Opinión

Colombia discute su presente, pero ignora un debate que definirá su futuro: la educación superior

En medio de cambios demográficos, tecnológicos y sociales, Colombia debe asumir la educación superior como política de Estado. Lo que decidamos hoy marcará el futuro de varias generaciones.

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La educación superior es una de las decisiones estratégicas que definirá el futuro social, científico y económico de Colombia.
La educación superior es una de las decisiones estratégicas que definirá el futuro social, científico y económico de Colombia. Foto: Ascun/API

Colombia está discutiendo su futuro sin hablar realmente de él. Mientras el debate público gira alrededor de crisis coyunturales, disputas políticas o polémicas del día a día, hay una transformación silenciosa que marcará el rumbo del país en las próximas décadas: el envejecimiento de la población, la revolución tecnológica y la creciente competencia global basada en conocimiento.

En ese nuevo escenario, la educación superior deja de ser un tema sectorial y se convierte en una decisión estratégica de país.

Padre Harold Castilla Devoz, rector de la Corporación Universitaria Minuto de Dios.
Padre Harold Castilla Devoz, rector de la Corporación Universitaria Minuto de Dios. Foto: Uniminuto/API

Sin embargo, la discusión política sigue atrapada en el corto plazo. La educación superior funciona con otros tiempos. Las decisiones que hoy se tomen en financiación, calidad académica, investigación o innovación educativa no producirán resultados inmediatos.

Sus efectos se verán dentro de diez o quince años, cuando los jóvenes que hoy ingresan a las Instituciones de Educación Superior (IES) se conviertan en científicos, médicos, ingenieros, maestros o emprendedores. Pensar la política universitaria con lógica electoral es, en la práctica, una forma silenciosa de hipotecar el futuro.

Durante las últimas décadas, Colombia ha construido un sistema universitario que, pese a sus limitaciones, ha ampliado las oportunidades educativas, ha fortalecido la investigación y ha formado buena parte del talento humano que sostiene la economía y las instituciones públicas. Ese sistema tiene una característica fundamental: su naturaleza mixta.

Las instituciones públicas y privadas no son adversarias, sino piezas complementarias de un mismo ecosistema educativo. Gracias a esa combinación, cientos de miles de jóvenes han podido acceder a educación superior. Reducir esta realidad a una confrontación ideológica entre lo público y lo privado es un error que empobrece el debate nacional.

Los países que han logrado consolidar sistemas universitarios sólidos lo han hecho a partir de la diversidad institucional, la cooperación y reglas de juego estables.

Pero el sistema colombiano enfrenta desafíos estructurales que ya no admiten más aplazamientos. La sostenibilidad financiera de muchas instituciones, las brechas regionales en acceso y calidad, las dificultades de permanencia estudiantil y la débil articulación entre educación superior, ciencia y desarrollo productivo siguen siendo problemas abiertos. A esto se suma un fenómeno que transformará profundamente el sistema educativo: el cambio demográfico. Colombia tendrá cada vez menos jóvenes en edad universitaria y, al mismo tiempo, más adultos que necesitarán reconversión laboral en economías atravesadas por la tecnología. Las IES del futuro no solo formarán profesionales jóvenes. También deberán acompañar procesos de aprendizaje a lo largo de toda la vida.

La revolución digital hace aún más urgente esta discusión. La inteligencia artificial, la automatización y la economía del conocimiento exigirán talento humano altamente calificado y sistemas científicos más robustos. Los países que no inviertan de manera sostenida en educación superior, investigación e innovación quedarán inevitablemente rezagados. Pero las IES no son únicamente fábricas de profesionales ni centros de investigación. Son también uno de los pilares de la democracia. En sus aulas se forman ciudadanos críticos, se cultiva el pensamiento libre y se desarrollan capacidades que permiten sostener instituciones democráticas en sociedades complejas.

Debilitar el sistema universitario mediante incertidumbre financiera, cambios normativos permanentes o polarización ideológica no solo afecta a las instituciones educativas, sino que limita las posibilidades de desarrollo del país. Por eso, el próximo gobierno y el Congreso tienen ante sí una responsabilidad mayor: asumir la educación superior como una verdadera política de Estado. Esto implica reglas claras, esquemas de financiación sostenibles, fortalecimiento del aseguramiento de la calidad y una apuesta decidida por la ciencia, la tecnología y la innovación. También implica reconocer el papel que cumplen las IES en los territorios. En muchas regiones del país, las instituciones de educación superior IES son centros de pensamiento, innovación y articulación social. Allí donde el Estado llega con dificultades, las universidades suelen convertirse en motores de desarrollo local.

Propuestas de ASCUN para fortalecer la educación superior en Colombia hacia 2026-2030.
Propuestas de ASCUN para fortalecer la educación superior en Colombia hacia 2026-2030. Foto: Uninimuto/API

Colombia necesita elevar el nivel del debate. No se trata de quién gana una disputa política coyuntural, sino de definir qué sistema universitario necesita el país para enfrentar los desafíos del siglo XXI. En una sociedad marcada por profundas desigualdades, la educación superior sigue siendo uno de los instrumentos más poderosos de movilidad social. Tratarla como un tema marginal es perder de vista su verdadero significado. La educación superior no pertenece a un gobierno, ni a una ideología, ni a un sector, pertenece, sobre todo, al futuro del país.