La primera pregunta que hace casi todo paciente nuevo es cuántas sesiones va a necesitar. Gendrinex Ramírez escucha esa pregunta, y antes de responderla mira el tatuaje. Luego mira la piel. Luego pregunta quién lo hizo.
Hay información ahí adentro que ningún número de sesiones puede anticipar si no se lee primero.
“Estamos rompiendo el pigmento desde la tercera capa”
El láser Nd:YAG trabaja profundo. Llega hasta la dermis, donde la tinta quedó depositada después de la aguja, y fragmenta el pigmento en partículas lo suficientemente pequeñas para que el organismo las procese y elimine de forma gradual. Antes de encender el equipo se aplica anestesia tópica sobre la zona. Ayuda. Pero Ramírez no promete indoloro.
“No deja de molestar un poco”, dice, “porque estamos rompiendo el pigmento desde la tercera capa de piel.”
Algunos cambios visibles aparecen después de la primera sesión. Otros recién después de tres. La diferencia depende de la tinta, de su composición, de la profundidad a la que quedó, y de la mano que hizo ese tatuaje. No hay dos casos iguales porque no hay dos tatuajes iguales.
El filtro equivocado
Configurar el equipo es una decisión técnica que cambia completamente según el pigmento a tratar. Los tonos oscuros no se trabajan con el mismo filtro que los rojos o los colores carne. Usar el parámetro equivocado no solo reduce el resultado. Puede dañar la piel.
Y hay casos donde Gendrinex Ramírez directamente no procede. Si la tinta está muy marcada, el tejido no va a cicatrizar bien. Si la piel es muy delicada, puede sangrar en exceso y el proceso de recuperación se complica más de lo que vale. Saber cuándo no hacer el tratamiento es, para ella, tan parte del oficio como saber hacerlo.
Lo que pasa entre sesiones
Termina la sesión y empieza otra etapa. La piel queda sensible, en proceso, y lo que el paciente haga en los días siguientes importa tanto como lo que pasó adentro del consultorio.
Las indicaciones son concretas: nada de sol, nada de piscina, nada de sauna, evitar el sudor, aplicar las pomadas indicadas para sanar. Gendrinex Ramírez explica cada una. No las entrega en un papel y listo.
“La cicatrización depende del tipo de piel de cada persona”, dice. Por eso la comunicación con el paciente no es un complemento del tratamiento. Es parte del tratamiento. Quien no entiende por qué no puede exponerse al sol termina haciéndolo, y una piel expuesta entre sesiones puede quedar con marcas que ninguna sesión posterior va a resolver.
El mercado global de remoción de tatuajes se valoró en 870 millones de dólares en 2025 y se proyecta que alcance 1.560 millones para 2030, según Mordor Intelligence. El crecimiento refleja una demanda real, pero también una oferta que en muchos casos avanza sin la formación necesaria para leer lo que cada piel específicamente necesita.
Cada piel es un caso distinto
Ramírez no trabaja con protocolos fijos aplicados a todos por igual. Trabaja con variables. El color de la tinta, el grosor con que quedó depositada, la sensibilidad del tejido, la historia de esa piel antes de llegar al consultorio. Todo eso entra en la evaluación antes de la primera sesión.
A veces esa evaluación lleva a iniciar de inmediato. A veces lleva a esperar. Y a veces lleva a una conversación incómoda donde hay que explicarle al paciente que ese tatuaje, en esa piel, en ese momento, no es candidato para remoción.
No es la respuesta que nadie quiere escuchar. Pero según Gendrinex Ramírez, es exactamente la que marca la diferencia entre un proceso que funciona y uno que deja consecuencias.
