¿Qué avances permiten afirmar que el sector palmero colombiano ha dado pasos hacia una producción más sostenible?
ANDRÉS GARCÍA (A.G.): Cuando hablamos de sostenibilidad en el sector palmero debemos hablar de tres dimensiones: la ambiental, la social y la económica. En materia ambiental, uno de los principales logros fue ratificar que el sector no es un motor de pérdida de bosques. En materia social, consolidamos la primera política sectorial de equidad de género y encontramos que más del 86 % del empleo es formal.

Además, los trabajadores reciben, en promedio, un salario superior al mínimo y cuentan con acceso a salud, pensión, riesgos laborales y otros beneficios. En la dimensión económica, el objetivo es generar valor para los palmicultores y hacerlos más productivos y competitivos. Uno de los avances fue prepararnos para cumplir el Reglamento Europeo sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR).

¿Qué tan grande es hoy Colombia en la agroindustria de aceite de palma?
A.G.: Hoy somos el cuarto productor del mundo, aunque muy lejos de los dos primeros, que son Indonesia y Malasia. Sin embargo, somos el mayor productor de América, lo cual nos ubica en una posición de liderazgo.
¿Cuál es el factor que diferencia al aceite de palma colombiano frente a otros productores del mundo?
A.G.: Nuestra apuesta y estrategia de diferenciación es la sostenibilidad. Esa es la forma en la que queremos competir. En los mercados de mayor valor esa apuesta ya es reconocida y eso nos ha permitido posicionarnos.
¿Qué lugar ocupa actualmente la palma de aceite en la agroindustria colombiana?
A.G.: Es el segundo cultivo con mayor área sembrada en Colombia, después del café, y uno de los pocos que viene creciendo de manera sostenida tanto en área como en producción. El año pasado alcanzamos la mayor producción de aceite de palma en la historia del país y cerramos con cerca de 9.300 productores, de los cuales aproximadamente el 75 por ciento son de menor escala.
¿Cómo ha logrado el sector crecer mientras conserva la biodiversidad?
A.G.: Desde Fedepalma y Cenipalma desarrollamos una estrategia basada en diez principios de aceite de palma sostenible, que abarcan los componentes económicos, ambientales y sociales. Esos principios se convierten en prácticas concretas en biodiversidad y Altos Valores de Conservación.

¿Cómo verifican ese avance?
A.G.: Desarrollamos un estándar de certificación accesible en términos de costos y capacidades. Sin embargo, no es suficiente por sí solo: los productores deben cerrar brechas e implementar mejores prácticas con conocimiento, recursos y acompañamiento. El gran reto es masificar las buenas prácticas.
Los resultados ya muestran el avance de esta apuesta: hoy, cerca del 20 % del aceite de palma crudo producido está certificado bajo APSColombia, el estándar de aceite de palma sostenible del país. Si se tienen en cuenta todas las certificaciones, más del 35 % de la producción nacional cuenta con algún estándar de sostenibilidad.
¿Qué tan difícil es lograr que más pequeños productores se certifiquen?
A.G.: Pero quiero hacer una precisión: nuestro objetivo no es que todos se certifiquen. La apuesta no es la certificación en sí misma, sino que los productores hagan las cosas bien, cierren sus brechas y mejoren sus prácticas.
¿Qué beneficios obtiene un productor al incorporar prácticas sostenibles?
A.G.: Le permite mejorar la productividad, reducir costos y fortalecer la capacidad de adaptación frente a fenómenos climáticos como El Niño. No significa que esos eventos no tengan impacto, pero sí que un productor que ha incorporado estas prácticas puede enfrentar mucho mejor esas condiciones.
¿Qué oportunidades se abren para el sector?
A.G.: Industrias como la aviación y el transporte marítimo van a demandar cada vez más materias primas sostenibles, y hoy esa oferta es escasa. Por eso vemos oportunidades importantes en esos sectores y en destinos como Europa y Estados Unidos, donde existen retos, pero también un potencial para Colombia.
¿Qué objetivos se han trazado para los próximos años?
A.G.: Tenemos objetivos tanto a nivel nacional como internacional. Uno de los principales es fortalecer el mercado de los biocombustibles en Colombia, porque creemos que son una gran oportunidad para avanzar en la transición energética, la descarbonización y el uso de combustibles más limpios. También identificamos potencial en el biogás, no solo para la generación de energía eléctrica, sino para explorar nuevos usos industriales.
En materia ambiental, queremos avanzar en la creación de corredores de conectividad, fortalecer los agroecosistemas y ampliar el conocimiento sobre las especies que habitan los paisajes palmeros. En lo social, la apuesta es seguir creciendo con inclusión, vinculando especialmente a pequeños productores para generar desarrollo en las zonas rurales.


Cifras claves de Fedepalma
- 20 plantas cuentan con sistema de captura y uso de biogás, (38% de la producción nacional de APC).
- 11 MW de generación de energía a partir de biogás.
- 588.000 toneladas de CO2 equivalente (eq) han sido mitigadas gracias a las acciones del sector.
- Huella de carbono para el aceite de palma crudo: 182 kg CO2 eq/Ton APC.
- 38 % +25.000 hectáreas de Alto Valor de Conservación protegidas de las especies de aves de Colombia están presentes en los paisajes palmeros.
- + 86 % del empleo generado por el sector palmero es formal.
- 99 % de los cultivos de palma en Colombia están libres de deforestación.