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| 9/5/1983 12:00:00 AM

¡QUE BIEN FILMABA USTED!

Con su irreverencia juvenil y su extraordinario talento, el fantasma de Buñuel seguirá rondando las salas de cine

¡QUE BIEN FILMABA USTED! ¡QUE BIEN FILMABA USTED!
El año pasado Luis Buñuel, casi que adivinando que su muerte se aproximaba, publicó un libro titulado "Mi último suspiro". Era su autobiografía y su testamento. Allí escribía: "Hace tiempo que el pensamiento de la muerte me es familiar. Desde los esqueletos por las calles de Calanda en las procesiones de Semana Santa, la muerte forma parte de mi vida. Nunca he querido ignorarla negarla. Pero no hay gran cosa que decir de la muerte cuando se es ateo como yo". Murió el pasado 29 de julio a causa de un paro cardíaco. Había cumplido 83 años.
Desde hacía algún tiempo, Buñuel llevaba una libreta, que había titulado "El libro de los muertos", donde iba anotando los nombres de sus amigos desaparecidos, especialmente los del grupo surrealista, quienes estaban marcados con una cruz roja. Con ella aparecen, entre otros, Man Ray, Calder, Max Ernst y Prévert. Fueron ellos los que en una lejana noche de 1929 en París aprobaron sin reservas su primera película: "Un perro Andaluz". Su entrada al grupo surrealista fue algo sencillo y natural. Se reunían diariamente a charlar en "Cyrano" o en la casa de André Breton. Buñuel recordaría: "La mayoría de aquellos revolucionarios --al igual que los señoritos que yo frecuentaba en Madrid-- eran de buena familia. Burgueses que se rebelaban contra la burguesía. Este era mi caso. A ello se sumaba en mí cierto instinto negativo destructor que siempre he sentido con más fuerza que toda tendencia creadora. Por ejemplo, siempre me ha parecido más atractiva la idea de incendiar un museo que la de abrir un centro cultural o fundar un hospital". Este tipo de afirmación, que al igual que muchas otras escandalizaron a las buenas conciencias del siglo XX, no causan extrañeza en boca de Buñuel, quien durante toda su vida fue el más genuino, ortodoxo y duradero representante del surrealismo en el arte cinematográfico.
Este movimiento, que se caracterizó por su rechazo en bloque de los valores convencionales, que exaltaba la pasión, la mixtificación, el insulto y la risa malévola es evaluado finalmente por Buñuel en los siguientes términos: "A menudo me preguntan qué ha sido del surrealismo. No sé que respuesta dar. A veces digo que el surrealismo triunfó en lo accesorio y fracasó en lo esencial. André Breton, Eluard y Aragón figuran entre los mejores escritores franceses del siglo XX, y están en buen lugar en todas las bibliotecas. Marx Ernst, Magritte y Dalí se encuentran entre los pintores más caros y reconocidos y están en buen lugar en todos los museos. Reconocimiento artístico y éxito cultural que eran precisamente las cosas que menos nos importaban a la mayoría. Al movimiento surrealista le tenía sin cuidado entrar gloriosamente en los anales de la literatura y la pintura. Lo que deseaba más que nada, deseo imperioso e irrealizable, era transformar el mundo y cambiar la vida. En este punto --el esencial-- basta echar un vistazo alrededor par percatarnos de nuestro fracaso".
"Desde luego, no podía ser de otro modo. Hoy medimos el infimo lugar que ocupa el surrealismo en el mundo en relación con las fuerzas incalculables y en constante renovación de la realidad histórica. Devorados por unos sueños tan grandes como la tierra, no eramos nada más que un grupito de intelectuales insolentes que peroraban en un café y publicaban una revista. Un puñado de idealistas que se dividían en cuanto había que tomar parte, directa y violentamente, en la acción".
Ese espíritu inconforme, un poco díscolo, siempre estuvo presente en sus películas. Inconformismo que ha tenido grandes representantes en la cultura ibérica, como lo son Goya, Quevedo, Pérez Galdós, Durruti, por solo nombrar algunos de los que mantuvieron una decidida perseverancia en el cuestionamiento de todo lo que les parecía nefasto. Buñuel, al igual que ellos, nunca tragó entero. De ahí que cuando el delegado general de la Metro-Goldwyn-Mayer le propusiera trabajar en Hollywood para que aprendiera lo que según él era la más importante técnica cinematográfica del mundo, Buñuel, que adoraba las películas norteamericanas, viajó y cuestionó la forma como se producían. Allí inventó un curioso aparato que le permitía adivinar el argumento de cualquier película norteamericana con sólo saber el tipo de personajes y el ambiente en el que se desenvolvían. Su paso por Hollywood fue breve. Regresó a París para reunirse nuevamente con sus amigos surrealistas.
Muy a pesar suyo, Buñuel, al igual que los demás miembros del grupo surrealista, también alcanzó la fama y copias de sus películas han sido adquiridas por las principales cinematecas del mundo. De todas maneras, su trayectoria cinematográfica es un caso ejemplar de conciencia insobornable en el laberinto corruptor de la industria de sueños. Si bien el mismo Buñuel admitió haber aceptado rodar en México películas comerciales para poder sobrevivir, algunas realizadas en apenas dos semanas en los estudios "Churubusco", en ninguna de ellas infringió su código moral. Según sus propias palabras: "He hecho malas películas, pero siempre moralmente dignas. No he rodado nunca una sola escena que fuese contraria a mis convicciones, a mi moral personal".
Nacionalizado mexicano desde 1949, había llegado allí al igual que muchos españoles exiliados después de terminada la Guerra Civil. En México alcanzó a dirigir veinte de sus treinta y dos películas. También en México, al igual que en Francia cuando estrenó su película "La Edad de Oro", la proyección de "Los Olvidados" suscitó un gran escándalo. Esta película era una denuncia cruel y desgarradora de la situación social mexicana. Muchos pidieron inmediatamente su expulsión del país, gritándole que acababa de cometer una infamia contra México.
Años más tarde, cuando regresó a España, el escándalo se repetiría con su película "Viridiana" premiada en Cannes. Fue prohibida en España por el Ministro de Información, y el asunto causó tanto ruido que, según Buñuel "Franco pidió ver la película. Creo incluso que la vio dos veces y que, según lo que me contaron los coproductores españoles, no encontró en ella nada muy censurable ( a decir verdad, después de todo lo que había visto, la película debía de parecerle bien inocente). Pero rehusó revocar la decisión de su ministro, y Viridiana permaneció prohibida en España".
Después vendría su último y más conocido período con las películas "Bella de día", "Tristana", "La Vía Lactea", "El discreto encanto de la Burguesía" y "Ese oscuro objeto del deseo" entre otras. Después de filmar esa última película en 1977, Buñuel se recluyó en su casa en la capital mexicana y, casi ciego y virtualmente sordo, comenzo a dictar sus memorias al cumplir 82 años de edad. Ellas se cierran con un último deseo sabiendo que se aproximaba el momento de su muerte: "Una cosa lamento: no saber lo que va a pasar. Abandonar el mundo en pleno movimiento, como en medio de un folletín. Yo creo que esta curiosidad por lo que suceda después de la muerte no existía antaño, o existía menos, en un mundo que no cambiaba apenas. Una confesión: pese a mi odio a la información, me gustaría poder levantarme de entre los muertos cada diez años, llegarme hasta un quiosco y comprar varios periódicos. No pediría nada más. Con mis periódicos bajo el brazo, pálido, rozando las paredes, regresaría al cementerio y leería los desastres del mundo antes de volverme a dormir, satisfecho, en el refugio tranquilizador de la tumba.
Rafael Parra Grondona El escándalo de "La edad de Oro"
"Se ve que Dalí estaba encantado de lo sucedido. Se diría que la escuela surrealista es un colegio más que una escuela. Desde luego no es una secta, ni una facción. El surrealismo se dice a si mismo "al servicio de la revolución". Y lo está teóricamente.
Como un cristal de una mano extraña que lo quiebra de un puñetazo. El surrealismo quiere desmoralizar, destruir. Pero el surrealismo es por hoy un caza incautos. Una morfina más, un estupetaciente más que los zorrós y las zorras de siempre dan a los niños sanos de la burguesía para envenenarlos y para encanallarlos. El superrealismo es una disolución de clase burguesa, y los conejos de Indias esos superrealistas manejados pór el bolchevique, el judio o el fascista, por el camelot por el faccioso.
--Dime, dime, gran Dalí, ¿qué ha pasado? --digo yo, sabiéndolo ya todo--. ¿Podrías explicarnos con algo más de detalle el escándalo que la prensa ha descrito rápidamente a propósito de vuestro film?
--Se trata de una violenta agresión de los camelots du Roi, perfectamente organizada. Sesenta camelots, a un momento dado, interrumpieron la proyección de L'Age d'Or con un formídable escándalo de silbidos y gritos echaron tinta sobre el écran al mismó tiempo que bombas de gases nauseabundos. Los espectadores que trataron de reaccionar fueron violentamente agredidos. La Exposición de pintura surrealista, instalada en el vestibulo del cine, fue casi absolutamente destruida (triturada). La Exposición de libros, documentos, revistas surrealistas, instalada en el bar, fue igualmente hecha añicos. Naturalmente, fueron rotos todos los cristales fotografías de los surrealistas, etc. La policía impotente, mandó por refuerzos. Gran número de disparos al aire. Finalmente, treinta detenciones, diez mil francos de destrozos. Después de la intervención policíaca, se repararon las manchas de tinta del écran con papel pegado, y L'Age d'Or continuó hasta el fin en una atmósfera de sobreexcitación de las más reconfortantes. Los cuadros destruidos eran de Marx Ernst, Tanguy, Arp, Miró, Man Fay y mios. (Naturalmente, todos estaban asegurados)."
LA GACETA LITERARIA, 1930

EDICIÓN 1879

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