Durante más de tres siglos, la Gran Mancha Roja ha sido el símbolo del misterio joviano. Visible incluso con telescopios modestos, esa tormenta colosal —más grande que la Tierra— ha girado sin descanso sobre la atmósfera del planeta más grande del sistema solar durante al menos 360 años, sin embargo, para la ciencia, el mayor enigma de Júpiter nunca estuvo en lo que se ve, sino en lo que permanece oculto bajo sus densas nubes.
Un modelo computacional revela el interior de Júpiter
Un equipo de científicos de la Universidad de Chicago y del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA ha desarrollado el modelo computacional más completo hasta la fecha de la atmósfera de Júpiter. Los resultados son sorprendentes: el planeta parece contener una vez y media más oxígeno que el Sol, una cifra muy superior a las estimaciones previas, que sugerían apenas un tercio de esa cantidad.

Este hallazgo, publicado en The Planetary Science Journal, no solo mejora nuestra comprensión de Júpiter, sino que también ofrece pistas sobre los procesos que dieron forma a todos los mundos del sistema solar, incluida la Tierra.
¿Cómo se formó Júpiter? La clave está en el oxígeno
La explicación más probable, respaldada por los nuevos resultados, es que Júpiter se formó más allá de la llamada “línea de nieve”, una región distante del Sol donde el agua y otros compuestos pueden existir como hielo. Este hielo habría aportado grandes cantidades de oxígeno en forma de agua congelada, facilitando su acumulación en el planeta.
Hasta ahora, los modelos estudiaban por separado la química y el movimiento de la atmósfera. Sin embargo, el equipo liderado por Jeehyun Yang, investigador postdoctoral de la Universidad de Chicago, decidió unir ambos enfoques en un único modelo.
Como explica Yang: “La química es importante, pero no incluye las gotas de agua ni el comportamiento de las nubes. La hidrodinámica por sí sola simplifica demasiado la química. Por eso es importante combinarlas”.

La atmósfera de Júpiter: un entorno extremo e inexplorado
Júpiter no tiene una superficie sólida conocida. Es un mundo gigantesco formado por gases y líquidos sometidos a presiones y temperaturas extremas. Cualquier intento de adentrarse en su atmósfera termina en fracaso. La sonda Galileo, por ejemplo, dejó de funcionar casi inmediatamente después de sumergirse en la atmósfera del planeta, como recuerda un comunicado de la Universidad de Chicago.

Lo que sí ha sido posible es estudiar sus capas superiores desde la órbita, gracias a misiones como Juno. Estas observaciones han confirmado la presencia de compuestos como amoníaco, metano y monóxido de carbono.
Sin embargo, la gran incógnita sigue estando más abajo, en las profundidades de la atmósfera, donde se concentra el oxígeno, principalmente atrapado en forma de agua.
Júpiter como cápsula del tiempo del sistema solar
El nuevo modelo sugiere que entender cómo se mueven y transforman estas moléculas es clave no solo para conocer mejor a Júpiter, sino también para reconstruir la historia del sistema solar.
Como explicó Yang a Space.com: “Los planetas conservan las huellas químicas de los entornos en los que se formaron, lo que los convierte en cápsulas del tiempo”.

Aún se debate si Júpiter nació en la posición que ocupa hoy o si migró desde regiones más alejadas del Sol. Sin embargo, este tipo de hallazgos permite acotar las posibilidades. La elevada cantidad de oxígeno detectada respalda la idea de que el planeta se formó en zonas más frías y lejanas, donde el hielo era abundante y podía incorporarse con mayor facilidad durante su crecimiento.
Un futuro de descubrimientos
Al descifrar qué ocurre bajo las nubes de Júpiter, los científicos no solo ayudarían a aclarar uno de los grandes misterios planetarios, sino que también contribuirían a reconstruir los primeros capítulos de la historia del sistema solar.
Además, estos hallazgos podrían orientar la búsqueda de planetas habitables en otros sistemas estelares, abriendo nuevas puertas a la exploración espacial.
*Con información de DW.










