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El mercado de 80 millones de personas que proyecta Juan Carlos Echeverry, presidente del Banco de Bogotá

Al líder bancario le inquietan la inflación, las tasas de interés y el deterioro fiscal, aunque confía en que la economía nacional corregirá su rumbo.

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17 de julio de 2026 a las 11:00 p. m.
Juan Carlos Echeverry. Presidente del Banco de Bogotá.
Juan Carlos Echeverry. Presidente del Banco de Bogotá. Foto: Juan Carlos Sierra-Revista Semana.

La posibilidad de una recuperación económica de Venezuela y la creciente competencia de las fintechs aparecen como dos de las mayores oportunidades para el sistema financiero colombiano en los próximos años. Así lo considera Juan Carlos Echeverry, presidente del Banco de Bogotá, quien plantea que la banca tradicional deberá ampliar su mirada, profundizar la inclusión crediticia y adaptarse a una generación de clientes que administra su dinero desde el teléfono celular y cambia de entidad con facilidad.

Para Echeverry, Colombia no debería analizar su futuro económico de manera aislada, sino como parte de un mercado potencial integrado con Venezuela. La suma de ambos países conformaría una economía de cerca de 80 millones de habitantes, con capacidad para convertirse en uno de los polos de desarrollo más relevantes al sur de México.

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Su visión parte de una premisa: la reconstrucción venezolana requerirá inversiones durante varias décadas y el sector financiero colombiano podría desempeñar un papel relevante en su financiación. Las empresas que decidan instalarse allá, ampliar sus operaciones o participar en proyectos productivos necesitarán crédito, servicios transaccionales y acompañamiento bancario.

“Si ellos necesitan invertir allá, nosotros podemos ser la fuente”, insiste Echeverry, quien considera que en Venezuela podrían ocurrir transformaciones económicas durante los próximos 20 o 30 años.

Espejo de la economía

El presidente del Banco de Bogotá sostiene que el sistema financiero funciona como un espejo de la economía real y justamente esa estrecha relación con la macroeconomía lo atrajo hacia esta entidad, que pertenece al Grupo Aval. “Si al país le va bien, a este sector le va bien, y viceversa. Es muy parecido a lo que ocurre con el petróleo, aunque con una capilaridad que llega a las familias y a la mayoría de las empresas”.

Tras ocupar altos cargos en el sector público y desempeñarse como analista económico, Echeverry señala, ahora al frente del Banco de Bogotá, que hay tres temas críticos que le preocupan de la economía nacional y que están relacionados: inflación y tasas de interés al alza y un sector público deteriorado. “Todos se originan en la misma historia: un Gobierno subiendo salarios y gastando en exceso, que provocó un alza de la inflación. Y ese choque fiscal y salarial llevó al Banco de la República a reaccionar. A uno como banquero no le gusta que suban las tasas de interés, porque el resultado es que empresas y familias quieren menos crédito. Además, los márgenes financieros se estrechan”.

El objetivo del banco no es únicamente impulsar proyectos que ya son sostenibles, sino acompañar empresas en transformarse para ser más competitivas, eficientes y más sostenibles.
11.000 empleados tiene el Banco de Bogotá, entidad que además tiene más de 100 años de operaciones. Foto: Banco de Bogotá - API

No obstante, para este directivo, la economía ha sido lo suficientemente fuerte a fin de enfrentar esas dificultades. Eso se debe a que en los últimos 15 años el país se ha transformado, con mayores exportaciones no tradicionales, turismo, remesas e inversión extranjera. “Un país de 52 millones de personas genera atractivo para muchas empresas. Colombia es una esquina muy buena para manejar hubs de América Latina o de países andinos. Este ya no es el país de hace 50 años ni de cuando estudié economía. En ese momento, cuando caía el principal producto de exportación (petróleo o café), entrábamos en crisis fiscal. Hoy, con un barril de petróleo que este año ha superado los 100 dólares y que ha vuelto a caer alrededor de los 70 dólares, no solo no ha habido crisis, sino que la tasa de cambio bajó. Colombia es un país sólido, pese al mal manejo de las finanzas públicas por parte del Gobierno”.

En consecuencia, el exministro dice que, tras una década sombría de 2015 a 2025, la próxima década va a ser muy buena para la economía nacional.

Eso sí, aclara que Colombia todavía no alcanza “ese nivel de zen budismo económico de los mexicanos y los peruanos”, quienes aprendieron a separar la parte política de la económica y no dejan que la primera afecte a la segunda. “Nosotros debemos aprender eso: que gane quien gane, uno tiene la responsabilidad de alimentar, vestir, transportar, darles finanzas y techo a 52 millones de personas, que sumadas con Venezuela llegan a 80 millones”, recalca.

Insiste en que Colombia no debe analizarse de manera aislada de Venezuela, sino como parte de una misma dinámica regional. Incluso retoma una idea que le planteó un amigo venezolano: crear un banco central común para ambos países, similar al modelo europeo. “La estabilidad de la moneda colombiana es algo que los venezolanos podrían aprovechar y que nos beneficiaría a todos. También habría que abrir plenamente las fronteras, como ocurre entre España y Francia: hoy están abiertas de facto, pero falta hacerlo de jure”.

Echeverry ve un panorama positivo para 2026 y 2027 y parte de su experiencia lidiando con crisis del pasado en las que participó como funcionario público. “Yo estuve en la crisis de hace 25 años, final del Gobierno Samper e inicio del de Pastrana, cuando hubo que hacer un ajuste fiscal similar al que se requiere ahora. En esa época se quebró el sistema Upac; hoy no tenemos ese problema. Las familias están muy bien, después de tener un mal rato en 2023 y 2024; están comprando motos o carros. Ojalá puedan reactivar la compra de casas, en especial de interés social y prioritario, y los bancos somos la contraparte de todas esas compras de largo plazo”. Añade que a la solidez de las familias se suma el hecho de que las empresas han estado subinvirtiendo y ahora van a corregir esa situación. El resultado es que entre los próximos dos a cuatro años intentarán alcanzar las inversiones que no hicieron en el cuatrienio pasado. Tendrán que empezar a ampliar planta, a contratar gente, a comprar bodegas. Además, las compañías colombianas en conjunto tienen la ventaja de no estar sobreexpuestas financieramente. “Yo soy muy optimista sobre lo que viene para Colombia”, subraya el exministro.

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Otros desafíos

La expansión regional y del crédito no son los únicos desafíos para la banca nacional. La competencia local es cada vez más intensa, en especial por el ingreso de las fintechs, billeteras digitales y neobancos.

Estas plataformas han conquistado especialmente a los jóvenes, un segmento que valora la facilidad de uso, la rapidez, los bajos costos y la posibilidad de realizar todas sus operaciones desde el celular. También han contribuido a vincular al sistema financiero a personas que anteriormente estaban por fuera de la banca tradicional.

Sin embargo, en lugar de considerar a las fintechs como rivales, las observa como posibles aliadas. Echeverry habla de una relación de simbiosis: las empresas tecnológicas aportan agilidad, innovación, capacidad para asumir riesgos y rapidez para corregir errores, mientras que los bancos ofrecen capital, experiencia, solidez y una gama más amplia de productos.

Las fintechs suelen concentrarse en servicios específicos, como pagos, ahorros, transferencias o tarjetas de crédito. Los bancos tradicionales, en cambio, pueden acompañar a una persona o una empresa a lo largo de diferentes etapas, con productos de vivienda, inversión, seguros, crédito empresarial y manejo de tesorería.

El reto consiste en lograr que los clientes que ingresan al sistema por medio de una billetera digital o un neobanco posteriormente encuentren atractiva la oferta de una entidad tradicional. En ese terreno, la competencia será por experiencia, facilidad y capacidad para responder rápidamente a las necesidades del usuario.

Hoy, el banco está consolidando una propuesta digital que eleva la experiencia del cliente, habilita nuevas capacidades para las empresas y refuerza la confianza en los canales digitales.
Los Neobancos han conquistado especialmente a los jóvenes, un segmento que valora la facilidad de uso, la rapidez, los bajos costos y la posibilidad de realizar todas sus operaciones desde el celular. Foto: Banco de Bogotá - API

Para el Banco de Bogotá, una institución con más de 150 años de historia, la meta es convertirse en un “banco de destino”: una entidad a la que los usuarios quieran llegar, aunque su primera experiencia financiera se haya producido en una fintech.

Las cuentas de Echeverry indican que el potencial de crecimiento no se limita a las personas naturales. También quiere acercarse a las pequeñas y medianas empresas, que históricamente han tenido mayores dificultades para acceder al crédito. Considera que muchas pymes permanecen por debajo del radar de las entidades financieras, pese a que pueden convertirse en una fuente de crecimiento regional y de generación de empleo.

El presidente del Banco de Bogotá explica que la apuesta del banco combina, por tanto, dos movimientos: mirar hacia un mercado regional más amplio y acelerar su transformación tecnológica.