Durante años, millones de personas han repetido la misma idea: llegar a casa, abrazar al perro o acariciar al gato es la mejor terapia contra el estrés. Sin embargo, una reciente investigación científica puso en duda una de las creencias más extendidas sobre las mascotas.

El estudio, liderado por investigadores de la Open University de los Países Bajos y publicado en Frontiers in Psychology, analizó el comportamiento emocional de 188 dueños de perros y gatos durante su vida cotidiana.
A diferencia de investigaciones anteriores, los participantes reportaron en tiempo real cómo se sentían varias veces al día, lo que permitió medir con mayor precisión el impacto de las mascotas en sus emociones.

La sorpresa que encontraron los científicos
Los resultados mostraron que tener un perro o un gato no disminuyó de forma significativa los niveles de estrés de las personas. En otras palabras, las mascotas no funcionaron como un “escudo emocional” permanente frente a las presiones del trabajo, los problemas económicos o las preocupaciones diarias.
No obstante, los investigadores encontraron algo interesante: quienes interactuaban con sus animales reportaban emociones más positivas y un mejor estado de ánimo en momentos específicos del día. Es decir, las mascotas sí generan bienestar, pero no necesariamente eliminan el estrés.
¿Y qué pasa con los gatos?
Los hallazgos sobre los felinos llamaron especialmente la atención. Según el estudio, algunos dueños de gatos podrían experimentar efectos más negativos cuando tienen dificultades para manejar el estrés, debido a que los gatos también son sensibles a los estados emocionales de sus cuidadores y pueden reflejar ciertas tensiones del entorno.
Sin embargo, otras investigaciones recientes han encontrado beneficios importantes en la convivencia con estos animales. Los niños que crecen junto a gatos presentan menores niveles de ansiedad y desarrollan mejores herramientas para gestionar situaciones estresantes. Además, el contacto con los felinos favorece la liberación de oxitocina y ayuda a reducir el cortisol, la hormona asociada al estrés.


Más que una terapia, una compañía
Los expertos coinciden en que el error ha sido pensar que las mascotas funcionan como un tratamiento automático contra el estrés. En realidad, los perros y gatos aportan compañía, rutinas, afecto y apoyo emocional, factores que pueden contribuir al bienestar psicológico, pero que no reemplazan otras estrategias de salud mental.
La conclusión es clara: tu mascota probablemente no hará desaparecer tus preocupaciones, pero sí puede ayudarte a sobrellevar mejor los días difíciles y a encontrar pequeños momentos de calma en medio de la rutina.

