SEMANA: Recientemente publicaron el Mapa de Riesgos 2026. ¿Cuáles son las principales amenazas globales que ven para este año?
Oliver Wack: Identificamos cinco riesgos clave. El principal es que ya no existen “líneas rojas” claras en la política mundial: las reglas tradicionales que guiaban el comportamiento de los países se han diluido y ahora impera un mundo transaccional y volátil, donde todo puede suceder. Esto se ha visto en eventos recientes como la crisis en Venezuela y las tensiones por Groenlandia.
El segundo riesgo es el de las sociedades activadas, que protestan con mayor fuerza e impactan directamente a las empresas y a la estabilidad política.
El tercero es la expansión y sofisticación del crimen organizado, que aprovecha las tensiones geopolíticas y las nuevas tecnologías para ampliar su alcance.
El cuarto riesgo se relaciona con la inteligencia artificial y la competencia alrededor de ella. No solo entre compañías, sino entre países como Estados Unidos y China.
Y el último riesgo radica en que la volatilidad ya no es temporal, sino permanente.
En Colombia, por ejemplo, hay mucha gente que cree que el 7 de agosto el país volverá a la normalidad, que ya todo va a ser bonito, que se va a cambiar el switch, y eso no es así; ya el mundo no vuelve a la normalidad, porque lo que se quedó fue la volatilidad.

Elecciones en Colombia, hay más en juego
SEMANA: En ese contexto, ¿la incertidumbre electoral que vive hoy Colombia es la de siempre o es más grave?
O.W.: Creo que en estas elecciones hay más en juego que nunca, aunque no comparto la idea de que el 7 de agosto el país “se hunde o se salva”, pues muchos quieren demonizar todo acto del actual Gobierno y a sus amigos, comenzando por Iván Cepeda, pero yo no creo tanto en esta lógica de blanco o negro.
Sin preferencias electorales –no soy colombiano y no voto–, considero que este Gobierno tuvo avances puntuales para la población más vulnerable, mejorando su calidad de vida.
Sin embargo, en áreas clave el balance es negativo: no hubo progreso en infraestructura ni en el sector extractivo; aunque el desempleo luce bien, no se ha creado suficiente trabajo formal y la emergencia económica lo pone en riesgo. También hay retrocesos en seguridad, cooperación regional y lucha contra el crimen.
El país necesita prepararse para desafíos como la automatización, la inteligencia artificial y la transformación del mercado laboral. Por todo lo anterior, hay más en jaque que nunca.

SEMANA: ¿Qué tanto tiempo le va a tomar al nuevo Gobierno recuperar lo que se dañó en este?
O.W.: El pobre desempeño del Gobierno actual hace necesario que el próximo se enfoque seriamente en recuperar al país, no necesariamente siendo opuesto ideológicamente, sino responsable y eficaz.
Hay mucho por reconstruir: el sistema de salud está dañado y se necesita recuperar la confianza de inversionistas para avanzar en infraestructura y empleo formal. Además, Colombia enfrenta rezagos estructurales históricos como la desigualdad entre el campo y las ciudades, la falta de oportunidades en educación y empleo juvenil. Es bastante trabajo para cuatro años.
SEMANA: Si gana la derecha, muchos temen un nuevo estallido social. ¿Comparte esa preocupación?
O.W.: Es un riesgo absolutamente real, pero no diría que es un motivo para seguir votando por la izquierda, ni para elegir a un presidente. Por supuesto que, en la medida en que el péndulo se vaya al otro extremo, más severa va a ser la reacción en las calles de algunos sectores en particular. Nos estamos preparando para ese escenario y diciendo a los clientes que, en ese caso, sí estaríamos muy probablemente ante un deterioro, al menos en el corto plazo, en las condiciones de seguridad por un descontento social.
Las crisis, ¿quién tiene la culpa?
SEMANA: Aunque cambie la ideología, ¿hay riesgo de que la gente culpe al nuevo presidente por problemas heredados, como un apagón o una crisis de salud que no se resuelva rápido?
O.W.: Sí, claro. Todo eso se deriva de la situación fiscal del país. Hay que ser justos: esta no la creó el actual Gobierno, viene desde la pandemia en la era Duque.
Pero mientras en otros países de la región hubo mejoras, en Colombia no, y eso sí se le puede cobrar a la administración Petro, que deja una situación fiscal delicada.
Sumado al deterioro de la confianza inversionista, el panorama es crítico: si no hay plata y nadie quiere invertir, el margen de acción se reduce al mínimo.

El próximo Gobierno heredará unas finanzas muy apretadas, poco capital político, un Congreso fragmentado y poco tiempo para hacer mucho con pocos recursos. Eso puede detonar descontento social desde el mismo resultado electoral, más aún si las expectativas de la gente no se cumplen.
Y si, por falta de dinero, se hacen ajustes en impuestos o en la gasolina, el malestar crecerá. Además, decisiones como fracking, mayor explotación petrolera o aspersión aérea podrían reactivar protestas, como ya ocurrió en el pasado.
Desde adentro y desde afuera
SEMANA: En Colombia solemos ser apocalípticos y ver todo terrible, mientras que afuera los inversionistas no ven al país tan mal. ¿Comparte esa impresión?
O.W.: En Colombia, sobre todo en un ambiente tan polarizado –que de nuevo no fue generado por el presidente Petro, pero seguramente tampoco hizo nada para atenuarlo–, es común irse a los extremos y ver todo en blanco o negro: o el país “se acabó” o “se salvó”.
Desde afuera, en cambio, suelen verlo con más matices y entienden que, incluso si el próximo presidente fuera alguien como Iván Cepeda, eso no implica que Colombia se vuelva Venezuela.
Las condiciones que permitieron regímenes como los de Venezuela y los de otros países de la región no están dadas aquí, por lo que esa probabilidad es casi nula. Aun así, es comprensible que esos miedos –aunque a veces irracionales– sean más fuertes dentro del país, porque es la gente de acá la que más tendría que perder.

En general, los inversionistas ven oportunidades incluso con gobiernos de distintos colores políticos. Lo que sí es veneno para la inversión extranjera es la incertidumbre y la inestabilidad. Y en eso hay que ser honestos y cobrárselo a este Gobierno: generó imprevisibilidad, porque parece que muchas de sus medidas giran en torno al antojo del presidente, dependiendo de cómo se levanta un día en particular.
Deberían haber trazado una línea clara, predecible de su proyecto y de la forma como querían transformar al país, para que los inversionistas la pudieran evaluar.
Incluso con un Gobierno más radical ideológicamente, como sería el de Iván Cepeda, podría haber más estabilidad y menos volatilidad, pues no gobernaría a través de redes sociales. En cambio, con el Gobierno actual ha sido difícil porque la gente no sabe a qué atenerse.
Donde hay alto riesgo hay alto retorno
SEMANA: ¿Qué les recomienda a los inversionistas que quisieran traer dinero al país?
O.W.: Es difícil hacer un comentario generalizado, porque depende del sector y del inversionista, pero una cosa clara es que donde hay alto riesgo, hay alto retorno. Es decir, hoy, por la volatilidad, existen grandes posibilidades de hacer muy buenos negocios.
Mucha gente está quieta y el que hoy tiene el aliento financiero, la liquidez y el apetito de riesgo suficiente puede hacer excelentes negocios en Colombia.
Obviamente, cuando ya entre un nuevo Gobierno, el 8 de agosto, pues ya todo el mundo va a estar queriendo hacer negocios en el país y se perdería esa ventaja.
No obstante, en general, les decimos a todos los inversionistas que Colombia es extremadamente atractiva. Aquí el potencial es gigantesco; es uno de los países más desarrollados en la región, con muchísimo potencial en casi todos los sectores económicos, pero se requiere mapear los riesgos, saber en qué se están metiendo para que después no se sorprendan.

Ojo a este riesgo
SEMANA: ¿Cuál es el riesgo más subestimado hoy en Colombia y que muchos aún no ven como una amenaza real?
O.W.: La volatilidad. Sabemos que un discurso distante y extremo conviene en la primera vuelta, pero me gustaría mirar cuál va a ser el discurso de los candidatos en la segunda vuelta.
Uno esperaría que haya algo de moderación, al menos en algunas partes del discurso. Yo creo que al país no le conviene más volatilidad.
Llevamos cuatro años volátiles con Gustavo Petro, y si a eso se suma la pandemia, realmente son seis años volátiles. Y lo que conviene es la estabilidad. No dejarse llevar por el discurso polarizante, ni por el querer ir de un extremo al otro, sino pensar con sensatez y un poco de criterio.
Eso es lo que le conviene a un país que necesita estabilizar el barco para enfocarse como sociedad en las dificultades que hoy enfrenta y las que vendrán en el futuro con los riesgos del mundo moderno, los cuales requieren calidad y no un cambio radical en la postura del país cada cuatro años.
Si el país se la pasa de extrema derecha a extrema izquierda, se desestabiliza el barco y no permite a los políticos, a la sociedad civil ni a los empresarios enfocarse en cómo mejorar las condiciones de vida de la mayoría de los colombianos. Ese sería el riesgo más subestimado.










