Por otra parte, las economías de libre mercado, en sus múltiples variedades, han demostrado ser más eficaces que otras alternativas a la hora de impulsar el crecimiento económico. En países como China e India, por ejemplo, más de 1.200 millones de personas han salido de la pobreza extrema desde que estos países empezaron a orientar sus políticas económicas hacia el libre mercado.
No obstante, es frecuente percibir cierta animadversión y desconfianza por todo lo que huela a capitalismo y tenga relación con el papel del mercado. Para la muestra, solo hay que ver la creciente polarización política que se observa hoy en distintos países y la sensación generalizada de descontento que generan muchos temas económicos. Al mismo tiempo, una reciente encuesta sobre confianza en diferentes instancias de la sociedad muestra que la mayoría de las personas esperan que las empresas y los líderes empresariales empiecen a desempeñar un papel activo en temas como el cuidado del medio ambiente y la diversidad.

En medio de esa aparente contradicción: entre la desconfianza y la expectativas, ha llegado la hora de que las empresas y sus líderes demuestren que su misión va más allá de atender los intereses de los accionistas y que realmente están comprometidos con las necesidades de sus clientes, sus proveedores, sus colaboradores y las comunidades en las cuales se desarrollan. Esto es lo que se conoce como “capitalismo de las partes interesadas” o stakeholder capitalism, y es el momento de empezar a ponerlo en práctica.
Este nuevo enfoque no solo les permitirá a las empresas mostrar su compromiso con la sociedad en general, sino que cada vez hay más evidencia de que las compañías que adoptan una visión a largo plazo y tienen normas firmes en temas ambientales, sociales y de gobernanza, suelen tener un mejor desempeño y superan a sus contrapartes en términos de crecimiento, costos, intervenciones legales y regulatorias, productividad, inversión y utilización de activos.
Pero, ¿qué puede hacer una empresa para adoptar el capitalismo de las partes interesadas? Hay dos premisas fundamentales: en primer lugar, la certeza de que atender las necesidades de todas las partes interesadas —llámense clientes, proveedores, colaboradores o comunidad— es un deber ético que también puede ser fuente de ventajas competitivas. En segundo lugar, que para poder atender las necesidades de todas las partes interesadas, las empresas deben ser rentables.
Con base en esas dos premisas y múltiples investigaciones y encuestas realizadas por McKinsey a líderes empresariales de todos los sectores, además de activistas, académicos y colaboradores, hemos definido cinco principios que les permitirán a las empresas implementar un verdadero capitalismo de las partes interesadas.
1. El asunto empieza por la junta directiva. Es claro que el compromiso con el capitalismo de las partes interesadas tiene que ser una decisión que venga de arriba. La junta directiva de una empresa es la que define la misión y el propósito de la misma y la responsable de fijar y monitorear la estrategia. Si una compañía quiere dar el giro hacia el capitalismo de las partes interesadas, puede adoptar dos enfoques distintos pero complementarios. Uno es renovar su junta directiva con miembros que reflejen una diversidad de experiencias, capacidades e intereses, y representen las preocupaciones y prioridades de todas las partes interesadas y no solo de los accionistas. Hay ejemplos muy exitosos de compañías que han invitado a líderes de organizaciones sin ánimo de lucro, funcionarios del gobierno local o grupos de consumidores a hacer parte de sus juntas directivas, con la idea de tener una visión más amplia y de más largo plazo sobre las necesidades de las distintas partes interesadas. El segundo enfoque es cambiar las directrices del gobierno corporativo con el fin de establecer claramente la prioridad de las partes interesadas. Y si bien esto último no es tarea fácil, una forma de empezar a acercarse a ese objetivo es establecer mecanismos mediante los cuales la junta directiva escuche las inquietudes de colaboradores, líderes comunitarios y expertos externos.

2. Definir y dar seguimiento a metas medioambientales específicas. Para demostrar su compromiso con el capitalismo de las partes interesadas, las empresas necesitan establecer metas concretas, alcanzables y medibles, y un campo especialmente propicio para hacerlo es el medio ambiente. Muchas empresas que han hecho de la sostenibilidad ambiental una de sus prioridades han encontrado que esto también favorece los resultados, al reducir, por ejemplo, los costos de la energía o los costos de los embalajes.
3. Trabajar en sociedad con los proveedores Más allá de lo que las empresas hagan internamente, otra forma de empezar a implementar el capitalismo de las partes interesadas es trabajar con los proveedores y subcontratistas para mejorar sus prácticas y capacidades, en términos del impacto que tienen sobre los consumidores o el medio ambiente, por ejemplo.
4. Atender las necesidades a largo plazo de los consumidores. Casi cualquier producto puede llegar a ser perjudicial si se usa mal, por lo tanto, reconocer la forma en que los bienes y productos afectan a los consumidores y tomar medidas para reducir las consecuencias negativas que pueden llegar a producir también es parte del capitalismo de las partes interesadas.
5. Tratas a los empleados con respeto e invertir en su futuro. Las compañías que quieren virar hacia el capitalismo de las partes interesadas se preocupan por sus colaboradores y no solo los tratan con respeto y dignidad, sino que invierten en su futuro, lo cual puede, a su vez, redundar en beneficio para las empresas, pues no solo aumenta la lealtad y la productividad de los colaboradores, sino que las convierte en lugares más atractivos para trabajar.
Una empresa es mucho más que el balance final. Y aunque dar el giro hacia el capitalismo de las partes interesadas inicialmente atraiga críticas y desaprobación en algunas instancias, vale la pena hacer el esfuerzo de encontrar el equilibrio entre las distintas prioridades, para que las empresas puedan desarrollar plenamente su papel en la sociedad.
Está tendencia está cada vez más presente en Colombia. Prueba de esto es la creación del NAB del país en 2019 y los diferentes esfuerzos que se vienen viendo desde el sector privado para tener empresas que están cada vez más comprometidas con el desarrollo social del país. Algunas cifras muestran cómo el país avanza en esta dirección. Actualmente se han identificado cerca de 100 organizaciones participantes en el ecosistema de inversión de impacto en el país. Ya existen en Colombia una serie de compañías que se han convertido en compañías tipo B.
Más recientemente, con la llegada de la pandemia y sus efectos hemos visto como los empresarios, coordinados desde la Andi, han desarrollado iniciativas para el bienestar de las partes interesadas. Prueba de esto son la reciente campaña de vacunación de los privados y el liderazgo que el sector productivo tomó frente a las necesidades tributarias del país.
Por:
Juan Mario Franco
Adaptado de: The Case of Stakeholder Capitalism de Vivian Hunt, Bruce Simpson y Yuito Yamada
