En un momento en que el teatro colombiano vuelve a convertirse en escenario de conversaciones urgentes sobre violencia, justicia y memoria, Álvaro Bayona llega este año con una nueva obra bajo el brazo y con la autoridad de una trayectoria que atraviesa varias generaciones de espectadores colombianos. Actor de teatro, televisión y cine, periodista de formación y observador permanente de la realidad colombiana, Bayona encuentra en Bahía y el ángel caído una oportunidad para retomar una discusión que considera indispensable: la capacidad de una sociedad para debatir sobre los conflictos que la atraviesan.
La coyuntura no podría ser más pertinente. Mientras crecen las denuncias de acoso y abuso sexual en distintos ámbitos del país, el actor participa en una puesta en escena que convierte al público en juez y lo obliga a preguntarse qué tipo de justicia está dispuesto a defender.


Una obra sobre justicia
Más que una obra sobre un caso particular, Bahía y el ángel caído propone una reflexión sobre las formas de responder a la violencia. La historia sigue a una joven cuyo sueño es convertirse en reina del Carnaval de Barranquilla y que, tras ser víctima de abuso, decide no asumir un papel de víctima, sino continuar luchando por sus aspiraciones.
La propuesta del Teatro Nacional se desarrolla entre la música, la fiesta y la alegría propias del carnaval, pero con un trasfondo profundamente doloroso. A partir de allí, la obra plantea una pregunta que recorre buena parte de la historia reciente del país: ¿cómo se juzga a quien ha causado daño? “Me parecía interesante que alguien se preguntara: ¿Por qué no planteamos públicamente qué haría usted si tuviera que decidir qué tipo de justicia aplicar? Plantear esa reflexión me parece importante. Creo que es necesaria. Y creo que si algo construye realmente un país dinámico y positivo es un país que discute y debate”, afirma Bayona en conversación con SEMANA.


La particularidad de la puesta en escena es que los espectadores deben elegir entre tres posibilidades: la justicia ordinaria, la justicia restaurativa o una forma de justicia por mano propia inspirada en la ley del talión. Dependiendo de la decisión colectiva, la obra adopta uno de tres finales posibles.
Para Bayona, el interés por el proyecto estuvo ligado precisamente a la posibilidad de abrir una conversación pública sobre asuntos que hoy ocupan buena parte de la agenda social. La discusión sobre justicia no es ajena a su propia historia. Formado como comunicador social en la Universidad Externado de Colombia, Bayona recuerda que creció en un país políticamente convulsionado y que sus primeros pasos en el teatro estuvieron marcados por escenarios donde el debate político ocupaba un lugar central. “Para mí discutir no es un problema. Discutir, dialogar y conversar es necesario. Llegar a acuerdos, llegar a puntos en los que nos podamos mover reconociendo las diferencias que tenemos”, sostiene.


Del periodismo a los escenarios
Aunque el público lo identifica principalmente como actor, Bayona llegó al arte dramático después de una formación universitaria en periodismo. Sin embargo, el teatro había aparecido mucho antes en su vida. Comenzó a actuar cuando tenía alrededor de 12 años, durante su paso por el colegio San Bartolomé La Merced. Allí encontró en el teatro una herramienta para representar problemas sociales y comprender la realidad que lo rodeaba.

Su experiencia periodística estuvo vinculada principalmente con el ámbito cultural. Escribió sobre teatro, colaboró con medios y realizó cubrimientos especializados durante su etapa en Pereira, donde trabajó junto a grupos teatrales y mantuvo contacto con el periódico La Tarde. “Yo nunca fui reportero de calle, y esa es una diferencia importante. Porque si uno no es reportero, termina siendo un opinador, y los buenos periodistas nunca dejan de ser reporteros. Yo hice investigación, hice cubrimiento cultural, pero mi experiencia siempre estuvo mediada por el teatro”, dice.

A lo largo de su carrera ha interpretado una enorme variedad de personajes. Sin embargo, hay uno que nunca ha perseguido: el del galán tradicional de las telenovelas. Con humor, reconoce que nunca le interesó demasiado ese tipo de papeles y que, en general, ha procurado concentrarse más en la calidad de las historias que en las etiquetas asociadas a ellas.
El valor de la representación
Si hay una palabra que atraviesa parte de la conversación con Bayona, es transformación. Considera que el sector audiovisual vive uno de los momentos de cambio más profundos de su historia.
La llegada de nuevas plataformas de streaming, los formatos de corta duración y la aparición de productos diseñados para el consumo en dispositivos móviles han modificado radicalmente las dinámicas de producción.
Pero ninguna transformación le genera tantas preguntas como el avance de la inteligencia artificial. “Ya sabemos que pueden recoger lo que yo hice hoy, reutilizarlo, reorganizarlo y hacer que el personaje siga existiendo sin mí. Las consecuencias económicas de eso son gravísimas. Y también las consecuencias laborales”, advierte.

La preocupación no es solamente tecnológica. También es económica. Bayona recuerda que las grandes telenovelas colombianas garantizaban periodos de trabajo que podían extenderse durante más de un año. Hoy, en cambio, predominan series cortas que suelen rodarse en apenas unas semanas. “Necesitas hacer dos, tres o cuatro proyectos al año para cubrir lo que antes te daba una sola producción. Y eso es muy difícil. Realmente es una situación muy compleja”, explica.

Las inquietudes sobre contratación, salarios y continuidad laboral se han vuelto cada vez más frecuentes dentro del gremio. “Si algún gremio ha vivido transformaciones profundas, ha sido el nuestro. Personalmente, me parece interesante estar viviendo todos estos cambios”.
En medio de ese panorama, identifica al teatro como uno de los espacios que mejor resisten las transformaciones tecnológicas. “Porque el teatro le genera al espectador una experiencia que solamente puede tener en la realidad. En cambio, el teatro ocurre ahí, delante del espectador. Esa experiencia sigue siendo única”.
La conversación inevitablemente conduce a uno de los personajes más recordados de su carrera: Pastor Gaitán, que interpretó en Pedro el escamoso. Más que una experiencia emocionalmente retadora, Bayona recuerda ese trabajo como una oportunidad para ejercer la representación desde el respeto. “Me parecía importante que fuera un hombre homosexual y que fuera tratado con dignidad. Y hubo personas de esas comunidades que se me acercaron y me dijeron: ‘Nos sentimos muy bien representados’. Eso me dio muchísimo gusto”.


A sus más de cuatro décadas de carrera, Bayona asegura que todavía tiene tareas pendientes. Entre ellas, una ocupa un lugar especial: producir proyectos audiovisuales. Es un nuevo territorio que quiere explorar después de años dedicados principalmente a la actuación.
Mientras tanto, continúa encontrando inspiración en las conversaciones que mantiene con su hijo, estudiante de Ciencia Política y Antropología, y en el intercambio constante con nuevas generaciones de artistas.
A quienes sueñan con convertirse en actores, les ofrece una recomendación que resume buena parte de su filosofía profesional. “Una persona que quiera actuar debe querer actuar. Y querer actuar significa hacer lo que hace un actor: trabajar en teatro, trabajar en televisión si se presenta la oportunidad, trabajar en cine. Pero, sobre todo, interpretar personajes. Es saber leer la realidad y saber leer a las personas”.
