educación

¿Cómo es estudiar en casa cuando no hay computador o internet?

Julieth Bustamante acompaña a su hija Nicole a sus clases por medio de un celular. Las tareas le llegan por Whatsapp, pero la clase de excel le toca hacerla con regla y colores en un cuaderno.


“Sé que hay gente sufriendo mucho por el coronavirus, pero al menos por esto ya no gasto seis horas al día en Transmilenio para ir y regresar del trabajo; antes prácticamente ni veía a mi hija: llegaba de trabajar y ya estaba dormida”.

Lo dice Julieth Bustamante, quien en 2014 dejó Cimitarra, en Santander, para venirse a vivir a Bogotá, en procura de mejores oportunidades de trabajo para alguien como ella, que a los 7 años de edad perdió una pierna. “En mi pueblo me ofrecían 300 mil pesos al mes, así no vive una familia”.

Si bien Julieth ahora pasa más tiempo con su hija Nicole Andrea, estudiante de quinto en el colegio distrital Altamira, y la puede apoyar en algunas de las tareas del colegio, la posibilidad de continuar sus actividades laborales en casa le ha acarreado gastos adicionales. Como allí no tenía computador, en la Unidad de Víctimas -donde Julieth trabaja contestando llamadas y asesorando algunos procesos- le dieron la posibilidad de traer el que usa en la oficina, pero le exigieron contratar un servicio de internet. “Son 100 mil adicionales y ahora no recibimos auxilio de transporte”, dice.

Aunque su hija ha podido sacarle provecho a este nuevo servicio para enviar algunas tareas por el celular de Julieth, el nuevo gasto le ha traído problemas, ya que con sus ingresos se deben sostener no solo la niña y ella sino su pareja y su hermano, que trabajan en el sector de la construcción y no reciben plata desde hace más de mes y medio. Eso los tiene, al igual que a millones de familias en todo el país, en serios aprietos.

Nicole, acompañada de su mamá, de su tío, Jeison Bustamante y del compañero sentimental de Julieth, Wilmar Galeano. Entre todos la ayudan con las tareas. Foto: Esteban Vega - Semana

Por la cuarentena, cambió la cotidianidad de millones de familias, que ahora, como Julieth, deben cumplir un doble rol: el de trabajadores y de tutores. A las 7 a.m Julieth debe estar conectada en su trabajo. A  esa misma hora, a su Whatsapp comienzan a llegar las tareas de las cuatro materias que Nicole tiene al día. Los profesores piden que, antes de terminar el día, envíen las fotografías de escritos o dibujos que se pidieron de las actividades, o videos de exposiciones, dramatizaciones y lúdicas sobre diversos temas. Esas tareas requieren apoyo y no siempre Julieth puede dárselo inmediatamente por sus obligaciones con la oficina. 

Sin embargo, han encontrado la forma de arreglárselas y sacarle provecho al servicio que tienen. Otros hogares no tiene esa suerte y darle continuidad a la educación de los hijos por esta vía es algo imposible en ellos. Al igual que Nicole, en quinto de primaria hay 665.409 estudiantes matriculados y solo el 37% tiene acceso a internet o un computador en su casa, según cifras del laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana. Además, hay decenas de municipios donde ningún estudiante reportó tener computador o internet. La Pedrera, Puerto Santander y Puerto Arica (Amazonas), Pisba y Busbanzá (Boyacá), Cacahual, La Guadalupe, Morichal y Puerto Colombia (Guainía), Contadero (Nariño), Yavaraté (Vaupés), Sácama (Casanare), Río Iró (Chocó), Miraflores (Guaviare) y Norosí (Bolívar), son solo unos de ellos.

Claro está que tener internet no es el paraíso. Pese a que el hogar de Julieth lo tiene, siguen padeciendo algunas brechas tecnológicas. Por ejemplo, en la clase de informática de Nicole están aprendiendo Excel, pero en su casa no cuenta con este programa, razón por la cual debe aprender en una hoja de papel con regla y colores. 

Con hoja, papel y colores, Nicole aprende Excel en el colegio, ya que el computador de la oficina de su mamá solo puede ser usado durante el horario laboral. Foto: Esteban Vega - Semana.

El profesor y director de curso de Nicole, Mauricio Fonseca, reconoce que muchos de sus estudiantes no tienen forma de hacer algunos trabajos que se piden por vías tecnológicas, pero no por eso el maestro debe tomar el camino fácil y dejarlos de lado. En el caso de los estudiantes cuyas familias no tienen un celular inteligente, les deja las guías y tareas en una tienda del barrio, donde los padres deben recogerlas y dejarlas resueltas por sus hijos al día siguiente.

Para aquellos estudiantes cuyas familias tienen celular pero no conectividad, el docente les hace pequeñas recargas para que puedan enviar los videos y fotografías. “En estos momentos la clave es la flexibilidad, aunque los escenarios han cambiado y la calidad se afectará. Como docentes, debemos hacer lo posible para que los estudiantes puedan seguir con algunas actividades. Cuando volvamos a clases, si debemos reforzar todos los temas, los reforzaremos”, concluye el docente.