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Las iniciativas de reforestación que se impulsan en Meta, San Andrés, Caquetá y Guaviare

En la ruta hacia el desarrollo sostenible que está llevando a cabo el Ministerio de Ambiente, una de las estrategias más importantes es la lucha contra la deforestación, la cual involucra a las comunidades locales, con las que se han logrado resultados exitosos.


Después de años de dedicarse a la tala de árboles nativos y a la extracción de madera para su sostenimiento económico, los aserradores del municipio de Puerto Concordia, al sur del Meta, decidieron presentar una propuesta ante las entidades ambientales para buscar una alternativa económica y laboral. Así, desde 2018, los aserradores agroforestales dejaron de lado esta práctica y ahora le apuestan a la producción de material vegetal.

“La mayoría de nosotros somos colonos. Con el pasar de los años nos hemos enfrentado a un cambio climático extraordinario. El impacto de la falta de agua, o el exceso de esta, es debido a la tala de árboles y a otras actividades como la minería ilegal. En el caso de nosotros, que aportábamos a la deforestación, ahora trabajamos por la reforestación y por la activación económica ambiental”, explica Orlando Pineda, presidente del Comité de Aserradores de Puerto Concordia.

De esta manera, desde hace cuatro años, 62 familias aserradoras se dedican a extraer semillas y plántulas de los bosques, las llevan al vivero, las transforman y nuevamente las siembran en su medio natural. La idea es rescatar las especies, muchas de estas en vías de extinción, y hacer el repoblamiento de estas.

Otra de las herramientas clave para el trabajo de los aserradores es el vivero de Puerto Concordia, con capacidad para producir 210.000 árboles por etapa, es decir, la siembra de 420.000 árboles al año. De hecho, el año pasado este municipio fue reconocido por llevar a cabo la sembratón más grande a nivel departamental: 30.000 árboles nativos.

Este proyecto hace parte de los avances de la estrategia que está llevando a cabo el Ministerio de Ambiente junto con entidades regionales, nacionales e internacionales, para posicionar al país como un referente en temas de protección ambiental. Así como en Puerto Concordia, Meta, en otros rincones del país están impulsando proyectos que luchan por la reforestación.

Cultivo de corales

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Con el aporte de ‘Coralízate’, evento realizado entre el 25 de mayo al 8 de junio, Un Millón de Corales por Colombia ya suma 291.968 corales sembrados en el Caribe y el Pacífico. - Foto: Emilio Aparicio / Minambiente

El proyecto ‘Restaurando Un Millón de Corales por Colombia’, liderado por el gobierno, busca recuperar, rehabilitar y restaurar 200 hectáreas de arrecife coralino y aumentar la cobertura de coral vivo. Se han sembrado más de 291.968 fragmentos de coral en 12 puntos estratégicos ubicados en la isla de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, Corales del Rosario, islas de San Bernardo y otros en el Caribe y el Pacífico colombiano.

Para este proyecto ha sido fundamental trabajar de la mano de las comunidades locales. Precisamente, uno de los vinculados es Jeiher Brock, pescador artesanal del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Brock menciona que la restauración cobró una mayor importancia en estas islas debido al devastador paso del huracán Iota, en 2020. “Esta iniciativa es única porque nosotros dependemos de la barrera arrecifal. Si no recuperamos lo de nosotros, ¿quién más lo va a hacer? Estamos reconstruyendo todo lo que se nos dañó, pues si no hay flora tampoco va a haber fauna. Debemos cuidar el borde costero y reforestar todo lo que podamos”, explica.

La puesta en marcha de este proyecto tiene como aliados a Parques Nacionales Naturales, Conservación Internacional Colombia, Corales de Paz, el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar), la Fundación Malpelo, las Corporaciones Autónomas Regionales Coralina, Cardique, Corpamag, Carsucre y Corpourabá, escuelas y centros de buceo, las ONG locales, organizaciones de pescadores artesanales y la academia.

De hecho, del 25 de mayo al 8 de junio se llevó a cabo ‘Coralízate’, una de las actividades de restauración que respaldan este proyecto. Durante estas dos semanas se trasplantaron y cultivaron 113.136 fragmentos de coral en el sector de Bahía Concha, que hace parte de la jurisdicción de Santa Marta. Además, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Carlos Eduardo Correa, participó en una actividad de microfragmentación, visitó guarderías de coral y compartió con representantes de pueblos indígenas de la zona y miembros de la comunidad local vinculada a Un Millón de Corales por Colombia, que con este aporte de ‘Coralízate’, ya suma 291.968 corales sembrados en el Caribe y el Pacífico.

Copoazú, el aliado estratégico

El copoazú, la fruta tropical conocida como el cacao blanco que se encuentra en la cuenca amazónica de Brasil, Colombia, Perú y Ecuador, es cada vez más reconocido en la industria cosmética nacional e internacional debido a su alto contenido de fósforo, pectina y vitamina C. Además de contar con estas propiedades, las comunidades amazónicas están aprovechando el copoazú debido a que se considera como un fruto no maderable, es decir, es un aliado estratégico para asegurar el mantenimiento de los sistemas agroforestales y de los bosques nativos.

En 2018, la Asociación de Copoazú de Belén de los Andaquíes, en Caquetá, arrancó con 16 asociados de 12 familias, y ahora, cuatro años después, cuentan con 33 asociados de 28 familias. Según explica Ferney Vaquero, su representante legal, cada vez hay más personas en el municipio que a causa de la transformación positiva que se ha logrado con el cultivo de este fruto, han dejado atrás otras prácticas como la ganadería. Además, agrega que “poder sacar la pulpa del copoazú y venderla a diferentes empresas nos ha ayudado económicamente. Si uno siembra pero no tiene a quién venderle, simplemente no funciona”.

Esta iniciativa de impulsar el copoazú en las comunidades amazónicas colombianas logra desarrollar el biocomercio, que permite que los productores ganen competitividad económica; y también se aprovechan los frutales amazónicos no maderables de la selva.

En todos estos proyectos ha sido fundamental el apoyo y la coordinación que han ofrecido las entidades del Sistema Nacional Ambiental (SINA), que encabeza el Minambiente. En la Amazonía, en especial, el liderazgo del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas SINCHI ha significado una mejora en la calidad de vida de las comunidades, a través de su aporte a los viveros y a la Asociación de Copoazú de Belén de los Andaquíes, entre otros frentes.

Visión Amazonía

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La Asociación de Mujeres Indígenas (Asomingua) está trabajando por fortalecer los conocimientos tradicionales y propios de la comunidad. - Foto: Emilio Aparicio / Minambiente

El proyecto Visión Amazonía cuenta con 32 mil millones de pesos aprobados para apoyar a comunidades campesinas a través de sistemas agroforestales, reconversión ganadera y productos no maderables. Además, se han destinado otros 20 mil millones de pesos para fortalecer proyectos indígenas enfocados en el ordenamiento territorial, sus sistemas de gobierno, y asegurar la autonomía alimentaria.

En el Resguardo Indígena de Miraflores, en el Guaviare, la Asociación de Mujeres Indígenas (Asomingua) está trabajando por fortalecer los conocimientos tradicionales y propios de la comunidad. Este proyecto, que vincula a 30 mujeres indígenas, nació con la necesidad de visibilizar y transmitir los saberes y revitalizar las memorias ancestrales para que estas sean reconocidas tanto en sus familias como en sus comunidades, en el municipio de Miraflores, y a nivel nacional e internacional.

Mónica Vanegas, indígena perteneciente a Asomingua, explica que el Ministerio de Ambiente aportó un grano de arena para lograr que esta iniciativa se materializara. “Este proyecto aporta mucho a la comunidad porque se asocia con el trabajo comunitario, con la conservación del medio ambiente, del territorio, de los corredores ancestrales y biológicos, y con la pervivencia de los pueblos indígenas”, menciona, y agrega que en las mujeres indígenas recae la transmisión de los conocimientos del día a día que se dan en la recolección de los alimentos y en la siembra, por lo que tienen la gran responsabilidad de garantizar la soberanía alimentaria, transmitir la lengua materna y la educación de los hijos, y recuperar e impulsar el sistema de cuidado propio, asociado al conocimiento tradicional.

Las mujeres indígenas tienen mucho que aportar, la Amazonía tiene mucho que ofrecer, y los canastos de conocimientos cada día se llenan más gracias a que se ha creído en nosotras”, finaliza.

Aprovechamiento forestal sostenible

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Desde 2018, 27 campesinos del municipio se han replanteado la manera en la que observan y conviven con los bosques - Foto: Emilio Aparicio / Minambiente

Jeison Bohórquez, secretario de la Cooperativa Multiactiva Agroforestal del Itilla de Calamar, Guaviare, explica que desde hace cuatro años, 27 campesinos del municipio se han replanteado la manera en la que observan y conviven con los bosques, además de transformar sus planificaciones prediales, debido a su cercanía con el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete. Este proyecto perteneciente a Visión Amazonía le da protagonismo y visibilización al aprovechamiento forestal sostenible, una herramienta clave para evitar la deforestación y para conocer el territorio.

También contamos con un Plan de Manejo Forestal, ejecutado por la ONF Andina con recursos de Visión Amazonía. Tiene presencia en 22 predios, es decir, 6.000 hectáreas de bosque, de las cuales 4.700 son para aprovechamiento forestal sostenible. Estas están divididas en Unidades de Corte Anual (UCA). Identificamos el potencial para aprovechamiento forestal de once especies maderables, o dos no maderables, que son el seje y el asaí. Creemos que el manejo forestal sostenible es una alternativa para el mejoramiento de las familias que vivimos en estas zonas tan apartadas del país”, concluye Bohórquez.

Müse’si, la apuesta por la Sierra Nevada de Santa Marta

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El proyecto Müse’si con la comunidad indígena arhuaca, busca sembrar cerca de 700.000 árboles nativos. - Foto: Emilio Aparicio / Minambiente

La Sierra Nevada de Santa Marta es uno de los espacios naturales más emblemáticos de Colombia; ofrece importantes servicios ecosistémicos de los que depende una parte importante de los habitantes del Caribe colombiano. Por esto, el Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, está llevando a cabo el proyecto Müse’si con la comunidad indígena arhuaca, a través del cual se sembrarán 700.000 árboles nativos.

La iniciativa nació de un convenio firmado por el Minambiente y Conservación Internacional, y consta de cuatro componentes: conocimiento, desarrollado a través de talleres de socialización y concertación con las comunidades; restauración, con la construcción de 445 viveros familiares y el Vivero Comunitario de Gunmaku; intercambio de capacidades, con la formación a miembros de la comunidad en la construcción y operación de viveros, propagación, siembra y monitoreo del material vegetal; e instrumentos económicos, que se refiere a la cuantificación, el análisis y los resultados de captura de CO2 por medio de las acciones de la iniciativa.

Según indica el ministro Correa, “todos los pasos que damos los estamos dando junto a las comunidades, respetando sus tradiciones y cultura. Esto genera un sentido de apropiación del proceso y mejora sus posibilidades de sostenibilidad a largo plazo. Además, así se aporta a la reactivación económica del país, teniendo en cuenta los recursos que llegarán directamente a las comunidades”.

Por su parte, la docente arahuaca Lucelis Izquierdo asegura que desde las instituciones educativas indígenas están fortaleciendo la identidad cultural:para nosotros los árboles son sagrados, allí viven los animales, la naturaleza es la poseedora de los conocimientos y de la vida humana, animal y vegetal. Estoy segura de que trabajando todos en conjunto, los colombianos vamos a respirar mejor y a vivir en paz”.

*Contenido elaborado con apoyo del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

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