Dago García lleva más de tres décadas siendo uno de los narradores más influyentes de la industria audiovisual colombiana. Guionista, productor, director, ejecutivo, profesor universitario, su nombre está asociado a títulos que forman parte de la memoria colectiva del país, desde Pedro el escamoso hasta El paseo, pasando por producciones más recientes como La primera vez.
En 2026, cuando la industria atraviesa una transformación acelerada por las plataformas de streaming y las nuevas formas de consumo, García publicó, junto a Penguin Random House, Creatividad y escritura, un libro que busca contar aquello que normalmente permanece fuera de la pantalla: los procesos, las dudas, los errores, las apuestas y las historias detrás de las historias.

Lejos de construir una autobiografía convencional, el libro funciona como una colección de crónicas sobre algunos de sus proyectos más emblemáticos. Es también una reflexión sobre la creación, la disciplina y los caminos que recorren quienes se dedican a contar relatos para el público. “El libro es una mezcla de muchas cosas: anecdotario, detrás de cámaras, reflexión. Cada producto tiene su propia historia, su propia crónica. Son historias sobre historias. No es una biografía profesional; nos preocupamos mucho por que la lectura sea fácil, fluida y agradable”, afirma en entrevista con SEMANA.
El hombre detrás de las historias

No es casual que el libro comience con un capítulo completo a Pedro el escamoso. Para García, la producción protagonizada por Miguel Varoni representa mucho más que un éxito de audiencia. Fue una apuesta arriesgada en los primeros años de los canales privados y una demostración de que la intuición creativa puede imponerse incluso a los estudios de mercado.

Recuerda que los grupos focales no favorecieron el proyecto. Algunos sugerían relegarlo a horarios menos competitivos. Sin embargo, la decisión de ir a contracorriente y apostarle al horario estelar terminó convirtiéndolo en uno de los fenómenos televisivos más importantes de la televisión colombiana.
El libro también permite entender cómo ha evolucionado el oficio de escribir para televisión. García pertenece a una generación formada en la telenovela, un género que considera una escuela particularmente exigente. “Yo sí creo que cuando te formas en un género tan complejo como la telenovela, estás preparado para cualquier cosa. Un escritor de telenovelas puede hacer cine, series o contenidos web porque ya hizo el trabajo más difícil”.

Esa formación explica, en parte, la naturalidad con la que ha transitado hacia el universo del streaming. Mientras muchos creían que las plataformas digitales transformarían radicalmente la narrativa, García sostiene que los cambios más profundos han ocurrido en los formatos de producción y distribución, no necesariamente en la esencia de las historias. “El haber sido escritor, luego productor y después ejecutivo me ha permitido adaptarme a las nuevas formas de consumo. Hemos hecho cosas para televisión, plataformas y web. Todo eso nace de mi vocación principal, que es la de contador de historias”, señala.
Su trabajo en proyectos como La primera vez para Netflix confirma esa adaptación. Para él, la materia prima sigue siendo la misma: un buen relato y personajes capaces de conectar emocionalmente con el público.
Sobre si la creatividad es un talento innato o una habilidad que puede desarrollarse, su respuesta no se va a los extremos. Reconoce la existencia de personas con un don natural, pero también reivindica el papel de la disciplina.
“Yo me inclino más a considerarme un hombre que escribe que un escritor. Necesito disciplina, constancia y trabajo. Siempre he admirado a quienes tienen el don natural, pero los que escribimos podemos desarrollar habilidades y lograr resultados muy similares”, asegura.

La Familia, el amor y la vida fuera de los reflectores
Aunque el público suele asociarlo exclusivamente con la televisión y el cine, una parte importante de la conversación gira alrededor de la familia. Dago García es padre de Juana, Nicolás y Sara. Cada uno ha construido un camino distinto y alejado de la sombra de su apellido.
Juana, egresada de Derecho de la Universidad del Rosario, decidió abandonar esa profesión para dedicarse a la organización de eventos en Estados Unidos. Nicolás encontró su espacio en la música como rapero bajo el nombre artístico de El Piel Roja. Sara, por su parte, desarrolla una carrera ligada al arte y al cine independiente mientras se prepara para convertirse en profesora.

El productor habla de ellos con evidente orgullo, pero también con la tranquilidad de quien observa cómo cada uno encontró su propio destino.
La faceta de abuelo ocupa igualmente un lugar central en su vida. Tiene cuatro nietas y reconoce que no es precisamente el típico abuelo juguetón. “Soy muy ansioso”, admite entre risas. Sin embargo, intenta compensarlo siendo un abuelo poco convencional, alguien que invita a cuestionar ciertas normas y a mirar el mundo desde otros ángulos.
Y como hablar de familia lleva inevitablemente al factor del amor, García habla con orgullo de su relación con ‘Mechas’, María Mercedes Sánchez. Pero como definir el amor va mucho más allá de la vida en pareja, también habla de sus amigos como una extensión de su familia y recuerda los años en que convivió con ellos en La Candelaria y luego en Palermo, compartiendo proyectos, trabajos y sueños.
“El afecto, el cariño y el amor siempre han estado presentes en mi vida. Y, de alguna manera, también me los he ganado escribiendo historias de amor. La mayoría de las cosas que he escrito son historias de amor o tienen el amor como un elemento central”.

Éxito, fracaso y el futuro audiovisual
A pesar de ser una de las personas que más ha influido en la televisión colombiana contemporánea, Dago rechaza la idea de verse a sí mismo como una celebridad. La crítica tampoco le resulta indiferente. Durante años decidió alejarse deliberadamente de comentarios y opiniones sobre su trabajo.
“No puedo decir que no me importa. Claro que me importa. Cuando la conversación alrededor de un producto es negativa, es muy duro. Uno se siente miserable, fracasado y responsable del trabajo de muchas personas”.
Esa sensibilidad explica su visión sobre el fracaso. Lejos de minimizarlo, prefiere atravesarlo por completo. “Lo vivo con todo el dolor. Creo que entre más se sufre, más rápido pasa”, sostiene.
Para García, tanto los grandes éxitos como los grandes fracasos suelen tener el mismo origen: la audacia. El riesgo de intentar algo diferente.
Con la misma franqueza aborda el futuro del audiovisual colombiano. “Hoy cualquiera puede hacer una película y distribuirla. El problema ya no es producir contenido. El problema es lograr visibilidad, capturar la atención y retenerla. Ese es el gran reto de las nuevas generaciones”.
Aun así, mantiene una visión optimista para quienes sueñan con dedicarse a este oficio: “Quien siente la necesidad de contar historias no puede escapar a ella”. Quizá por eso resulta revelador que, después de tantos años en el cine y la televisión, la gran frustración de Dago García siga siendo una muy distinta: nunca haber sido locutor deportivo. Una pasión que nació antes de estudiar Comunicación Social en el Externado y que encontró una salida simbólica narrando partidos y goles en producciones como La pena máxima, El país más feliz del mundo y Cómo perderlo todo.

Mientras tanto, Dago, el gran contador de historias, sigue acumulando proyectos. Este año prepara el estreno de la obra Amarte más no pude, las películas Gringo y La maestra, la llegada de María la caprichosa a la televisión y la adaptación de Cómo perderlo todo, basada en el libro de Ricardo Silva Romero.
