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Dieta antiedad: alimentos que ayudan a producir colágeno y rejuvenecer la piel

A partir de los 25 años, el organismo disminuye la producción de colágeno.


El colágeno es una sustancia que aporta grandes beneficios al organismo y está presente en la piel, los huesos, los ligamentos, los tendones y cartílagos, proporcionándoles resistencia y elasticidad, además de resultar imprescindible para los músculos y los órganos, de acuerdo con el Grupo Sanitas de España.

Asimismo, en su portal web explicó que el colágeno es la sustancia principal que otorga elasticidad a la piel previniendo la aparición de arrugas.

De hecho, la doctora Lorea Bagazgoitia, en su libro Lo que dice la ciencia sobre el cuidado de la piel, explica que a medida que el tiempo avanza, a partir de los 25 años el organismo disminuye la producción de colágeno, generando efectos colaterales en la piel, como la disminución del brillo e hidratación natural.

Por ende, entre los alimentos que más se recomiendan para mejorar la producción del colágeno se mencionan el pescado, los huevos, verduras y carnes rojas, al igual que otros que contengan omega 3.

Otros alimentos recomendados son el pollo, los cítricos (naranjas y pomelos/toronjas), bayas (fresas, frambuesas, arándanos y moras), frutas tropicales (mango, kiwi, piña, melón y guayaba), ajo, hojas verdes (espinaca, col rizada, acelgas, brócoli y demás verduras de ensalada) y tomates.

De igual manera, la técnico nutricionista de Verleal Paloma Azcona, le reveló al diario español El Mundo una dieta con varias claves que ayudan a producir colágeno y rejuvenecer la piel:

1. No comer en exceso, sin hambre ni por estrés.

2. Comer preferiblemente verduras como el brócoli, las arvejas, los pimentones, los espárragos verdes o alcachofas.

3. Comer carne y pescado a la planta y no cocinados con salsas y mejor elegir pescado.

4. Evitar los fritos y grasas.

5. Comer quesos con poca grasa, pero conviene tomar una cantidad no superior a los 30 o 40 gramos.

6. Evitar los dulces, pasteles y reemplazarlos por frutas.

7. Evitar las harinas refinadas y elegir las integrales.

8. No consumir azucares.

9. Elegir el aceite de oliva “como grasa principal”.

Dicho lo anterior, hay que resaltar que hay otros alimentos que no contribuyen a mantener un buen nivel de colágeno, como el exceso de azúcar y los carbohidratos refinados, que pueden causar inflamación en el organismo y deteriorar el colágeno en el cuerpo, lo que también se ve reflejado en un deterioro en el estado de la piel, los huesos y los músculos.

Por ende, se recomienda tener una dieta baja en azúcares y harinas refinadas, porque comer pan, galletas, caramelos, jugos artificiales, entre otros productos, contribuye al aumento de la glucosa en la sangre y el exceso de azúcar se engancha a algunas proteínas (elastina y colágeno entre ellas) y hace que estas proteínas se vuelvan rígidas y las endurece, por un proceso denominado glicación.

Asimismo, otros factores importantes para la producción natural de colágeno son:

- Dormir de manera reparadora: dormir lo suficiente permite estimular la melatonina, la hormona relacionada con el sueño que tiene un poder antioxidante y antiinflamatorio. Además, dormir al menos siete horas incrementa la hormona del crecimiento.

- Actividad física y dieta saludable: combinar estos dos aspectos es fundamental para mantener una buena producción de colágeno que contribuya al óptimo funcionamiento del sistema óseo y muscular, entre otros.

Adicional, la doctora ecuatoriana Narcisa Zambrano recomienda que las mujeres inicien a tomar colágeno cuando se esté llegando a los 40 años o en la menopausia, mientras que los hombres lo pueden hacer cuando son mayores de 60 años. Sin embargo, antes de consumir algún suplemento de colágeno es importante que consulte a un experto y este lo guíe.

Varios estudios han demostrado que los péptidos de colágeno o los suplementos que contienen colágeno contribuyen a retrasar el envejecimiento de la piel, especialmente en el caso de las mujeres.

Además, la ingesta de colágeno podría ayudar a prevenir el riesgo de enfermedades cardíacas, pues esta proteína colabora en la estructuración de las arterias y los vasos sanguíneos que transportan la sangre. Sin la proteína, las arterias podrían deteriorarse y volverse frágiles.