El Circuito dos Cristais fue el epicentro de una de las gestas más grandes en la historia del automovilismo colombiano, cuando al caer la bandera a cuadros de la séptima válida de la NASCAR Brasil, Tatiana Calderón se convirtió en la primera mujer que subía a lo más alto del podio en la categoría.
Este triunfo fue un oasis en medio de una trayectoria que ha sido de múltiples sacrificios y de una entrega constante para una pasión que muy pocas veces logra ser rentable en este lado del planeta.
SEMANA dialogó con Tatiana Calderón sobre su aventura en el mundo del automovilismo, un camino que ha recorrido durante dos décadas con amor y compromiso. En principio, como casi todos los jóvenes corredores, buscó incansablemente tener una oportunidad en la Fórmula 1. Y no estuvo lejos, llegó hasta la F2, siendo, hasta el momento, la única mujer en lograrlo.
“Toda mi carrera soñé con la Fórmula 1 y con los monoplazas”, reconoció. De hecho, aún sigue recibiendo invitaciones de diferentes categorías para pilotar ese tipo de vehículos y señaló que “cada vez que tengo la oportunidad de pilotar, lo hago. El año pasado manejé en Fórmula E, por ejemplo. Hay veces que me ponen a hacer pruebas en Fórmula 3 y en Fórmula 4. Realmente disfruto mucho los monoplazas”.
No obstante, la madurez que dan los años y los kilómetros la han llevado a experimentar diferentes tipos de vehículos, múltiples categorías y cientos de pistas, con el fin de encontrar dos cosas fundamentales para un piloto: emociones al conducir y la capacidad de pelear por la gloria. Por ello, NASCAR se convirtió en una alternativa de gran valor para Tatiana.
“Cuando ves una carrera de NASCAR son casi carritos chocones y hay veces que a uno le hace falta como ese cuerpo a cuerpo que en los monoplazas no se puede dar porque si te pegas un poquito se daña la carrera. Uno disfruta mucho cuando tiene oportunidad de ganar y eso es lo que este año he encontrado en la categoría: un equipo que cree en mí y que me quiere dar esos elementos para poder ganar”, manifestó.

Incluso, dejó sobre la mesa la posibilidad de poder continuar obteniendo buenos resultados en Brasil para abrir las puertas en la categoría principal de NASCAR en Estados Unidos, donde corrió por casi una década Juan Pablo Montoya.
Para construir ese sueño, Calderón tendrá que empezar por los playoffs de la temporada en Brasil, a los que se metió por la ventana tras ese épico triunfo en Curvelo. Correrá el fin de semana del 31 de octubre en Chapecó con el objetivo de quedar entre los seis primeros lugares de la clasificación general para poder llegar con chances del título a la última válida del campeonato que se disputará en Brasilia.
Sumado a NASCAR, la colombiana está corriendo en el GT Challenge de las Américas, donde ya tuvo un podio en el primer heat de los 500 km de Panamá (finalizó cuarta en ese fin de semana) y consiguió su primer triunfo en Guyana junto a Juan Diego Hernández. Ahora buscará en Puebla, este 3 y 4 de octubre, ir por su segundo oro en la categoría y seguir sumando puntos para escalar en la clasificación total. En esta categoría conduce un McLaren 720S GT3X, uno de los bólidos más imponentes que hay en la actualidad.
Pese a manejar algunos de los autos más rápidos del mundo, Tatiana reconoció que hay cosas que le generan un gran temor, como las agujas, las arañas o a competir en otros deportes. Ahora también participa en torneos de tenis y reconoce que le dan más nervios al realizar un doble saque que al pisar el acelerador a 300 km/h.
En pista su percepción del miedo “no va asociada a la velocidad sino a no rendir a mi máximo nivel, porque respeto mucho lo que hago, a mis competidores y aprendí que esto no es un juego de ver quién va más rápido, sino realmente respetar el trabajo y la gestión que cada uno hace”.
Su valentía y capacidad de competir de igual a igual contra cualquier adversario la han convertido en un ejemplo para decenas de niñas y jóvenes que hoy quieren entrar al mundo de las carreras. Comparó sus primeros años en el kartódromo Juan Pablo Montoya, donde iba a correr con su hermana cuando apenas tenía nueve años, con la actualidad.
Tatiana señaló que durante su etapa de formación ellas eran las únicas mujeres que se ponían el casco. Sin embargo, cuando ha vuelto a ese escenario, hay entre 12 y 15 niñas que la reciben con los brazos abiertos, le piden fotos y le dan las gracias por inspirarlas a soñar con ser grandes en este deporte.
“Es muy bonito ver que uno puede tener un impacto positivo en el desarrollo de un deporte, en un país donde se ve un poco más el machismo que en otras partes donde es un poco más abierto. Ese cambio ha tomado 20 años, pero está sucediendo y eso es algo de lo que estoy muy orgullosa”, concluyó.
