Música

“Los maestros lo son todo”: el virtuoso Maxim Vengerov regresó al Cartagena Festival de Música, y esto nos dijo

SEMANA habló con el violinista y conductor ruso, que, en una nueva visita al país, entregó lo que mejor sabe, el sonido de su mítico Stradivarius y opiniones sobre el arte, la vida y el lazo con su patria natal.

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Revista Arcadia
16 de enero de 2026, 11:00 p. m.
La paternidad le mostró a Maxim cómo el amor se amplifica, casi infinitamente, y por eso para él nunca ha sido sacrificio, sí su prioridad, ver crecer a sus pequeños.
La paternidad le mostró a Maxim cómo el amor se amplifica, casi infinitamente, y por eso para él nunca ha sido sacrificio, sí su prioridad, ver crecer a sus pequeños. Foto: Tico Angulo-Festival de música

Semana: Celebró 40 años de carrera musical, ¿cómo ha evolucionado su estilo en ese lapso?

Maxim Vengerov: No ha cambiado mi amor por la música, y mi amor por tocar para la gente permanece intacto. Lo que sí ha cambiado es la experiencia de vida, la experiencia sobre el escenario, el aprendizaje de nuevo repertorio. Porque las habilidades que adquieres y la información que asimilas y estudias se suman a tu ADN. Así que, en este tiempo, he añadido muchos colores a mi vida. Hoy soy más consciente de lo que hago. Cuando tenía 5 o 10 años, todo operaba a un nivel mucho más instintivo: estaban el talento y la técnica. Hoy intervienen muchas más cosas.

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Semana: Mstislav Rostropóvich, cellista, y Daniel Barenboim, pianista, fueron dos grandes mentores. ¿Qué le significó aprender de grandes maestros que tocan otros instrumentos?

M.V.: Los maestros lo son todo. Sin maestros, cualquiera puede crecer, incluso de forma hermosa, pero como una flor silvestre. Mi campo particular en la música requiere una gran disciplina y un profundo conocimiento de las tradiciones, entre otras cosas. Y todo eso lo heredé de grandes maestros como Rostropóvich, Barenboim y otros directores con los que estudié… además de mis profesores de violín. Fui muy bendecido con mis maestros.

Semana: Su carrera lo lleva a distintos escenarios, a tocar junto con las mejores orquestas y directores del mundo. ¿Cómo logra una armonía musical con ellos?

M.V.: Cada vez que uno sube a un escenario diferente y toca con músicos y orquestas distintas, ya sea un ensamble pequeño o grande, hay que preguntarse: ¿qué podemos hacer juntos? Podemos venir de culturas opuestas, con distintos antecedentes, filosofías o entendimientos musicales y expectativas, pero, por el bien de la música, tenemos que unirnos. En ese punto, se trata de compromiso, en el mejor sentido de la palabra, porque al comprometerse, uno aprende del otro y el otro aprende de ti. Eso solo sucede si todos están dispuestos a escuchar y a aprender. Es un intercambio hermoso.

Maxim Vengerov en el Cartagena Festival de Música 2026. Foto: Tico Angulo.
"Shostakóvich es un compositor único. Es nuestro vínculo con el pasado, y no solo lo menciono desde lo político (porque vivió la era de Stalin y la turbulencia del siglo XX soviético)", dice Maxim Vengerov en el Cartagena Festival de Música 2026. Foto: @TicoAngulo
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Semana: Las giras lo enfrentan a públicos distintos, ¿cambia su interpretación según el público?

M.V.: Claro que cambia, porque recibo la retroalimentación del público. A veces la gente es más formal; otras veces se siente distinto porque hay más jóvenes. Siempre espero que haya muchos jóvenes en el concierto; siempre es emocionante porque te ofrecen una vibración distinta.

Semana: Otro aspecto de su carrera es la dirección. ¿Cómo encaja esa faceta dentro de su trabajo como violinista y padre de familia?

M.V.: Hoy, predominantemente, trabajo como violinista porque, después de la pandemia, tomé la decisión temporal de dejar la dirección a un lado. Nació mi tercer hijo, un niño, y decidí pasar más tiempo con él. Si en casa, en lugar de estar con mi hijo de 4 años, me pongo a estudiar partituras, lamentaría el resto de mi vida no haberlo visto crecer. En la música y en la vida siempre hay sacrificios, pero acá ni siquiera se trataba de un sacrificio, era una cuestión de prioridades.

Semana: Es notable que conjugue ser un músico tan importante y un padre tan presente...

M.V.: Cuando nació mi primera hija, sentí que mi capacidad de amar se había expandido enormemente. Pensé que ese era el límite. Pero, con el segundo hijo, ¡volvió a ampliarse! Y ahora, con el tercero, aún más, ¡y empiezo a entender por qué genios como Bach tuvieron tantos hijos! (ríe). Y creo que todo esto impacta en mi música; todo lo que uno vive se refleja, y así puedo dar más al público. No soy simplemente un artista solitario. Hay maneras distintas de asumir todo esto, y esta es la mía.

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Semana: En el Cartagena Festival de Música se presentó junto a la pianista Evgenia Startseva. ¿Cómo describiría su relación musical?

M.V.: Conozco a Evgenia desde que trabajábamos en Alemania. Ella era la pianista de mi clase cuando yo enseñaba en Saarbrücken, hace ya 25 años. Nos conocemos, nos tenemos respeto y cariño mutuo como colegas y amigos. Es una pianista brillante y me alegra traerla para hacer música juntos. Empezamos cuando yo era su profesor y luego la invité a tocar conmigo. A lo largo de mi carrera, hemos dado numerosos conciertos juntos.

Semana: También interpretó en ese evento obras de Shostakóvich y Tchaikovsky, fundamentales de la tradición rusa. ¿Qué le significan a usted?

M.V.: Shostakóvich es un compositor único. Es nuestro vínculo con el pasado, y no solo lo menciono desde lo político (porque vivió la era de Stalin y la turbulencia del siglo XX soviético), sino también porque conecta con sus predecesores y maestros (como Mahler). Shostakóvich nos devuelve a las raíces sinfónicas de la música. Y claro, también fue un gran compositor de ópera, pero, ante todo, fue un sinfonista. Hoy, en medio de nuestra crisis geopolítica, su música vuelve a ser contemporánea: dice la verdad. Y es increíble que su música suene como si hubiera sido escrita ayer. Por eso nos sigue dando fuerza. Él siguió la filosofía de Beethoven, de crear música que fuera de la oscuridad a la luz. Hasta su música más oscura tiene mucha luz.

En el Cartagena Festival de Música 2026 se presentó junto a la pianista Evgenia Startseva.
En el Cartagena Festival de Música 2026 se presentó junto a la pianista Evgenia Startseva. Foto: Tico Angulo-Festival de música
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Semana: Exploró también tradiciones folclóricas y algo de música de Europa del Este. Cuéntenos sobre este repertorio y cómo conectar lo clásico con lo popular.

M.V.: Brahms nació en Hamburgo y trabajó en Viena, y es un verdadero representante de la tradición germano-austriaca. Pero incorporó muchos elementos del folclor gitano, que estaban muy presentes en Viena y Hungría (se tocaba en restaurantes y otros lugares). Brahms visitaba con frecuencia Budapest y escuchó a muchos violinistas gitanos; uno de sus amigos era Joseph Joachim, el célebre violinista húngaro, quien lo acercó a esta tradición. Y todo eso influyó en su música. Interpretamos su Tercera sonata, seguida de cuatro Danzas húngaras, además de obras virtuosas de Wieniawski y Sarasate.

Semana: En Colombia ha tocado en Bogotá y Cartagena. ¿Qué recuerda especialmente de esas presentaciones?

M.V.: Siempre me impresiona el público: receptivo, cálido y atento. En este viaje fui a una universidad a ensayar, y un grupo de jóvenes músicos clásicos tocó para mí. Pero luego me les uní tocando Piazzolla en lo que fue un encuentro maravilloso.

Semana: Su relación con la música comenzó en la antigua Unión Soviética. Su padre era oboísta y su madre pianista. ¿Qué le significa Siberia?

M.V.: Fue importante nacer en la Unión Soviética y heredar lo mejor de los viejos maestros. A los 13 años, el destino me llevó a Occidente, pero nunca rompí mis vínculos con Rusia. Hoy, por la situación política, no puedo ir, lo cual es triste, pero la audiencia siempre es fantástica. Rusia siempre está en mí.

Maxim Vengerov en el Cartagena Festival de Música 2026. Foto: Tico Angulo.
Sobre el instrumento que toca, el Stradivarius de Kreutzer, Vengerov dice: "Tiene brillo, pero también profundidad, y eso es lo que más valoro. Además, desde su construcción, es un instrumento hermoso". Foto: @TicoAngulo
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Semana: Toca el Stradivarius de Kreutzer, un violín excepcional. ¿Qué significa ser portador de ese instrumento y de su tradición?

M.V.: Kreutzer fue un violinista legendario al que se le consideraba “el Paganini francés”. Fue un gran virtuoso, y si bien no muchos lo saben, también fue compositor y director de una compañía de ópera en París (escribió muchas). Algo muy importante de su legado fue que, junto con sus amigos, fundó la escuela franco-belga de violín, basada en el bel canto, una técnica y una forma especial de tocar que seguimos usando hoy, una escuela moderna.

Semana: ¿Qué caracteriza a este instrumento desde el sonido?

M.V.: Tiene brillo, pero también profundidad, y eso es lo que más valoro. Posee una riqueza de colores extraordinaria y, además, desde su construcción, es un instrumento hermoso.

Semana: Ha interpretado otros géneros más allá de la música clásica, como jazz y rock. ¿Alguna obra latinoamericana o global le llama la atención?

M.V.: ¡Tengo muchos intereses! He experimentado con jazz, rock e incluso con claqué tango en el escenario. En mi vida he intentado muchas cosas, así que, quién sabe, tal vez algún día vuelva a eso y haga música latina. Creo que está en mi sangre.



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