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| 10/26/2019 1:45:00 AM

'Editar en Colombia en el siglo XX', la reseña de la semana

La edición en Colombia, contada a partir del caso emblemático de Daniel Samper Ortega y su reconocida Selección de Literatura.

Daniel Samper Ortega: La historia de un escritor que terminó convertido en editor Miguel Ángel Pineda Cupa es comunicador social con énfasis editorial de la Universidad Javeriana. Abajo, su objeto de estudio, Daniel Samper Ortega y su familia.
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‘Editar en Colombia en el siglo XX‘

Miguel Ángel Pineda

Universidad de los Andes / U. Jorge Tadeo Lozano. 2019

*

En 1927, Daniel Samper Ortega, escritor y empresario bogotano, llegó a España con la intención de buscar información para escribir una novela histórica, atender una invitación de la Universidad de Salamanca y “vivir de las letras, si era posible”. No fue posible esto último, aunque en Sevilla aprendió el proceso de preservación y rastreo de archivos antiguos y le quedó resonando en la mente una petición reiterada al final de sus conferencias: ¿dónde conseguir información acerca de personajes y acontecimientos colombianos? Nunca pudo satisfacerlos “porque en Colombia, país de letrados, carecemos de libros”.

Una inquietud –no la única, según explica Miguel Ángel Pineda– que lo llevaría a su regreso al país a realizar la Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana, colección literaria de cien volúmenes de autores nacionales publicada entre 1928 y 1937. “Esa pregunta por lo propio, en el sentido de cuáles son y dónde están nuestras colecciones editoriales, las extensas compilaciones a la manera de una Biblioteca de Autores Españoles (ideada por Manuel Rivadeneyra, referente constante de Samper Ortega) o los libros de la Editorial Aguilar, afianzó las preocupaciones de un compilador que regresó pronto a buscar en sus propios inventarios y en los públicos una respuesta concreta”.

Esta es la historia de cómo un escritor que pretendía vivir de sus libros terminó convertido en un editor –en el sentido moderno, porque él se creía más un compilador– y en un caso emblemático de la historia de la edición y del libro en Colombia

Influyó también en su proyecto el hecho de ser heredero de una extensa biblioteca, la de su tío abuelo José María Samper, casado con una de las escritoras más reconocidas en el siglo XIX, Soledad Acosta de Samper. Y su actividad como profesor del Gimnasio Moderno y director de la Biblioteca Nacional. Sus planes curriculares de clases, basados en el archivo inédito de José María Vergara y Vergara sobre historia de la literatura colombiana le hicieron entender la ventaja pedagógica de tener una selección de escritos para comentar o sugerir su lectura a los alumnos. A su vez, la conformación de un pénsum se complementaba con la labor bibliográfica –seleccionar y clasificar– propia de la Biblioteca Nacional.

Sin olvidar, desde luego, el espíritu de los tiempos, Samper Ortega hizo su Selección en plena República Liberal: “Dicha política cultural liberal concibió desde su ascenso el ajuste de concepciones, discursos, contenidos y prácticas que intentaron abarcar distintos sectores poblacionales (entre ellos las rurales, en vocablo de la época, aldeanas o campesinas), y ello significaba a su vez pensar en formas de difusión del pensamiento y de los valores socioculturales que el campo histórico-intelectual dominante venía configurando desde el siglo XIX”.

La Selección Samper Ortega tuvo una amplia difusión: tres ediciones y cuatro mil colecciones que se comercializaron y el Ministerio de Educación las llevó a escuelas y bibliotecas públicas de diferentes regiones del país. Produjo acaloradas discusiones en la prensa nacional por sus ausencias –como toda selección– y, no podían faltar, reclamos de censura “porque en esos libros se contienen doctrinas erróneas y tendenciosas y hay que saber, Sr. Inspector, que el espíritu de este pueblo es profundamente religioso; en todo caso, creo que sus libros no cuentan con la aprobación eclesiástica” (Eugenio Salas, director de Educación de Neiva en 1937).

Esta es la historia de cómo un escritor que pretendía vivir de sus libros terminó convertido en un editor –en el sentido moderno, porque él se creía más un compilador– y en un caso emblemático de la historia de la edición y del libro en Colombia, que es lo que le interesa finalmente al minucioso investigador Miguel Ángel Pineda. Además, es un ejemplo muy interesante de construcción de una tradición cultural, de un canon nacional. Con aciertos, al descartar como criterio de escogencia la filiación partidista de los autores, en un país profundamente dividido, como el de ahora. Con intuiciones visionarias y novedosas para su época, como fue la exploración de lo que se hacía en provincia y la inclusión de la mujer escritora y narradora colombiana.

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