Cada cierto tiempo, las teorías sobre el fin del mundo vuelven a ocupar la atención mundial. Profecías ancestrales, lecturas religiosas y proyecciones científicas suelen despertar curiosidad y, en determinados casos, generar alarma entre las personas.
Las especulaciones sobre el fin del mundo suelen intensificarse cuando se aproxima una fecha considerada relevante. Luego de la fallida interpretación del calendario maya en 2012, una nueva teoría comenzó a circular con fuerza en plataformas digitales. Se trata de una ecuación matemática creada hace más de 60 años que ubica el año 2026 como un posible momento clave para el futuro de la humanidad.

Este modelo fue formulado en 1960 por los científicos Heinz von Foerster, Patricia M. Mora y Lawrence W. Amiot, investigadores de la Universidad de Illinois, y difundido en la revista científica Science.
A diferencia de las profecías de carácter místico, la propuesta se fundamentó en cálculos matemáticos aplicados al crecimiento de la población humana, con el objetivo de analizar sus posibles consecuencias a largo plazo.

Los científicos recurrieron a un modelo de crecimiento exponencial para analizar cómo había evolucionado la población mundial, basándose en registros históricos de nacimientos y fallecimientos. De acuerdo con sus cálculos, si esa tendencia se mantenía sin cambios, el sistema alcanzaría un punto en el que el crecimiento dejaría de ser viable.
Desde una perspectiva matemática, ese resultado implicaba un escenario irreal, en el que la cantidad de habitantes aumentaría sin límite en un período finito, algo incompatible con un planeta de recursos finitos. Al proyectar los datos disponibles en aquel momento, el modelo condujo a la estimación de una fecha específica como referencia teórica.

Según los resultados del modelo, el punto crítico —denominado por sus autores como Doomsday o Día del Juicio Final— fue ubicado en el viernes 13 de noviembre de 2026. Sin embargo, los investigadores nunca sostuvieron que esa fecha representara el fin del mundo ni asociaron el cálculo con escenarios concretos como conflictos bélicos, catástrofes naturales o eventos nucleares.

En realidad, el planteamiento funcionó como una advertencia teórica sobre los límites del crecimiento poblacional y la urgencia de replantear los esquemas de desarrollo. Con el paso de los años, la desaceleración del aumento demográfico en distintas regiones del planeta llevó a numerosos especialistas a señalar que el modelo resulta una simplificación excesiva frente a la complejidad de la dinámica poblacional actual.










