Academia

Universidad Militar acelera su modernización con foco en paz e innovación: “Son muchos los cambios”, aseguró su rector

El rector de la Universidad Militar Nueva Granada, el mayor general (R) Javier Alberto Ayala Amaya, Ph. D., presentó el balance de los primeros dos años del Plan Rectoral 2024-2028, con avances en investigación, infraestructura, bienestar e impacto territorial.

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27 de febrero de 2026 a las 2:13 p. m.
Mayor general (R) Javier Alberto Ayala Amaya, Ph. D., rector de la Universidad Militar Nueva Granada.
Mayor general (R) Javier Alberto Ayala Amaya, Ph. D., rector de la Universidad Militar Nueva Granada. Foto: Universidad Militar Nueva Granada/API

¿Cuál diría que es actualmente el cambio estructural más significativo que ya percibe la comunidad universitaria?

Javier Alberto Ayala Amaya: Son muchos los cambios, pero desde el punto de vista académico quiero destacar la creación de la primera Licenciatura en Humanidades y Educación para la Paz. Se trata de un programa de cuatro años que responde a una realidad histórica de Colombia, un país que ha vivido más de seis décadas de conflicto armado y que hoy necesita formar líderes capaces de transformar los conflictos desde la convivencia pacífica.

Esta carrera, que ya cuenta con dos cohortes, una en el campus de Cajicá y otra en la sede Bogotá, calle 100, ha sido valorada por organismos internacionales, como las Naciones Unidas, y por la Universidad para la Paz (UPEACE), con sede en Costa Rica y oficina de enlace en Nueva York. Su impacto va más allá del aula. El programa proyecta movilidad nacional e internacional y busca vincular a población víctima del conflicto armado, entre ella la de la fuerza pública; ahora supera el medio millón de personas registradas. La modernización ha sido tecnológica, administrativa y cultural.

¿Cómo se refleja en la forma de enseñar, aprender y gestionar la universidad?

J.A.: Vivimos en un mundo de cambios disruptivos permanentes. La inteligencia artificial, el ciberespacio, el ámbito aeroespacial e incluso la cuántica están redefiniendo el conocimiento. Por eso hemos invertido más de 22.000 millones de pesos en investigación para fortalecer semilleros desde el pregrado hasta el doctorado.

Además, la universidad amplió su oferta académica con programas como la Maestría en Inteligencia Artificial, el Doctorado en Innovación, el Doctorado en Bioética y más de 134 programas activos, incluyendo todas las áreas de la medicina. La modernización no es un discurso: se refleja en nuevas carreras, nuevos enfoques pedagógicos y en investigación con estándares internacionales.

Esto ha tenido resultados medibles. Hoy en día, rankings internacionales, como Times Higher Education, ubican a la Universidad Militar Nueva Granada como la primera universidad pública del país en temas de paz, justicia e instituciones sólidas y educación de calidad. En el Plan Rectoral llamamos a este enfoque “derechos humanos de solidaridad”, entendidos como la implementación de la innovación y la sostenibilidad en la protección de los ecosistemas, el manejo inteligente de los recursos hídricos y la garantía del respeto no solo a la dignidad humana, sino también a todas las formas de vida.

¿Qué acciones concretas reflejan esa visión sostenible en la vida universitaria?

J.A.: La Universidad Militar es pionera en permitir que las mascotas caninas ingresen al campus los últimos viernes de cada mes, y en Cajicá se preservan más de 200 patos y gansos. El avistamiento de aves es un espectáculo diario y el lugar funciona también como punto de llegada para especies migratorias provenientes de Canadá. Todo forma parte de una visión sostenible orientada a preservar y proteger los seres vivientes y los ecosistemas.

En materia de infraestructura física y tecnológica, ¿qué mejoras son más visibles para estudiantes y docentes?

J.A.: La comunidad percibe cambios concretos en bienestar universitario, como la creación de espacios de coworking, mejoras en zonas de descanso, especialmente en la Facultad de Medicina, donde los internos requieren condiciones dignas para sus turnos. También hemos intervenido parqueaderos, zonas verdes y espacios comunes. En el campus de Cajicá, que está inmerso en la sabana, hemos avanzado en una infraestructura que convive con el entorno natural. Estamos transformando zonas duras en espacios verdes y proyectamos nuevos restaurantes y parqueaderos. Además, avanzamos en la consolidación de laboratorios de alto nivel, entre ellos un observatorio de ciberseguridad y ciberdefensa que busca posicionar a la universidad como referente en Colombia y el hemisferio occidental.

¿Cómo se integra el bienestar socioemocional en el Plan Rectoral?

J.A.: La educación no puede desligarse de la vida y de la felicidad. Por eso creamos y fortalecimos el Centro de Acompañamiento y Seguimiento Estudiantil, con más de 35 profesionales, para atender a 22.000 estudiantes, y consultorios de psicología clínica para cerca de 7.000 funcionarios, porque la universidad no es solo un lugar para obtener un título. Tenemos generaciones altamente expuestas a la información, presiones sociales y realidades complejas del país. En carreras como Medicina, los estudiantes enfrentan el dolor humano, las heridas de la guerra y situaciones emocionalmente exigentes. Por eso era indispensable una estructura sólida de apoyo psicológico, oficinas de género y la figura del defensor universitario para garantizar la dignidad humana y prevenir cualquier tipo de abuso de poder.

¿En qué frentes específicos está concentrando la universidad su capacidad investigativa?

J.A.: Priorizamos investigación en seguridad, defensa, innovación, sostenibilidad, justicia, paz, derechos humanos, ciberseguridad, inteligencia artificial, energía, aeroespacio, ingeniería y medicina; todo lo que contribuya a resolver problemas reales del país es bienvenido. También fortalecemos la formación en segunda lengua, especialmente para estudiantes de estratos 1, 2 y 3, a fin de garantizar igualdad de oportunidades en movilidad internacional.Por otra parte, la internacionalización dejó de ser un complemento para convertirse en una estrategia central. A esto responde el incremento de la movilidad docente, administrativa y estudiantil. Además, se retomó con fuerza la formación doctoral y posdoctoral y se apoyan estancias académicas que elevan la calidad del conocimiento y fortalecen la cooperación internacional.

¿Por qué es vital salir de Bogotá y cómo ayuda la tecnología a ese propósito?

J.A.: La regionalización es una responsabilidad social. A través de la educación a distancia y modelos híbridos, llegamos a regiones como la costa Caribe, la Orinoquía y zonas históricamente afectadas por el conflicto. No se trata de desarraigar a los líderes regionales, sino de llevar la universidad hasta donde están. Esto es clave para soldados, policías y comunidades que hoy acceden a educación superior sin abandonar su territorio.

Mirando a diez años, ¿cómo proyecta la universidad y qué país aspira a construir?

J.A.: Veo una universidad transformada desde una visión disruptiva del conocimiento y de la educación, capaz de adaptarse a nuevas realidades laborales. No todos quieren cursar programas tradicionales de cuatro años. Por eso debemos diseñar rutas formativas más flexibles que, en los próximos diez años, nos permitan aportar expertos altamente especializados en áreas estratégicas del mundo laboral.

Mantendremos nuestro objeto estatutario de apoyo a la fuerza pública, lo que nos diferencia de cualquier otra universidad pública. Esa conexión con el Ejército, la Armada, la Fuerza Aeroespacial y la Policía nos permite ofrecer escenarios reales de práctica a través de hospitales, brigadas, empresas del sector defensa y otras capacidades del Estado.

Nuestra apuesta es consolidar una educación para la vida y la paz, articulando fuerza pública y sociedad civil, formando líderes estratégicos comprometidos con los derechos humanos, la sostenibilidad y la protección de los ecosistemas.