El círculo de confianza del presidente Abelardo De La Espriella es tan disciplinado que en campaña no filtraron sus movidas políticas y en tiempos de la transición al poder tampoco destaparon las cartas que preparaba el presidente de la república.
Solo el mismo mandatario o la cuenta oficial de su partido, Defensores de la Patria, revelaban las noticias sobre su llegada al poder. Quienes lo acompañaron en esos meses son los que ahora conforman su equipo de gobierno.
El hombre primordial es el vicepresidente, José Manuel Restrepo, a quien le delega las principales tareas de su administración. Rodrigo Lara, excongresista y exmilitante de Cambio Radical, fue su sombra durante la campaña presidencial, y de sus caminatas por el país quedó una confianza tal en el mandatario que fue designado como ministro del Interior.
Ni el primer fracaso legislativo con la elección en la Presidencia del Senado diezmó la confianza y ahora es él quien maneja los asuntos políticos del jefe de Estado.
Otro que caminó a su lado fue Mauricio Gómez Amín, exsenador y exintegrante del Partido Liberal, quien dejó su curul en el Congreso y su militancia en esa colectividad para sumarse a De La Espriella.
Fue el único legislador que en ese momento abandonó las comodidades de la investidura para aventurarse en la campaña de quien para entonces no punteaba en las encuestas. Acompañó a De La Espriella en su despacho alterno, en Barranquilla, y a él le entregó el Ministerio del Comercio con la misión de ajustar la balanza comercial.
En esas caminatas por Colombia también afianzó su relación con Nicolás Gómez Arenas, hijo del senador y líder de Salvación Nacional, Enrique Gómez Martínez. Gómez Arenas viene del linaje político de Laureano Gómez; sin embargo, se echó al hombro la coordinación en los territorios de la campaña, recorrió el país con megáfono en mano y ahora es el jefe de gabinete de la Presidencia.
Hay otro Gómez Martínez en el abelardismo. Se trata del ministro de Hacienda, el economista Miguel, un catedrático que no figuró durante las elecciones, pero que tuvo la tarea de analizar el estado de las finanzas del país durante el empalme que el Gobierno entrante efectuó a punta de derechos de petición y análisis de información, según dijo el mismo equipo, desde febrero de 2026.
Él es el ministro de Hacienda y quien deberá resolver el acertijo de cómo gestionar las cuentas de un Estado desfinanciado.
En la fotografía de “los nunca”, prometida por el jefe de Estado, quedan retratados algunos que volvieron al servicio público. La ministra de Educación, Viviane Morales, fue fiscal y embajadora en Francia hasta que dio un paso al costado de los cargos gubernamentales.
No obstante, su cercanía con la fe cristiana, a través de Iglesias como Casa Sobre la Roca, le permitió ser un punto de conexión de De La Espriella con los votantes cristianos que se alinearon con él.
Una de las carteras clave durante esta administración será la de Salud, encabezada por la abogada Ana María Vesga. En años recientes, ella no había formado parte del sector público, pero sí fue una figura de peso en el sector como líder gremial y en meses recientes encabezó el empalme del ramo.
De hecho, a De La Espriella le critican la designación de una persona cercana a las EPS y es probable que tengan que nombrar ministros ad hoc para algunos asuntos.
El ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, tiene un perfil semejante al de Vesga: es reconocido en el sector y fue consejero de De La Espriella.
Asimismo, la ministra de Minas, María Nohemí Arboleda, es una conocedora del mercado energético tras su paso por XM, la compañía que coordina el sistema interconectado nacional.
Dentro del gabinete hay figuras ligadas a partidos tradicionales, como la ministra de Transporte, Elsa Noguera. Pertenece a la casa Char, de Cambio Radical, y fue una de las voces que acercó la colectividad a De La Espriella; también fue gobernadora del Atlántico, donde desarrolló gran parte de su carrera política, y ministra de Vivienda, lo que la convierte en uno de los rostros más conocidos en los pasillos políticos del Caribe.
Un retrato semejante ocurre con la ministra de Cultura, Paola Holguín, quien renunció al Centro Democrático en junio después de acompañar al expresidente Álvaro Uribe durante casi dos décadas como congresista de su partido y en cargos dentro de su administración. Holguín manifestó su adhesión a De La Espriella para la segunda vuelta.
El ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, también ocupó cargos públicos como alcalde y concejal, y contra él hay señalamientos por presunta corrupción.
Creemos, el movimiento creado por el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, aterrizó en el proyecto del abogado desde sus inicios, apartándose incluso del que había sido su aliado político, el Centro Democrático. Quien fue la cabeza de lista al Senado de esa agrupación política, Juliana Gutiérrez, hermana del mandatario local, es ahora la ministra del Deporte. En el Gobierno entraron figuras de viejos sectores y otras de aquellos que apenas hacen carrera pública.
El ministro de Ambiente, Fabio Arjona, llegó desde las organizaciones no gubernamentales dedicadas a este asunto. mientras que el canciller, Omar Bula, ocupa su primer asiento en lo público tras hacer carrera en Naciones Unidas.
A su vez, el ministro de Defensa, general (r) Jorge Eduardo Mora, entra a la administración pública tras su paso por las Fuerzas Armadas. Gustavo Petro ya había roto la tradición de tener civiles a cargo de esa cartera con el exministro Pedro Sánchez.
Otro técnico es el ministro de Justicia, Iván Cancino.
Andrés Barreto, abogado cercano al nuevo presidente, será el secretario jurídico de la Presidencia. Es abogado de la Universidad del Rosario y conoce muy bien el funcionamiento del Estado.
Son pocas las personas que le hablan al oído al nuevo presidente y todo indica que las tradicionales reuniones en las que se dirimen los asuntos más cruciales del país ya no se definirán en la casa de Hatogrande, sino en Barranquilla. Un círculo cerrado que promete ser mucho más estable que el que rodeó a Petro en sus días de presidente, pero que por su reducida experiencia en el Poder Ejecutivo tendrá que asumir retos críticos para demostrar su gobernabilidad.