En el extremo sureste de Long Island, 160 kilómetros al este de Nueva York, se encuentran Los Hamptons, uno de los destinos de verano más exclusivos de Estados Unidos, en donde millonarios y celebridades construyeron desde principios del siglo XX sus mansiones para disfrutar de esta época del año.
Personalidades como Calvin Klein, Steven Spielberg, Billy Joel y Martha Stewart han desfilado por sus playas y disfrutado de restaurantes de alta cocina, viñedos y casas de estilo colonial, shingle style y grandes residencias de lujo. Sin embargo, Los Hamptons no serían los mismos sin la espectacular casa de Meg Ryan, en la que residía desde 2024, pero que puso a la venta por 15,3 millones de dólares, una cifra mayor a la que pagó por adquirir este lugar hace dos años y que ascendió a los 13,5 millones de dólares.
Su residencia principal sigue siendo la misma: un apartamento de lujo en Tribeca, en el exclusivo edificio 443 Greenwich Street de Manhattan, famoso porque aquí viven celebridades como Jennifer Lawrence, Harry Styles, Blake Lively y Ryan Reynolds, entre otras.
El refugio de verano de la estrella de películas románticas como Sleepless in Seattle, French Kiss y, más recientemente, What Happens Later, fue diseñado por la arquitecta y diseñadora de interiores local Kathrine “Kitty” McCoy. La propiedad, de 566 metros cuadrados, ubicada en una calle sin salida, al sur de la carretera principal, dentro de un terreno de aproximadamente 0,6 hectáreas, se caracteriza por su sofisticación y luminosidad, además de su revestimiento de tejas de madera y estructura de cedro con detalles blancos.

Terminada en 2016, la residencia de verano de Ryan tiene tres niveles, en los que se distribuyen cinco habitaciones, seis baños completos, un medio baño y cinco chimeneas; además de una suite para invitados, una segunda sala de estar, la cocina auxiliar (kitchenette), la cocina principal, y un gimnasio totalmente equipado.
Sus pisos de roble, muros revestidos con paneles tipo shiplap, un moderno sistema geotérmico de calefacción y refrigeración, e incluso una estación personalizada para bañar perros, equipada con agua caliente y fría, terminan de hacer especial este lugar.
Una inversión rentable
El sendero de piedra que atraviesa el jardín hasta el porche principal conduce a un luminoso vestíbulo de entrada, desde el cual se accede a una sala de estar con techo artesonado y una elegante chimenea de madera pintada de blanco con detalles de mosaico.

Más adelante está el comedor formal, iluminado por una lámpara de diseño y conectado mediante puertas francesas a una terraza exterior. La cocina, que fue totalmente renovada, incluye una gran isla de mármol, un rincón para desayunos y una acogedora sala acristalada.
Sin embargo, dos espacios se roban el protagonismo: la suite principal, ubicada en la planta superior, que cuenta con un área de estar privada junto a la chimenea, baño con ducha de vapor y balcón privado; y los jardines diseñados por LaGuardia Design Group, rodeados de árboles y densos setos que garantizan privacidad.
La vegetación resguarda un porche cubierto con una enorme chimenea de ladrillo rojo y una piscina climatizada de Gunite de aproximadamente 6 x 15 metros, enmarcados por hortensias blancas y árboles ornamentales.

Aunque ha contado con los mejores asesores de la zona —de hecho, la comercialización de la mansión ha estado a cargo de Evan Kulman, de Compass—, Ryan ha demostrado ser una experta en bienes raíces e inversiones inmobiliarias.
A lo largo de los años ha sido propietaria de al menos nueve viviendas entre la costa oeste y la costa este de Estados Unidos. Entre ellas se destacan un loft en SoHo que compró al actor Hank Azaria por 8 millones de dólares en 2014 y vendió tres años después por 10 millones; y una propiedad en Montecito, adquirida en 2021 por 9,5 millones de dólares a Alicia McFarlane, nieta de John Wayne, que vendió el año pasado por aproximadamente 16,8 millones de dólares. Nada mal.
Si Ryan logra vender su casa de verano al precio que pide no solo confirmará el atractivo eterno de Los Hamptons, sino la capacidad que tiene de convertir el lujo y la exclusividad en una inversión rentable.
