Miles de aviones DC-3 fueron reciclados en el Tercer mundo después de la Segunda Guerra Mundial, y Colombia no fue la excepción. En la amazonia estos aviones se convirtieron en un medio vital de conexión. En San Felipe, uno de Los lugares más remotos de la selva, la gente vive a la espera de la llegada incierta del DC-3. Para muchas comunidades invisibilizadas, esta aeronave sigue siendo una única alternativa, y corre peligro de extinción. Algo dice esto de Colombia.



El rugido del avión se escucha kilómetros de distancia. Minutos después, su fuselaje aparece entre las nubes de la selva. Los habitantes de San Felipe acuden a presenciar su aterrizaje. Se desata un frenesí de movimiento alrededor del avión, hasta que vuelve a perderse en la distancia. Por décadas, esta escena se ha repetido incontables veces en zonas remotas de la Amazonia a las que solo se puede llegar en aviones DC-3 de la Segunda Guerra Mundial.
El DC-3 es una metáfora aérea, que a la vez ofrece una excusa para exponer temas muy aterrizados como el olvido Estatal. El largometraje documental de Simón Uribe, una coproducción Colombia-Francia de Viceversa Cine, distribuida por Briosa Films, llega mañana a salas de cine selectas en Colombia.



En su nota de dirección, Uribe expone las motivaciones detrás de este nuevo documental partiendo de preguntas: “¿Qué significa sobrevivir en un sistema abrumador que aplasta sistemáticamente a los pequeños? ¿Qué significa enfrentarse a ese sistema desde la condición de una mujer, una persona que envejece o ciudadano ordinario? ¿Cómo se manifiesta su violencia a través de la invisibilidad, la insignificancia y la amenaza persistente de la obsolescencia? ¿Cómo se resiste esa violencia?”.
Y añade: “Llevo más de diez años investigando la Amazonía colombiana. En ese tiempo aprendí que las formas más brutales de violencia no se anuncian: se manifiestan a través de la invisibilidad, la insignificancia y la amenaza persistente de la obsolescencia. El DC-3 condensa todo eso. Una máquina reciclada de la Segunda Guerra Mundial que el Estado colombiano considera un vestigio del pasado y que al tiempo es el único futuro posible para decenas de comunidades que nadie más recuerda. En Tierra propone que el centro observe al mundo desde la periferia”.



Reciclado de la Segunda Guerra Mundial, el DC-3 conectó durante décadas decenas de pueblos amazónicos con el resto de Colombia. De más de 25 aviones que operaban hace algunos años, hoy solo quedan dos en funcionamiento, cubriendo un área del tamaño de California. El aeropuerto La Vanguardia de Villavicencio alberga la mayor flota activa de DC-3 del mundo.
Para comunidades como San Felipe, La Pedrera o Taraira, este avión no es una reliquia: es una infraestructura vital. Cuando no llega, no hay pan, no hay medicinas, no hay regreso. La ausencia de políticas públicas de transporte aéreo sostenible empuja la apertura de carreteras ilegales en la Amazonía, hoy una de las principales causas directas de deforestación en la región. todo conecta, menos la gente que más lo necesita. Algo dice esto de Colombia.
