Banco y biodiversidad son dos conceptos que, en principio no tienen nada en común, de hecho, muchos ambientalistas consideran que el sistema financiero es la madre de todos problemas por los que atraviesa la biodiversidad. Por eso causa sorpresa, sino escepticismo, escuchar a un colombiano decir que creó un banco que gestiona recursos para la conservación de la fauna colombiana.
Esa es la apuesta que lidera Alejandro Zapata con Animal Bank, una iniciativa sin ánimo de lucro que apoya económicamente a los ciudadanos que están comprometidos con la conservación del medioambiente en las distintas regiones y que busquen un impacto socioambiental positivo. No se trata de realizar donaciones para mantener a flote los proyectos, es toda una estrategia financiera que busca que su sostenibilidad económica. En esa sencilla pero revolucionaria idea radica la innovación social de Animal Bank. Así el foco no se encuentra en la filantropía sino en fomentar la autosostenibilidad como en una especie de aceleradora de emprendimientos.
Este es el caso de Isabel Romero, conocida cariñosamente como ‘chavita’ en Estación Cocorná, un corregimiento de Puerto Triunfo, en pleno Magdalena Medio. Ella trabaja desde hace años protegiendo a la tortuga de río, una especie que históricamente ha sido perseguida por el “animal hombre”, como lo llama Isabel. Su labor ha permitido liberar a cientos de tortugas y rescatar de malas manos a otras que han sido maltratadas o mutiladas.

El heroico trabajo de ‘chavita’ requiere dinero que no siempre tiene. Es en ese momento cuando Animal Bank actúa. Busca los recursos para darle a ella capacitación y fortalecimiento empresarial, y así convertir su actividad de conservación en una empresa que genere ganancias, pero sin perder el objetivo principal: preservar la tortuga de río. Doña Isabel hoy cuenta con un proyecto estructurado de turismo de naturaleza, que permite continuar con su vocación y aportar a la economía de su familia. Como esta, Animal Bank apoya otras 25 iniciativas que trabajan con especies como el jaguar, el puma, el oso de anteojos, las abejas, el pez loro, el cóndor, entre otros.
Otro de los proyectos centrales de Animal Bank es el observatorio móvil de la biodiversidad, que vincula a los transportadores que recorren las carreteras del país y ven de primera mano el problema del atropellamiento de animales silvestres. Para esto crearon una aplicación que le permite a los conductores reportar la presencia de especies en la vía y generar alertas por los accidentes.

En este proceso han encontrado algunos héroes en el camino como Nicolás Olaya, un transportador que lleva 32 años manejando por todo el país y que no había encontrado la manera de aportar al cuidado de la fauna. “Nosotros somos los que nos metimos al hábitat de esos animalitos con nuestra cultura agresiva y hay muchos que en vez de parar aceleran para atropellar el animalito”, asegura Nicolas, quien se siente orgulloso de su labor y quiere dejar atrás los días en que llegaba a contar 30 atropellamientos en un solo día.

Brigitte Baptiste, quien hace parte del consejo directivo y asegura que “los proyectos de conservación necesitan una sostenibilidad que no se mantiene con filantropía, por eso el trabajo estructurado y administrativamente gerencial del Animal Bank puede a futuro gestionar recursos del orden de los millones de dólares”.
Animal Bank hace parte de Portafolio Verde, una empresa que lidera Alejandro Zapata y que está enfocada en crear soluciones de desarrollo sostenible. Su meta es encontrar el dinero para que, en los sectores donde no existen figuras como las aceleradoras o capitales ángel, los emprendedores de la conservación puedan sostenerse mientras impactan la economía regional y personal.

Su éxito ahora se ve en la expansión de este modelo a la flora. Alejandro y su equipo, trabajan en la restauración de bosques con la creación de un portafolio de tierras con propósito. Como lo cuenta Alejandro, hoy siguen en la ardua tarea de gestionar recursos y firmes en su propósito. “Soñábamos con un banco de recursos financieros y hoy tenemos eso más un banco de voluntarios, científicos, fotógrafos y alianzas con empresas y organizaciones públicas, en el que todos trabajamos por un patrimonio común”, asegura.
