Cultura

“Las historias que contamos son también una forma de preservar lo que perdemos”: Natalia Fuentes

En entrevista con SEMANA, la escritora y cineasta contó cómo fue participar en el documental Tiempo y Agua.

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16 de febrero de 2026, 12:01 p. m.
Natalia Fuentes, Sara Dosa y Freyja Kristinsdóttir posan en la premiere de Tiempo y Agua en el festival de Sundance, 2026.
Natalia Fuentes, Sara Dosa y Freyja Kristinsdóttir posan en la premiere de Tiempo y Agua en el festival de Sundance, 2026. Foto: Cortesía Natalia Fuentes

Para la cineasta y escritora colombiana Natalia Fuentes, participar en el equipo creativo del documental Tiempo y Agua no fue simplemente un paso más en su trayectoria; “es un inmenso honor y me cambió la vida”, asegura.

“Poder trabajar con ellos, unirme a ese equipo y ser recibida con tanto amor y apoyo desde el principio fue algo transformador”, afirma. Destaca, sobre todo, lo que pudo aportar en el proceso creativo. “Muchas veces en esta industria uno encuentra equipos muy segmentados por roles, pero aquí la apuesta fue generar cine de la forma más colaborativa posible”. Esa dinámica, explica, le permitió moverse entre distintas funciones, aunque la escritura siempre fue su eje central. “El rol de contribuyente de escritura fue desde el principio lo que más me emocionaba para el proyecto y sigue siendo la forma en la que mejor me radico”.

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Sin embargo, asegura que fue un desafío, porque era su primer acercamiento a la escritura documental. “Era mi primera vez narrando para un documental, y eso ya implica una forma completamente diferente de acercarse a la escritura”, explica. A diferencia de la ficción, en este caso la narrativa se construía en simultáneo con el montaje. “No es escribir un guion, grabarlo y después editarlo. Aquí todo está pasando al mismo tiempo”.

Además, la naturaleza híbrida de la película le sumó un nuevo reto a su carrera. “Es una película de archivo y de collage, donde conviven animación, video original y material antiguo. La escritura de la narración fue lo más complicado para todos nosotros, porque estábamos todo el tiempo entre cuánto decimos y cuánto no decimos”. De hecho, reconoce que gran parte del trabajo consistió en eliminar “mucha de la escritura fue decidir qué no meter, qué no escribir, y ese fue uno de los retos más grandes hasta el final”.

Desde el inicio, el equipo creativo se propuso evitar los lugares comunes del cine ambiental. “Era una prioridad que esta no fuera una película típica de crisis medioambiental”, señala. La intención, dice, era construir una relación distinta con el espectador. “No queríamos que alguien saliera asustado o con menos ganas de hablar del tema. “Nuestro acercamiento fue siempre desde un ámbito personal, desde la familia y la memoria humana del narrador”.

Natalia Fuentes, escritora y cineasta colombiana.
Natalia Fuentes, escritora y cineasta colombiana. Foto: Cortesía

Esa decisión encerraba una propuesta conceptual más amplia. “Queríamos demostrar que nuestras propias historias humanas están inherentemente relacionadas con el planeta, que quien vea la película pueda entender que los glaciares también son nuestra familia”. Más que un giro retórico, Fuentes lo describe como una búsqueda filosófica. “Es un gran reto y una gran propuesta filosófica, pero desde lo narrativo fue muy divertido estructurar la película con esas ideas en mente”.

El proceso creativo junto a la directora, Sara Dosa y el equipo de SignPost Pictures fue, según recuerda, un ejercicio constante de intercambio. “Sara y todo el equipo son seres excepcionales, personas con mucho corazón y profundamente apasionadas por su arte. “Ellos podían escribir primero la narración y construir alrededor, o al revés: montar algo y después escribir encima, era entregar y volver, entregar y volver. Dábamos notas, proponíamos nuevas líneas, quitábamos cosas, reorganizábamos”, asegura.

Natalia Fuentes, escritora y cineasta colombiana.
Natalia Fuentes, escritora y cineasta colombiana. Foto: Cortesía

En ese laboratorio creativo, la mitología ocupó un lugar inesperadamente central. “Con Sara hicimos mucho ‘match’ porque a ambas nos encanta el mito y el folclor”, cuenta. La investigación se convirtió en parte esencial de su labor. “Me encontré estudiando mitología nórdica, monstruos marinos, relatos islandeses. Incluso digo en broma que me volví experta en ballenas crueles”. Más allá de la anécdota, Fuentes subraya el valor simbólico de esas referencias. “El mito permite conectar lo humano con lo natural, lo íntimo con lo universal”.

Desde su experiencia como colombiana radicada en Estados Unidos, la cineasta observa con optimismo la presencia latinoamericana en el cine internacional. “He visto a muchos colombianos haciendo cine desde un ámbito global, alimentando tanto a Colombia como a la industria internacional. Muchas de las grandes películas colombianas son coproducciones, y eso nos ofrece la oportunidad de vernos como seres internacionales y universales”.

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“Muchos cineastas colombianos estamos tratando de traer toda nuestra colombianidad al mundo entero y seguir rompiendo fronteras, mostrar que hay una nación que es el planeta Tierra”, añade la artista.

Sin embargo, el ambito personal, es, para ella, su mayor inspiración. “Todos los artistas sabemos que nuestra vida es nuestro arte”, afirma. Su vínculo con la escritura y el cine nació en la infancia, alentado por su entorno familiar. “Mis padres, ambos médicos, nos enseñaron sobre cine, teatro y música desde muy pequeños”. Las visitas a las salas marcaron su sensibilidad. “Creo que de ahí empecé a ver el mundo en imágenes cinematográficas y a escribir mis propias historias”.

Y por esta razón, el documental, que atraviesa por temas de memoria, luto y pérdida, impactó profundamente en su vida. “Esta película tiene muchísimas temáticas de duelo, algo que inevitablemente nos toca a todos”, reflexiona. En su caso, la muerte de su madre en 2019, hizo parte de ese proceso creativo. “Siempre traigo mi duelo a lo que escribo. Creo que, en cierto nivel, siempre estoy escribiendo para mi mamá y por mi mamá”.

“El duelo mueve mucho mi arte, mi escritura está llena de duelo. Es algo que me inspira todos los días a seguir creando, llega un punto en que todos entendemos que las historias que contamos son también una forma de preservar lo que perdemos”, concluye.



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