Líderes empresariales

Skandia Colombia apuesta por la educación y la tecnología para que los colombianos aprendan a invertir

Santiago García lleva una década al frente de esta organización que gestiona cerca de 45 billones de pesos en activos y 300 mil clientes. “En el mundo financiero el pensamiento a largo plazo es fundamental”*.

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13 de diciembre de 2025 a las 6:00 a. m.
Santiago García, CEO de Skandia Colombia.
Santiago García, CEO de Skandia Colombia. Foto: JUAN CARLOS SIERRA PARDO-SEMANA

Santiago García, CEO de Skandia Colombia, sostiene una convicción que guía su gestión: el verdadero impacto social se construye desde la forma en que se invierte el dinero. Bajo esa premisa convirtió una firma tradicional en un ecosistema robusto de pensiones, inversión, seguros y servicios fiduciarios que gestiona cerca de 50 billones de pesos de sus 300.000 clientes en el país. Tras diez años al frente del grupo, esta es su visión sobre liderazgo, educación financiera y el futuro del mercado de las inversiones.

¿Cómo definiría su estilo de liderazgo y de qué manera lo aplica en el día a día?

SANTIAGO GARCÍA: Considero que el liderazgo del CEO se sostiene sobre tres responsabilidades fundamentales. Primero, dar sentido: asegurar que cada persona entienda el propósito de la organización y cómo su trabajo diario se conecta con él. En nuestro caso, ayudar a que las personas vivan la vida que quieren vivir, no la que les toca. Segundo, dar dirección: definir prioridades, establecer metas claras, visualizar cómo se ve el éxito y qué se necesita para alcanzarlo. Y tercero, marcar el ritmo de la ejecución: crear sistemas, métricas y cadencias que permitan monitorear avances, identificar obstáculos de manera oportuna y resolverlos como equipo. Mi estilo personal combina cercanía y exigencia. La cercanía facilita la comunicación, acelera los flujos de información y genera confianza. Pero también creo firmemente en los estándares altos: sin exigencia no hay desarrollo ni resultados extraordinarios. La clave es demostrar que ambas cosas pueden convivir.

¿Cómo motiva a su equipo para sacar lo mejor y dar esa milla extra?

S.G.: Para mí la motivación más poderosa es la intrínseca, la que nace dentro de las personas. La extrínseca –incentivos, bonos, reconocimientos– es útil, pero su impacto es de corto plazo. La motivación intrínseca, en cambio, viene del deseo de crecer, de hacer bien las cosas, de conectar el trabajo con un propósito personal. Esa motivación no es sencilla de desarrollar. Por eso busco gente curiosa, que pregunte, que quiera aprender y que tenga una energía auténtica hacia el desarrollo. Mi rol es ayudarlos a encontrar dónde se cruza su propósito con el de la organización y darles los retos adecuados para que crezcan.

Después de trabajar en Europa, Estados Unidos y América Latina, ¿qué particularidades le han llamado la atención del mercado colombiano?

S.G.: El cortoplacismo. Es una característica cultural muy marcada en Colombia y en América Latina. No solo en inversiones, también en la forma en que vemos la ciudad, el país, las decisiones personales. En el mundo financiero el pensamiento a largo plazo es fundamental. En mercados desarrollados, la gente estructura su estrategia en horizontes de 20 o 40 años; aquí, muchas decisiones giran alrededor de la tasa del CDT en los próximos 90 días. Eso limita la creación de patrimonio, reduce la exposición a activos que generan valor real en el tiempo y nos aleja de las ventajas del interés compuesto.

¿Cuáles son las principales necesidades de los clientes colombianos hoy?

S.G.: La primera es la confianza. En nuestro mercado algunas personas han tenido experiencias no tan gratas y eso deja huella. Sobre esa base surge otra necesidad profunda: el acompañamiento. Las personas no quieren que les vendan un producto, quieren a alguien que entienda quiénes son, cómo piensan, cómo se relacionan con el dinero y cuál es su visión de vida. Un asesor que explique con claridad, sin complejidad innecesaria, y que acompañe en el diseño y adaptación del plan financiero a lo largo del tiempo. Por eso invertimos tanto en certificación, preparación y desarrollo de nuestros asesores. Y aunque tenemos una plataforma robusta de productos y tecnología, el corazón de todo es la relación con las personas.

Usted ya lleva una década al frente de Skandia. ¿Qué logros lo llenan de orgullo?

S.G.: Diría que modernizar la compañía sin perder su esencia. Tomamos una organización con una historia sólida de confianza y seguridad, y la proyectamos hacia el futuro con tecnología, innovación y una oferta integral más sofisticada. Democratizamos el acceso a activos alternativos, impulsamos la digitalización, transformamos negocios tradicionales como la fiduciaria y creamos una plataforma de inversión mucho más completa para los próximos años.

¿Y a qué reto se ha enfrentado en este tiempo que haya resultado muy desafiante?

S.G.: Convertir una amenaza regulatoria, como la reforma pensional, en una plataforma de cambio y de aceleración para innovar en nuevos negocios. En lugar de paralizarnos, lo usamos para acelerar la innovación en las otras líneas de negocio. De ahí surgieron nuevos fondos, el portafolio de Bitcoin, el fondo de crédito privado Impacto y una fiduciaria completamente renovada bajo un modelo tecnológico flexible. Esa respuesta estratégica le imprimió un ritmo nuevo a toda la organización. Hoy tenemos crecimientos del 27 por ciento en la fiduciaria y del 30 por ciento en inversiones internacionales, que son reflejo de ese impulso.

Hoy Skandia es reconocida como líder en inversión responsable…

S.G.: Esto me llena de orgullo, pero sobre todo es una ratificación. La sostenibilidad no es una campaña ni una tendencia: es parte del ADN de Skandia desde hace años. Siempre he dicho que la forma como invertimos puede tener más impacto que la forma como votamos, porque el destino del dinero define qué tipo de empresas, prácticas y modelos fomentamos como sociedad. Por eso adoptamos estándares internacionales y principios estrictos para asegurar que nuestras inversiones sean éticas, coherentes y orientadas al bienestar colectivo.

¿Cómo visualiza el futuro de los seguros y las inversiones?

S.G.: Será un futuro basado en tres grandes pilares: proactividad, personalización y flexibilidad. La inteligencia artificial y los datos permitirán anticiparnos a las necesidades de cada persona, diseñar productos a su medida y ofrecer acompañamiento completamente adaptado. También veremos mayor acceso para todos a inversiones antes reservadas para grandes patrimonios, especialmente en alternativos. Pero para que ese futuro funcione, la educación financiera seguirá siendo clave. Sin ella, el cortoplacismo continuará dominando.

¿Qué legado le gustaría dejar?

S.G.: Estamos construyendo el gestor patrimonial del futuro, un modelo que combine tecnología, asesoría humana, soluciones integrales y visión de largo plazo. Mi reto es que esa plataforma genere impacto real: que ayude a más personas a planear su vida, a anticipar riesgos, a vivir con mayor seguridad financiera y a mejorar su bienestar. Si logramos transformar vidas, impulsar a nuestros colaboradores y dejar una huella positiva en la industria, ese será el legado.

*Contenido elaborado con el apoyo de Skandia.