SEMANA: Usted ha defendido durante todo su mandato el concepto de paz territorial. ¿Por qué insiste en que ese modelo puede dar mejores resultados?
Luis Alfonso Escobar (L.A.E.): Porque el conflicto cambió y las respuestas también deben cambiar. Hoy ya no existe una sola organización armada con una estrategia nacional, sino dinámicas regionales que requieren soluciones construidas desde los territorios. Por eso propusimos desarrollar un proceso de paz territorial en el que los diálogos estuvieran acompañados de inversiones desde el primer momento.
La diferencia es que decidimos negociar mientras transformábamos el territorio. No esperamos un acuerdo definitivo para empezar a llevar agua potable, salud, educación, universidades y vías rurales. Esa combinación permitió reducir la confrontación y devolverles confianza a las comunidades. La paz no puede seguir negociándose únicamente desde Bogotá; debe construirse donde viven quienes padecen el conflicto.
SEMANA: El 7 de agosto llegará un Gobierno con una visión distinta. ¿Qué tipo de empalme propone para que Nariño no pierda los avances alcanzados?
L.A.E.: Más que un empalme administrativo, necesitamos un empalme territorial, focalizado en las particularidades de Nariño. Hay proyectos que deben continuar, pero sobre todo estrategias que han dado resultados y no deberían comenzar de cero por un cambio de Gobierno.
Nuestra invitación es revisar con datos qué ha funcionado y mantener esas políticas. La paz y la seguridad son una de ellas. Nariño puede ofrecerle al nuevo Gobierno una victoria temprana: cerca de 2.000 integrantes de grupos armados participan en procesos de diálogo que podrían culminar en una desmovilización si existe el marco jurídico adecuado.
SEMANA: Las cifras muestran una reducción importante de la violencia. ¿Qué tan profundo ha sido ese cambio?
L.A.E.: Los hechos asociados al conflicto disminuyeron más del 94 %, el confinamiento prácticamente desapareció y el reclutamiento de menores cayó de forma significativa. En homicidios pasamos de cerca de 35 por cada 100.000 habitantes en 2022 a alrededor de 16, muy por debajo del promedio nacional.
Tumaco resume esa transformación. Hace pocos años registraba cerca de 75 homicidios por cada 100.000 habitantes; hoy está alrededor de 14. Esa mejora permitió ampliar el aeropuerto, construir malecones, fortalecer el sistema de agua potable y descentralizar la educación superior. Cuando disminuye la violencia aparecen oportunidades para invertir y crecer.
SEMANA: La frontera con Ecuador ha estado marcada por el narcotráfico y la violencia. ¿Cómo convertir ese problema en una oportunidad?
L.A.E.: Las fronteras no pueden seguir siendo espacios abandonados al crimen. Nuestra apuesta es convertirlas en motores de desarrollo mediante una zona económica especial con Ecuador que impulse el comercio, la inversión y el empleo. Nariño tiene ventajas estratégicas con el puerto de Tumaco y el aeropuerto de Ipiales. Si aprovechamos esa posición, la frontera dejará de ser un problema de seguridad para convertirse en una plataforma de crecimiento económico para ambos países.

SEMANA: ¿Cómo convencer a un empresario de invertir en un departamento que durante años ha estado asociado al conflicto?
L.A.E.: Lo primero es mostrar los resultados. Todos los indicadores de seguridad mejoraron de manera estructural: disminuyeron los homicidios, el secuestro, la extorsión y otros delitos que durante años frenaron el desarrollo. Hoy existen condiciones mucho más favorables para invertir.
Vemos oportunidades muy importantes en turismo, agroindustria, pesca y producción agrícola. Tenemos cerca de 20.000 hectáreas en procesos de sustitución de cultivos ilícitos que pueden convertirse en proyectos de cacao, plátano, palma o bijao mediante alianzas entre las comunidades y el sector privado. No se trata únicamente de reemplazar la coca por otro cultivo, sino de transformar toda una economía con infraestructura, educación y servicios públicos.
SEMANA: Durante años el Pacífico colombiano pareció resumirse únicamente en el puerto de Buenaventura. ¿Por qué Tumaco debería entrar ahora en esa conversación?
L.A.E.: Porque reúne condiciones que pocos territorios tienen. Avanzamos en la profundización del puerto para recibir embarcaciones de mayor calado y fortalecer la actividad marítima y pesquera. A eso se suman la ampliación del aeropuerto, la ubicación estratégica frente al Pacífico y la posibilidad de integrarnos con Ecuador mediante una zona económica especial de frontera. Tumaco puede convertirse en un nuevo polo de desarrollo para toda la región.
SEMANA ¿Por qué dice que Nariño puede consolidarse como uno de los grandes destinos turísticos del país?
L.A.E.: Porque reúne una diversidad difícil de encontrar en otro lugar. Tenemos el mundo andino, el litoral Pacífico, los manglares más altos del mundo, una enorme riqueza ambiental, pueblos con una historia extraordinaria y una identidad cultural reconocida por el Carnaval de Negros y Blancos y el Santuario de Las Lajas.
Pero el principal cambio es que hoy existen mejores condiciones de seguridad. Municipios que antes eran noticia por el conflicto empiezan a ser reconocidos por su naturaleza, gastronomía y oferta turística. Queremos que Nariño deje de ser visto como un territorio de riesgo y se consolide como un destino para visitar, invertir y emprender.
SEMANA: Si tuviera que resumir su gestión en tres grandes logros, ¿cuáles destacaría?
L.A.E.: El primero es haber contribuido a proteger la vida. Reducir la violencia permitió recuperar la confianza de las comunidades y abrir espacio para otras transformaciones. El segundo es la salud. Recuperamos hospitales públicos y mejoramos de manera significativa los indicadores del departamento, pasando de estar entre los últimos lugares del país a ubicarnos entre los de mejor desempeño.
Y el tercero es la educación superior. Llevamos la universidad a municipios donde antes los jóvenes no tenían esa oportunidad. Esa inversión representa una alternativa real frente a las economías ilegales y abre nuevas posibilidades para miles de familias.

SEMANA: Su mandato termina el próximo año. ¿Con qué legado le gustaría ser recordado?
L.A.E.: Me gustaría que se recordara este gobierno por demostrar que la paz puede producir resultados concretos cuando va acompañada de seguridad, inversión social y oportunidades. Esa ha sido nuestra apuesta desde el primer día.
También quisiera dejar un mensaje para el país. Durante décadas Colombia les dio la espalda a sus fronteras y permitió que muchas quedaran bajo la influencia del crimen organizado. Estoy convencido de que allí también están algunas de las mayores oportunidades de desarrollo.
Si logramos consolidar la paz que hoy comienza a construirse en Nariño, fortalecer la seguridad y convertir la frontera con Ecuador en un eje de integración económica, el departamento puede convertirse en un ejemplo para otras regiones históricamente afectadas por el conflicto.