¿Cuáles han sido las principales apuestas de Corantioquia para avanzar hacia un modelo de desarrollo sostenible?
Liliana Taborda (L.T.): Cada decisión que tomamos en Corantioquia responde a criterios de sostenibilidad ambiental: desde un permiso aprobado o negado, que requiere análisis técnico por su impacto en los recursos naturales, hasta una alianza estratégica con actores relevantes para beneficiar a las comunidades.
En los últimos meses, por ejemplo, declaramos la Serranía de Buriticá como Distrito Regional de Manejo Integrado (DRMI): 13.858,6 hectáreas declaradas que protegen 677 nacimientos de agua, 86 manantiales y especies como el oso andino, además de cientos de aves y fauna silvestre.

¿Qué papel juegan las alianzas en los territorios?
L.T.: En Corantioquia avanzamos en adaptación al cambio climático y llevamos educación ambiental al territorio mediante alianzas estratégicas que permiten movilizar recursos y soluciones tangibles.
Ejemplo de ello son las estufas ecoeficientes que estamos entregando en articulación con el Fondo de Energías No Convencionales y Gestión Eficiente de la Energía (Fenoge) a más de 4.000 familias en toda nuestra jurisdicción.
Tenemos 18 acuerdos de voluntades con empresas y organizaciones que buscan ir más allá de la norma. Mineros, ganaderos, productores de cárnicos y madereros están demostrando que es posible el desarrollo sostenible y, como Corantioquia, los estamos conectando por la vida.
¿Cómo se construye confianza en territorios donde históricamente ha habido conflicto y degradación ambiental?
L.T.: Con presencia institucional y diálogo. Muchos territorios han vivido afectaciones por el conflicto armado, la deforestación y la minería informal, pero también cuentan con una enorme riqueza natural y biodiversidad.
Un ejemplo de este trabajo es ‘Sembremos Confianza’, una iniciativa que busca acercar a las comunidades, las instituciones y las organizaciones sociales para generar nuevas oportunidades.
Este proyecto ya cumple un año y lo estamos ejecutando con el Fondo Multidonante de las Naciones Unidas, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y otras entidades.
En este proceso se han beneficiado más de 1.400 personas, con estrategias que han permitido la restauración activa de 112 hectáreas y el fortalecimiento de 21 iniciativas comunitarias de Negocios Verdes relacionadas con café, cacao, plátano, sacha inchi, apicultura, entre otros.

La minería regenerativa ha sido una de las apuestas de su dirección. ¿Qué papel cumplen las comunidades en este proceso y qué avances muestran?
L.T.: Uno de los avances es el acompañamiento a 50 pequeñas unidades mineras junto con Aris Mining, con acciones relacionadas con manejo del recurso hídrico, monitoreo de fauna y protección de fuentes de agua en el nordeste de Antioquia.

Las comunidades son fundamentales para construir soluciones de largo plazo. La gestión ambiental requiere que empresas, instituciones y habitantes del territorio trabajen de manera conjunta.
Estos procesos buscan fortalecer capacidades locales y apoyar proyectos productivos que generen oportunidades para las comunidades.