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Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Aliementos
Este 29 de septiembre se conmemora el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos. - Foto: Esteban Vega La-Rotta - WWF Colombia

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¿Por qué se está convocando a la gente a mostrar los ‘platos limpios’ este 29 de septiembre?

Mediante una movilización digital, WWF pretende concientizar a los colombianos para que reduzcan el desperdicio de comida.

Este jueves 29 de septiembre se conmemora el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y Desperdicio de Alimentos, en donde se hace un llamado a la acción tanto al sector público como privado, con el fin de establecer prioridades y avanzar con la innovación para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos.

En el marco de este día, WWF hace un llamado para que los colombianos reduzcan el desperdicio de comida y se unan a una movilización digital compartiendo una foto con los ‘platos limpios’ después de comer, en redes sociales con el #SpamSinDesperdicio y etiquetando a WWF Colombia.

El objetivo de esta movilización digital es reconocer el verdadero valor de los alimentos y generar conciencia y cambios de comportamientos en la comunidad. Además, se busca que las personas reconozcan el esfuerzo que hay detrás de cada alimento y el valor de los recursos naturales.

Según el Departamento Nacional de Planeación (DNP), las frutas y vegetales, con el 62 %, y las raíces tubérculos, con el 24,5 %, son los alimentos que más se pierden o se desperdician en Colombia. Así mismo, la entidad señala que el desperdicio en los hogares colombianos se calcula en 1,5 millones de toneladas anuales, lo que equivale a 32 kilos per cápita. Esto quiere decir que cada persona bota al año 32 kilos de comida.

A nivel global, se estima que 690 millones de personas en el mundo pasan hambre, mientras que cuatro de cada diez alimentos que se producen nunca llegan a consumirse y, al desecharlos, todos los recursos naturales invertidos en su producción también se van a la basura.

De este modo, es importante reconocer que la producción de alimentos requiere el 69 % de agua y el 40 % de tierra disponibles. Esto quiere decir que un solo banano le cuesta a la Tierra 160 litros de agua, lo que es equivalente a bañarse durante 18 minutos sin cerrar la llave; una manzana, 125 litros, qué equivalente a lavar platos durante 16 minutos; y un tomate, 50 litros, que figura como equivalente a descargar el inodoro 10 veces.

Un estudio realizado por WWF y la agencia Sancho BBDO, contrastó los imaginarios de casi 2 mil personas en ocho ciudades con sus hábitos frente a la alimentación y como resultado se encontró que solo 3 de cada 10 colombianos dicen que no han desechado comida en el último mes y apenas el 18 % considera que la forma en que nos alimentamos es la principal causa de la pérdida de naturaleza y la degradación ambiental.

“Esto reafirma cómo las personas todavía no entendemos la relación que hay entre nuestra alimentación y la naturaleza, y desconocemos la necesidad de un planeta sano para tener comida. Acciones cotidianas como evitar el desperdicio contribuyen directamente a la protección y conservación de la naturaleza”, afirmó Ferney Díaz, coordinador de Sostenibilidad y Movilización WWF.

Un nuevo avance: materiales que sustituyen al plástico se biodegradan en el océano

Científicos de la UC San Diego desarrollaron nuevos materiales biodegradables diseñados para reemplazar el plástico convencional y contrarrestar el aumento de basura con este origen. Después de probar que sus espumas de poliuretano se biodegradan en abonos terrestres, los investigadores ahora han demostrado que el material se biodegrada en el agua de mar en un plazo de semanas. Los resultados se publicaron en la revista Science of the Total Environment.

Los investigadores están trabajando para abordar un problema de contaminación plástica que ahora se describe como una crisis ambiental global. En 2010, los investigadores estimaron que 8.000 millones de kilogramos de plástico ingresan al océano en un solo año, con una fuerte escalada prevista para 2025.

Al ingresar al océano, los desechos plásticos alteran los ecosistemas marinos, migran a ubicaciones centrales y forman giros de basura como el Gran Pacific Garbage Patch, que cubre un área de más de 1,6 millones de kilómetros cuadrados. Estos plásticos nunca se degradan, sino que se descomponen en partículas cada vez más pequeñas y, finalmente, se convierten en microplásticos que persisten en el medioambiente durante siglos.