Con el reciente ajuste al salario mínimo en Colombia, el tejido empresarial ―especialmente las pequeñas y medianas empresas― enfrenta el reto de absorber el incremento en los costos laborales sin trasladar la totalidad del impacto al consumidor final ni comprometer su margen de rentabilidad.

Ante una cartera financiera que apenas muestra señales de estabilización, el incremento del 23 % en el costo laboral y su carga prestacional asociada exigen que las compañías pasen de un estado de “supervivencia” a uno de planeación robusta.

Según ANIF, los sectores con alta informalidad, como la construcción, la agricultura, las artes, los servicios y el comercio al por menor (donde los costos laborales ya venían aumentando desde el ajuste de la jornada en 2023), son los más afectados por el incremento salarial. Al ser actividades intensivas en mano de obra y con márgenes de caja muy ajustados, su capacidad de reinversión se ve amenazada.
De acuerdo con Juan Fernando Bermúdez, experto en estrategia y transformación organizacional y CEO de la firma boutique BM Mentors, el aumento del salario mínimo debe considerarse un disparador para profesionalizar la operación. Sin embargo, la diferencia entre las grandes compañías y las pymes radica en la resiliencia de su caja, ya que, mientras las primeras acceden a economías de escala, las segundas suelen ver su liquidez comprometida de inmediato.
“El riesgo real es la pérdida de liquidez, lo que lleva a decisiones costosas. No obstante, el mayor error en 2026 será quedarse quietos esperando que el panorama se aclare solo”, señala.


Para evitar decisiones reactivas, como despidos masivos no planeados, el experto señala cuatro estrategias para distribuir el impacto del costo laboral de manera inteligente:
- Distribución del impacto: El incremento debe ser absorbido de forma tripartita: una parte desde el margen del empresario, otra mediante un ajuste leve al cliente basado en valor agregado y la última a través de eficiencias operativas internas.
- Mecanismos de compensación variable: La legislación colombiana permite que pagos como bonificaciones voluntarias o por resultados representen hasta el 40 % de la remuneración total sin constituir salario para efectos prestacionales. Esto permite que las empresas utilicen este tipo de figuras, alineando el éxito del negocio con el bolsillo del empleado, sin asfixiar las finanzas a largo plazo.
- Flexibilidad contractual legal: El uso de contratos por obra o labor resulta efectivo en este tipo de coyunturas, pues facilita la contratación para proyectos específicos, acota el alcance y permite pagar exactamente por el valor generado en un tiempo determinado, disminuyendo así los cargos prestacionales que debe asumir la empresa.
Además, inspirados en modelos de países como Canadá y Australia, los liderazgos empresariales más exitosos están adoptando la capacitación cruzada, permitiendo que los empleados roten funciones y reduzcan la dependencia de roles especializados que elevan los costos.
“Es vital identificar qué actividades agregan valor y cuáles son ruido operativo, para definir qué procesos pueden ser automatizados con tecnología e inteligencia artificial. Al reducir el margen de error humano y optimizar el tiempo del personal actual, las empresas pueden aumentar su productividad por empleado, logrando que el costo laboral sea más eficiente en relación con los ingresos generados. La claridad no llega esperando; se construye. Porque para el líder que busca el siguiente nivel, es mejor actuar en vez de esperar a que los cambios del mercado definan el futuro de la empresa”, agrega el experto.










