Durante décadas, Colombia ha intentado desarrollarse desde el centro, mientras las regiones esperan, y ese modelo no solo se agotó, dejó brechas profundas. Hoy empieza a abrirse paso otra realidad que evidencia que el país se está moviendo desde los territorios, algo que ya no es discurso sino una realidad.
Un ejemplo claro es el corredor férreo que busca conectar el Pacífico con el Atlántico. Una idea que durante años sonó lejana y que actualmente avanza con decisiones concretas, articulación institucional y respaldo técnico.
Risaralda, Caldas y Antioquia entendimos que si nos unimos podemos avanzar mejor, y por eso pasamos de la intención a la estructuración. Lo que empezó como un trazado limitado hoy se proyecta como un corredor de 238 kilómetros, desde Caimalito, en Pereira, hasta Antioquia, conectándose con las vías férreas que llegan a Puerto Berrío, en el Magdalena Medio.
Lo que está en juego no es menor, porque tenemos en las manos la posibilidad real de conectar dos océanos y transformar la logística del país.
El proyecto ya cuenta con la no objeción del Gobierno nacional. Es decir, no solo es viable, sino que también está alineado con el Plan Nacional de Desarrollo. Ese paso, que suele ser un cuello de botella, ya se superó.
Pero hay más. La CAF aprobó 3 millones de dólares no reembolsables para financiar los estudios y diseños. Esto reduce de manera significativa la carga para los departamentos, que inicialmente contemplaba una inversión cercana a los 24.000 millones de pesos.
Aquí hay un mensaje importante: cuando hay proyectos serios, el mundo confía.
Este corredor no nace de cero, se articula con el Tren del Pacífico, donde logramos incluir un ramal entre Zarzal y Caimalito, evitando que Risaralda quedara por fuera del mapa férreo nacional. Además, el Gobierno avanza en estudios entre el Valle del Cauca y La Felisa, lo que permite optimizar costos y acelerar el proceso.
Estamos hablando de infraestructura con estándares internacionales, con trocha estándar y polivalente, capaz de responder a las exigencias de la logística moderna.
Faltan decisiones, sí. El modelo financiero —público, privado o mixto— se definirá con los estudios en fase III, pero lo importante es que el proyecto ya cruzó la línea más difícil, al dejar de ser una idea y para convertirse en una realidad en construcción.
Y eso cambia todo, porque aquí hay algo más profundo que un tren. Hay una señal de cómo deberían hacerse las cosas en Colombia, al contar con articulación regional, gestión técnica y decisiones que no se quedan en el papel.
Desde las regiones estamos avanzando en lo que sí importa, como conectar territorios, reducir costos y generar competitividad.
Este corredor no solo mueve carga, también mueve oportunidades, integra economías y abre mercados.
Durante años se dijo que Colombia necesitaba proyectos que unieran el país, y hoy esa unión empieza a tomar forma, no desde los escritorios del centro, sino desde la voluntad de las regiones.
Y esa es, quizás, la noticia más importante. Porque cuando las regiones dejan de esperar y empiezan a actuar, el país deja de prometer y empieza a avanzar.
