Corficolombiana se ha considerado el brazo del Grupo Aval en el sector real, con negocios en infraestructura —al ser uno de los principales concesionarios de vías en el país—, energía, como el mayor accionista de Promigas; hoteles, por ser propietario de la cadena Estelar, además de los cultivos de palma y caucho, entre otros, con los que cuenta. Pero aún tenía un pie en el negocio financiero, con la fiduciaria y Casa de Bolsa. En una decisión estratégica, pasaron a Grupo Aval y fue el primer paso de una nueva hoja de ruta para la firma, en momentos retadores.
“Han sido cuatro años difíciles. Y, volviendo a ese concepto de no tener todos los huevos en una misma canasta, creemos que uno no puede depender de un solo sector ni de un solo país. Lo que vimos los últimos años nos recordó que la diversificación tiene sus bondades”, señala Milena López, presidenta de Corficolombiana.

El entorno que ha vivido Colombia fue difícil. En infraestructura, no hubo nuevos proyectos en el cuatrienio. Además, hubo momentos en los que el Gobierno y el presidente Gustavo Petro dijeron que no iban a pagar las vigencias futuras. “Con ese nivel de incertidumbre regulatoria, se buscan geografías en las cuales el clima de inversión sea mejor que el que vimos en los últimos cuatro años. La confianza inversionista pasa por el tema regulatorio, que no solo lo vimos en la discusión de las vigencias futuras, sino también en el sector de energía y gas, con la intervención de las tarifas de la CREG”, agrega López.
Así, Corficolombiana inició, en paralelo, su proceso de internacionalización en dos de sus pilares: energía y gas e infraestructura.
En el sector de energía ya se hizo una operación: la compra de Celestra que cerró Promigas. Se trata de una plataforma de energías renovables, principalmente solar y baterías a gran escala, con presencia en Colombia, Perú y, principalmente, en Chile. “Esto nos permite comenzar a diversificar desde varios ángulos: entrar en generación a gran escala dentro de nuestro mundo energético que principalmente había sido gas; nos permite ampliar la base geográfica ya con proyectos energéticos a escala relevante en Perú y en Chile, y también nos permite diversificar desde un punto de vista de monedas”, dice López.
En el frente de infraestructura, Corficolombiana aún no ha consolidado una operación; está revisando proyectos en Centroamérica y también estructurando iniciativas en Colombia.

¿Y Venezuela? “Hemos comenzado a mirar allá. Creo que todavía es un poco temprano para llegar a una decisión, pero claramente hay un potencial enorme, un país con unas necesidades gigantescas en infraestructura, en todo lo que se requiere para la reactivación del sector petrolero; tienen todo ese gas natural que a nosotros tanta falta nos hace. Desde esas aristas estamos comenzando a analizarlo. Hay todavía una institucionalidad pendiente por definirse en el país que hace que no estemos listos para tomar una decisión ahora, pero definitivamente es un destino que revisamos, como lo hacemos con todos los potenciales nuevos mercados”.
Hacia el futuro y lo que deberían representar las operaciones internacionales en su portafolio, López considera que, en el mundo de Promigas, “deberíamos apuntarle a tener más de un 30 por ciento de la actividad de la compañía por fuera y ese es parte del plan de negocio con Celestra”.
En infraestructura, resalta que principalmente será en Centroamérica y estima que sería un 20 por ciento, “con proyectos que no son fáciles de encontrar y cuya estructuración se demora, pero es algo a lo que nos parece importante llegar”.
Cambios estructurales
La otra gran apuesta tiene que ver con cambios estructurales. “La población colombiana se está envejeciendo. Y además los patrones de consumo de la gente joven son muy distintos: no quieren comprar casa, no tienen carro, andan en transporte público y en plataformas y gastan en experiencias”, señala López.
Y las experiencias, explica, van muy ligadas a la apuesta que tiene Corficolombiana en entretenimiento, uno de los sectores de la economía que más crece.
En esa línea, Corficolombiana adquirió una participación mayoritaria en Sencia, empresa encargada de la transformación de El Campín, en Bogotá. El proyecto contempla la construcción de un nuevo estadio, la sede de la Orquesta Filarmónica, oficinas y una zona de entretenimiento, dentro de un complejo de 17 hectáreas.

“Corficolombiana tiene conocimiento importante en el manejo de concesiones, en la construcción de grandes obras. Y el complejo de El Campín conjuga una cantidad de capacidades que tenemos en diferentes áreas de la organización”, dice. Además, mantiene la mecánica financiera de una concesión a 30 años, que es lo que gestiona la empresa.
Sin embargo, si bien el proyecto está dentro del espectro de las concesiones, tiene particularidades. Hoy, sus concesiones de carreteras dependen de pagos del Estado, de las vigencias futuras. “Este es un proyecto que no depende de ingresos del Gobierno, depende de nuestra gestión comercial”, explica López, quien ve un gran potencial en entretenimiento. “Existen oportunidades en otras ciudades, tanto en Colombia como fuera del país, para hacer iniciativas similares”.
De otro lado, ante la coyuntura, una de las mayores preocupaciones en el país hoy es la llegada del fenómeno de El Niño, que podría revivir los fantasmas de un apagón.
“En los últimos cuatro años el país debió registrar un crecimiento del parque de generación de casi cinco veces el tamaño del que en realidad se dio; tenemos un rezago de inversión”, señala López.
Para ella, además, muchos de quienes quisieron continuar con las inversiones no pudieron hacerlo por las dificultades con las comunidades y los trámites ambientales. “Hay trámites en las corporaciones autónomas regionales que tienen más de 800 días sin solucionarse. Cuando la tramitología se vuelve tan onerosa, los proyectos se desbaratan, no se ejecutan”.

Destaca que SPEC, la planta regasificadora de Promigas en el Caribe colombiano, ha venido aumentando su capacidad. De 400 millones de pies cúbicos día pasó a 475 millones, y hay una ampliación programada a 533 millones para 2027. “Aspiramos a poner esa capacidad incremental antes de finalizar este año”, resalta López.
Sin embargo, advierte su preocupación por los proyectos de regasificación que se han anunciado, pues no hay claridad de cuáles van a hacerse, ni cuándo llegarán.
Advierte que, pese al riesgo de un racionamiento de energía, no se observan campañas de ahorro ni la puesta en marcha de medidas orientadas a evitarlo o, al menos, a reducir su probabilidad. “Nos hemos demorado en hacer lo necesario para prepararnos. El país tiene que anticiparse a lo que viene”, afirma López.
Y agrega: “Creo que como país entramos en una falsa discusión entre todo lo que es transición energética y el tema ambiental, y se nos olvidó la confiabilidad. Las energías limpias son importantes, pero eso no quiere decir que tengan que ser lo único. Son parte de un paquete con otros componentes energéticos relevantes, como el gas natural. El respaldo, que es la firmeza, viene en este país del gas natural y las plantas térmicas, a las cuales, desafortunadamente, no les hemos ayudado en los últimos años”.

Para López, a mediano plazo, la palanca más importante para la sostenibilidad fiscal es el crecimiento, pero hay que pasar de una economía que crece a base de consumo a una que lo haga soportada en la inversión “para que sea sostenible”.
Y, finalmente, destaca la necesidad de recuperar la seguridad, al señalar que algunas encuestas muestran que, para casi la tercera parte de las empresas, la seguridad se está volviendo un tema crucial, cuando antes no lo era. “La seguridad es clave para recuperar la confianza”.
