Por estos días, cualquier papá que le ponga un clásico animado de Disney a sus hijos, usando la plataforma Disney Plus, puede llegar a encontrarse con una polémica introducción. Un texto blanco sobre un fondo negro que durante 10 segundos dice: “Este programa incluye representaciones negativas y/o un mal tratamiento de personas o culturas. Esos estereotipos estaban mal antes y lo están ahora”.
Como sucedía hace dos décadas en las películas de DVD o VHS que se alquilaban en las tiendas especializadas y siempre tenían un mensaje contra la piratería, la nueva moda es que las películas de hace varias décadas ahora tengan un mensaje que alerta sobre el posible racismo de la historia. Sucedió hace poco con Lo que el viento se llevó (1939), que fue retirada de la plataforma de HBO y solo volvió a estar disponible cuando le pusieron un anuncio explicativo. Ahora le tocó el turno a Disney, con películas con las que han crecido millones de personas en todo el mundo.

De hecho, entre los títulos en los que se incluyó el mensaje hay clásicos animados como Dumbo (1941), Peter Pan (1953), La dama y el vagabundo (1955), El libro de la selva (1967) o Los aristogatos (1970). Muchas personas se disgustaron con el mensaje, ya que consideran que estas películas no son racistas y que el mensaje es una especie de alerta para los que puedan llegar a sentirse ofendidos. Una especie de claudicación ante lo políticamente correcto.
El tema no es extraño. En los últimos meses una serie de personalidades han sido ‘canceladas’ en las redes por opinar sobre temas políticos, sobre racismo o sobre la comunidad LGBTI. Le sucedió a J. K. Rowling, la creadora de Harry Potter, quien escribió en su Twitter que estaba en desacuerdo con que las mujeres transgénero sean consideradas mujeres, y ha recibido, desde entonces, una oleada de insultos y de campañas para dejar de comprar sus libros.

Disney quiso adelantarse a cualquier tipo de polémica similar, sobre todo ahora que en Estados Unidos hay un ambiente crispado con los temas raciales (debido al Black Lives Matter) y con el machismo y el género (por el MeToo). La decisión, según explicó la compañía, fue tomada por un consejo asesor conformado por miembros de la Asociación de Críticos de Cine Afroamericanos, la Coalición de Asiáticos en el Entretenimiento y la alianza de gays y lesbianas contra la difamación.
Disney explicó que “en vez de remover este contenido, queremos reconocer su impacto dañino, aprender de él y provocar una conversación para tener un futuro mucho más inclusivo”. Aunque muchos parecen felices con la decisión, otros no tanto. La periodista especializada en cine Rosa Belmonte, por ejemplo, escribió una columna criticando la decisión en la que dice “a la vista de la sociedad niñata y lerda que tenemos, Disney hace como lo de poner en el libro de instrucciones del microondas que el gato no se puede secar ahí”.

Los supuestos personajes racistas
Otros la consideran una decisión correcta y enumeran los supuestos actos racistas de los clásicos de Disney. La propia plataforma de streaming de la compañía ha identificado las posibles representaciones equivocadas de algunos personajes.
Tanto en Los aristogatos como en La dama y el vagabundo, por ejemplo, aparecen gatos representados “como una caricatura racista de los pueblos de Asia con rasgos estereotipados exagerados, como ojos rasgados y dientes de conejo”.

En Dumbo, los cuervos realizan una representación musical que, según la propia Disney Plus, “rinde homenaje a espectáculos racistas donde los artistas blancos con rostros ennegrecidos y ropa hecha jirones imitaban y ridiculizaban a los esclavos de las plantaciones del sur”.

En el caso de Peter Pan el problema es con la representación de las comunidades indígenas. “Se los ve hablando en un idioma ininteligible y se refiere repetidamente a ellos como ‘pieles rojas’, un término ofensivo. En Peter Pan también hay apropiación de la cultura y las imágenes de los pueblos indígenas”, explica la plataforma.
Lo que hizo Disney es solo un ejemplo de cómo los estudios de cine y televisión se están preocupando por mantener su contenido lo más alejado posible de la controversia. Algunos lo aplauden, pero a otros les preocupa que este tipo de iniciativas puedan terminar generando autocensura o censuras directas.
