a alteraciones en la dinámica del fitoplancton asociadas al cambio climático. Factores como el aumento de la temperatura del océano, las olas de calor marinas y las variaciones en la salinidad modifican la circulación y la estructura del agua.

Además, los ciclos estacionales, junto con condiciones más estables y soleadas, favorecen la concentración de nutrientes y luz en la superficie, impulsando el crecimiento de microalgas y profundizando este oscurecimiento a gran escala.

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¿Cuáles son las consecuencias en los océanos?

El oscurecimiento de los océanos tiene efectos significativos en el equilibrio global del carbono. La disminución de la luz altera el comportamiento del zooplancton, que podría dejar de desplazarse hacia mayores profundidades para evitar a sus depredadores. Este cambio reduce su papel como transportadores naturales de carbono hacia el fondo marino.

En condiciones normales, cuando estos organismos mueren, contribuyen a almacenar carbono en las profundidades durante largos periodos. Sin embargo, si su migración vertical se ve limitada, una mayor cantidad de carbono permanece en la superficie y puede retornar a la atmósfera.

Aunque los satélites permiten observar la superficie oceánica a gran escala, la falta de mediciones prolongadas sobre el flujo de carbono hacia el fondo dificulta estimar con precisión la magnitud de este fenómeno.