El cantante y compositor colombiano abrió su corazón con SEMANA sobre el cierre de su etapa en los escenarios. El artista de 68 años compartió anécdotas y agradeció a quienes lo han acompañado a lo largo de su carrera musical.
SEMANA: Maestro Galiano, ¿por qué despedirse ahora?
Galy Galiano: Porque pensé que era un momento propicio para decirle a la gente hasta aquí llegamos, pues no es una decisión muy fácil. A través de las redes sociales he leído muchos mensajes y se siente casi un luto, porque la gente se acostumbra a uno; se acostumbra a esa conexión que es un poco espiritual, esto es lo que uno piensa de la vida, de las cosas, y lo que la gente siente a través de las canciones.
Lo que he querido es tomar la decisión pensando en que tuviera la mejor energía para poderlo hacer. Bien sabes que hay artistas que toman esa decisión por una edad bastante avanzada, entonces me parece importante que la gente en estos conciertos de despedida me tenga como los he tenido acostumbrados, con cierta energía, con calidad, con eso que la gente siempre espera de un artista.
SEMANA: Aunque es su despedida de los escenarios, ¿significa que se retirará de la música completamente?
G.G.: No, no va a haber un desconecte total porque la música es una cosa que a mí siempre me ha gustado. Lo más seguro es que seguiré llevándole música al público. La crearé de una manera y la compartiré de otra. Pero también tengo otros proyectos: soy casi arquitecto. He diseñado y construido varias casas, tengo bastante conocimiento en ese campo. De hecho, he construido varias y a la gente le gustan y las compran. Tengo una perspectiva de los interiores, de las sensaciones que debe causar en una persona un espacio de una vivienda que, en resumidas cuentas, es lo mismo que escribir una canción.

SEMANA: Algo que lo ha diferenciado a usted es su capacidad de mutar entre géneros…
G.G.: Ese es parte de mi secreto. He hecho muchas cosas por ser muy espontáneo; no he premeditado nada. De hecho, la primera canción que hice se llama Frío de ausencia, que es un poema que mi papá escribió y con el que conquistó a Sonia, mi mamá. Ellos se enamoraron, se casaron y yo nací. Ese poema me dio la vida física y la artística. No he dejado de ser quien soy como persona. Tanto en mi forma de pensar como de sentir, mis canciones mantienen lo mismo: ya sea una salsa, una balada o una ranchera, todas llevan mi mismo sentir. Todos esos ritmos conservan esa esencia.
SEMANA: Háblenos sobre su gran herencia italiana.
G.G.: Esa herencia viene de mi abuelo; él se llamaba Carmelo Galiano, como yo me llamo; yo fui su primer nieto. La historia habla de él, un inmigrante italiano que viene huyendo de la guerra. Por esas cosas de la vida, él llegó a estas tierras vendiendo productos y ahí conoció a la abuela. Él llegó con unos motetes vendiendo productos para rebuscarse porque venía huyendo de la guerra, en la que mataron a sus padres.
La historia es muy bonita. Yo no lo conocí, pero siempre he dicho, y aquí evoco a Gabriel García Márquez, que el realismo mágico existe, y siento que su espíritu me enseñó algo de la música. Mis canciones son historias como un libro, pero contadas durante tres minutos. De hecho, tengo tres libros en camino que estoy escribiendo y esa es una de las cosas que quiero hacer con esta pausa.


SEMANA: Su carrera está llena de anécdotas que han nutrido la leyenda que es hoy. Cuéntenos una sobre sus inicios.
G.G.: Todas las personas tienen algo que contar de su historia; la mía también. Todo inicio necesita tener algo para subsistir. Cuando vine a Bogotá, me quedé en una pieza de un amigo, el Chácara, que ya no está con nosotros. Él vivía en un cuartito en el barrio Quirigua; lo único que tenía era su camita en un rincón con sus libros, pero lo que más me llamó la atención era que todas las paredes del cuarto estaban revestidas con afiches de mujeres despampanantes.
Ese día, cuando llegué, él dormía sobre una colchoneta y guardaba otra debajo. La sacó y la extendió para mí en el suelo. Intenté dormir, pero fue imposible: las pulgas parecían decididas a sacarme hasta la última gota de sangre. De ahí fue que, subsistiendo, se me ocurrió ir a comprar maíz; lo freía, lo metía en bolsitas plásticas y me iba a los teatros a venderlo.
SEMANA: ¿Es verdad que una vez estuvo en la cárcel?
G.G.: (Risas) Esas son cosas que pasan, son anécdotas. Nosotros llegamos a tocar a un pueblo por allá en Santander con la idea de hacer un concierto y nos quedamos en un hotelito. En el pueblo se regó la voz de que Galy Galiano había llegado, pero el artista falso. Empezó a llegar la gente al hotel, se asomaban por la ventana, pero traían la carátula, la primera carátula en donde yo parecía el Che Guevara; era una pintura.
Lógico que veían la pintura y me veían a mí y decían: “Ese tipo no es Galy Galiano”. Así que llegó la policía y me dijo: “Sus papeles”. Yo le entregué mi cédula, pero mi cédula dice Carmelo Galiano y no me creyeron. Al final las monjas con sus hábitos tuvieron que ir hasta allá y le explicaron al comandante de la policía: “Mire, él es el cantante, va a hacer la presentación con nosotras”, y me liberaron.

SEMANA: Usted se presentó en El Caguán y en la finca de Pablo Escobar, ¿qué recuerda de esas presentaciones?
G.G.: La música es un medio de matizar un poquito las rencillas. Del Caguán lo que recuerdo es que estaba Víctor G. Ricardo como comisionado de paz porque él fue el que me invitó y después del concierto me llamó por separado y me dijo: “Galy, quiero que me acompañes por allá”. Y nos fuimos por varias trochas y, tras cerca de una hora de camino en la noche, llegamos a una casa donde nos esperaba el Mono Jojoy con toda su gente.
Me impresionó ver la armonía que, irónicamente, se sentía allí, en ese escenario, en esa casa con una señora, una matrona que estaba haciendo un sancocho de gallina. El Mono Jojoy sacó una guitarra desafinada para que yo cantara; así canté algunas canciones. La connotación que tiene eso es que afuera había una guerra, pero ahí había una fraternidad. Lo mismo con Pablo Escobar; él estaba preso y yo le canté sin saber que él iba a llegar ahí a la hacienda en un helicóptero; son cosas que pasan.
SEMANA: ¿Cómo lleva la fama?
G.G.: Nunca pienso en eso. Sé que hay una cantidad de gente a la que le gustan mis canciones, pero esa palabra no sé. Cuando salgo a la calle, normalmente voy con Carmelo, no con Galy. Conozco más a Carmelo; ando más con Carmelo. Galy solo surge en el escenario.

SEMANA: ¿Cree que el estigma hacia la música popular ha cambiado con el tiempo?
G.G.: Si bien en mi tiempo muchos escuchaban música popular con los vidrios del carro arriba por pena, con el paso del tiempo el público entendió que este género solo retrata los sentimientos normales de las personas. La música popular es directa, va directo a lo que se quiere decir y toda persona de cualquier estrato social lo siente de esa manera. Todo el mundo, por mucho dinero que tenga, termina enamorándose. Y cuando llega el momento de decirle a una mujer lo que siente, no queda más que decirle: “¿Sabes qué? Me gustas”. Ese tabú se destapó. La música popular es honesta, habla de las cosas cotidianas, de lo que somos en realidad. Las frases deben nacer del corazón.
SEMANA: ¿Algún mensaje final para sus seguidores?
G.G.: Solamente podría decirles que vayan a la gira La Última y Nos Vamos, y decirles gracias, muchas gracias.
