El fin del mundo ha sido uno de los mayores misterios de la historia. A lo largo del tiempo, millones de personas han sentido curiosidad e incertidumbre sobre cuándo podría llegar el día en que la humanidad deje de existir y cuál sería el evento capaz de acabar con todo.
Sin embargo, no se trata únicamente de un tema que despierte interés entre la gente del común, sino también entre expertos y científicos que durante siglos han puesto su atención sobre esta posibilidad.

Aunque muchas teorías surgieron a partir del miedo o de creencias espirituales, con el paso de los años la ciencia comenzó a analizar este tema desde una perspectiva más racional, basada en observaciones, cálculos y fenómenos naturales.
En ese sentido, se ha planteado que existen diversas situaciones que podrían conducir a un eventual colapso global, como el cambio climático, el impacto de asteroides o cometas, los fenómenos naturales extremos y otros hechos catastróficos. Por ello, algunos científicos han intentado calcular cuándo podría ocurrir un evento de esta magnitud, con el objetivo de comprender mejor los riesgos y prepararse ante posibles escenarios futuros.
Entre las numerosas predicciones que han surgido, hay una que recientemente ha llamado la atención. De acuerdo con información recopilada por el diario español Okdiario, la teoría sobre el supuesto fin del mundo que se volvió viral tiene su origen en los años sesenta, una época marcada por la Guerra Fría, el miedo a un conflicto nuclear y la incertidumbre global.

En ese contexto, el científico Heinz von Foerster publicó en la revista Nature un modelo matemático basado en el crecimiento acelerado de la población mundial. A partir de ese análisis, calculó que el colapso de la humanidad ocurriría el 13 de noviembre de 2026.
No obstante, años después, otros investigadores revisaron ese estudio y concluyeron que los datos actuales ya no respaldan dicha predicción. El científico Brad Willms actualizó el modelo y explicó que el crecimiento poblacional ha cambiado significativamente, por lo que la llamada “ecuación del fin del mundo” ya no tendría validez. Gracias a nuevos cálculos, hoy se considera que el panorama es más optimista y que no existe evidencia científica que confirme esa fecha como el final de la humanidad.

Aun así, las predicciones apocalípticas continúan generando interés y viralidad. Casos como el calendario maya en 2012, las profecías de Nostradamus o las teorías relacionadas con eclipses, asteroides e inteligencia artificial han alimentado durante años la idea de un posible fin del mundo.
Pese a ello, es importante tener presente que, hasta ahora, todas estas hipótesis siguen siendo simples teorías. Predecir una fecha exacta para el fin del mundo es algo prácticamente imposible de calcular con precisión. Aunque científicos, filósofos y distintas corrientes de pensamiento han intentado estimarlo durante décadas, la realidad es que no existe un método capaz de determinar cuándo podría ocurrir un colapso global definitivo.
