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Bajar de peso: ¿cómo controlar el hábito de comer por factores emocionales?

Es importante evitar el consumo en exceso de productos ricos en calorías, azúcar y grasa,


En muchas oportunidades sucede que los deseos más frecuentes y fuertes de comer se presentan cuando una persona está afectada emocionalmente, pues la comida suele aparecer como una forma de encontrar consuelo.

Estas decisiones pueden tomarse de manera consciente o inconsciente, debido a que en ocasiones los problemas, dificultades y estados de ánimo no permiten analizar y tomar una determinación pensando en posibles consecuencias.

“Aunque realmente no tenga hambre, la persona siente que necesita comer para poder satisfacer ese “algo” que le está perturbando. Y ese “algo” no es nada más que un conflicto emocional que no está resolviendo de forma adecuada”, precisa un artículo de la revista Muy Saludable, de Sanitas (España).

Esta situación puede ir en contra del deseo de muchas personas de bajar de peso, pues con frecuencia se puede terminar ingiriendo demasiado alimento, especialmente productos ricos en calorías, azúcar y grasa, precisa el instituto de investigación Mayo Clinic.

“Comer como reacción al malestar emocional es una forma de suprimir o calmar las emociones negativas, como el estrés, la ira, el miedo, el aburrimiento, la tristeza y la soledad. Los eventos importantes de la vida o, más comúnmente, las molestias cotidianas pueden desencadenar emociones negativas que conducen a una alimentación emocional y perturban los esfuerzos para bajar de peso”, precisa esta institución.

Para evitar esta situación existen algunas medidas que se pueden adoptar con miras a recuperar el control de los hábitos alimenticios y encaminar los objetivos de adelgazar o mantener un peso saludable, el cual es determinante no solo por el deseo de verse bien, sino por bienestar general de las personas. Estas son algunas de las recomendaciones que realizan los expertos de Mayo Clinic.

1. Llevar un diario de comidas. Es importante anotar lo que la persona come, cuánto, cómo, cuándo, cómo se siente, cuando lo hace y cuánta hambre tiene. Con el tiempo es posible que encuentre patrones que revelen la conexión entre el estado de ánimo y la comida.

2. Dominar el estrés. Si el estrés contribuye a la alimentación emocional, una de las fórmulas es probar con técnicas de control del estrés, como el yoga, la meditación o la respiración profunda.

3. Hacerse un chequeo de la realidad del hambre. ¿El hambre es física o emocional? Una buena forma de controlar las ganas de comer es darle tiempo al antojo hasta que pase.

4. Buscar apoyo. Según los especialistas de Mayo Clinic, una persona es más propensa a caer en la alimentación emocional si carece de una buena red de apoyo. Soportarse en la familia y amigos ayuda a controlar los deseos de ingerir alimento.

5. Luchar contra el aburrimiento. En lugar de comer bocadillos cuando la persona tiene hambre, una opción es distraerse y optar por un comportamiento más saludable. Dar un paseo, mirar una película, jugar con una mascota, escuchar música, leer o llamar a un amigo, pueden ayudar.

6. Eliminar la tentación. No guardar alimentos reconfortantes y tentadores en la casa. Y si la persona se siente enojada, deprimida o triste, lo mejor es posponer la ida al supermercado hasta que las emociones hayan vuelto a la normalidad.

7. No privarse de cosas. En el esfuerzo por perder peso, es posible que se limiten demasiado las calorías, lo que puede hacer que aumenten los antojos de comida, especialmente como respuesta a las emociones. Lo ideal es comer cantidades sustanciosas de alimentos saludables, darse un gusto ocasionalmente y consumir mucha variedad para ayudar a frenar los antojos.

8. Aprender de los errores. Si se tienen episodios de alimentación emocional, es importante perdonarse, según los expertos, y comenzar de nuevo al día siguiente. Tratar de aprender de la experiencia y hacer un plan para prevenirla en el futuro, es importante. También es clave concentrarse en los cambios positivos que se están haciendo en torno a los hábitos alimenticios y darse crédito por hacer modificaciones en la dieta que se reflejarán en una mejor salud.

Los expertos aseguran que si se prueban opciones de autoayuda y no se logra controlar el hábito de comer por factores emocionales, es importante considerar una terapia con un profesional de la salud mental, lo cual puede ayudar a comprender los motivos emocionales por los que la persona come y aprender a hacer frente a diferentes desafíos o situaciones. También puede ayudar a descubrir si el paciente tiene un trastorno de la alimentación.