Entrevista

“Convertí el miedo en movimiento para defender la vida”: Yuvelis Morales Blanco, ganadora del Premio Goldman 2026

Hija de pescadores del Magdalena Medio, fue reconocida con el galardón ambiental más importante del mundo. Su liderazgo, construido desde el territorio, refleja el papel de las mujeres y las juventudes en la defensa del agua y la vida. Entrevista.

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8 de mayo de 2026 a las 4:14 p. m.
"Es un reconocimiento a las mujeres que han sostenido estas luchas y a un país que, aunque hoy recibe premios por defender la vida, sigue siendo uno de los más peligrosos para los líderes ambientales. Este premio visibiliza, pero también incomoda a algunos, porque se lo dan a una mujer joven, negra, de una región históricamente violentada", dice Yuvelis Morales Blanco, ganadora del Premio Goldman 2026.
"Es un reconocimiento a las mujeres que han sostenido estas luchas y a un país que, aunque hoy recibe premios por defender la vida, sigue siendo uno de los más peligrosos para los líderes ambientales. Este premio visibiliza, pero también incomoda a algunos, porque se lo dan a una mujer joven, negra, de una región históricamente violentada", dice Yuvelis Morales Blanco, ganadora del Premio Goldman 2026. Foto: Goldman Environmental Prize

En el Magdalena Medio, una región que durante más de un siglo ha aportado a la economía energética del país —pero que también ha enfrentado el conflicto armado, la desigualdad y la violencia contra líderes sociales—, la voz de Yuvelis Natalia Morales Blanco ha trascendido lo local para posicionarse en Colombia y en el mundo como defensora del agua y de las formas de vida de sus comunidades.

A los 25 años, esta lideresa ambiental recibió el Premio Goldman 2026, el galardón ambiental más importante del mundo, que cada año reconoce a seis líderes de distintas regiones. Hija de pescadores artesanales, creció en Puerto Wilches, Santander, a orillas del río Magdalena, donde el agua no es un recurso, sino sustento, cultura e identidad.

Su oposición radical al fracking —una técnica de extracción de petróleo y gas ampliamente cuestionada por sus impactos ambientales— no nació desde la teoría ni como un acto de rebeldía aislado, sino desde su experiencia como parte de una familia de pescadores artesanales. Sin embargo, ese liderazgo ha implicado altos riesgos: amenazas, desplazamiento y, a los 21 años, el exilio en Francia para proteger su vida.

De ahí que el premio no solo destaca su trayectoria, sino que también visibiliza una lucha colectiva sostenida por comunidades, y en particular por mujeres y jóvenes, que han puesto en el centro la defensa del territorio. En entrevista con el Círculo de Mujeres Semana Dinero, compartió su historia, habló del país que sueña y reflexionó sobre el papel de las mujeres en la defensa de la vida.

CÍRCULO DE MUJERES: ¿Qué significa este premio para usted y para el país?

Yuvelis Morales Blanco (Y. M. B.): Este no es un premio individual, y sería injusto asumirlo así. Es un reconocimiento a comunidades enteras del Magdalena Medio y del país: pescadores, campesinos, pueblos indígenas, mujeres, jóvenes, que llevan años defendiendo el agua, la vida y el territorio. Hoy soy la galardonada, pero esta lucha empezó mucho antes de mí. El premio llega en un momento clave, cuando el mundo empieza a cuestionar la dependencia de los combustibles fósiles. Desde los territorios hemos demostrado que ese modelo no es sostenible y que necesitamos una transición energética justa, construida con la gente y pensada también en quienes han vivido de estas economías. Además, es un reconocimiento a las mujeres que han sostenido estas luchas y a un país que, aunque hoy recibe premios por defender la vida, sigue siendo uno de los más peligrosos para los líderes ambientales. Este premio visibiliza, pero también incomoda a algunos, porque se lo dan a una mujer joven, negra, de una región históricamente violentada.

CÍRCULO DE MUJERES: Creció a orillas del río Magdalena. ¿Cómo ha marcado ese territorio su historia y liderazgo?

Y. M. B.: Soy hija de pescadores artesanales y crecí entendiendo que el río Magdalena no es un recurso: es vida, alimento, cultura e identidad. Todo nuestro territorio gira alrededor de él. Pero también crecí viendo cómo los derrames de petróleo afectan la pesca y cómo las comunidades empiezan a perder sus formas de vida. El Magdalena Medio ha entregado energía a este país por más de un siglo, pero también ha cargado con el conflicto armado, la violencia y el abandono estatal. Por eso, cuando se empezó a hablar de fracking, entendí que no era un tema técnico ni lejano: era la posibilidad de perderlo todo. Para mí, defender el río es defender la vida misma. Y también es decir que nuestra región no puede seguir siendo reducida a barriles de petróleo. Es mucho más que eso: vida, baile, cultura, identidad, ancestralidad.

CÍRCULO DE MUJERES: Su lucha ha implicado amenazas y exilio. ¿Qué le han enseñado esas difíciles experiencias?

Y. M. B.: Me ha enseñado que liderar en Colombia, siendo mujer, joven y negra, implica vivir con miedo. He recibido amenazas desde los 19 años y tuve que irme del país a los 21 y vivir en Francia por un año. Fue difícil, pero era salir o arriesgarme a perder la vida. Cuando uno lo vive en carne propia, todo cambia. El miedo deja de ser una idea y se convierte en algo constante. Pero también hay una decisión: qué hacer con ese miedo. Yo decidí no paralizarme y convertirlo en movimiento. Porque si el miedo gana, gana el silencio. Y en los territorios sabemos lo que significa el silencio. Por eso seguimos, porque esta lucha no es solo por nosotras, es por la vida, por la dignidad, por el derecho a existir. Y también es una lucha profundamente femenina. Somos las mujeres las que sostenemos la vida, las que seguimos construyendo incluso en medio de la adversidad, las que pensamos en el futuro más allá de nosotras mismas.

CÍRCULO DE MUJERES: ¿Cómo ve el papel que le dan a los jóvenes?

Y. M. B.: A los jóvenes nos han dicho que somos el futuro de una nación que posiblemente ya no exista. Nos están dejando un mundo en crisis, con desigualdades y violencia, y al mismo tiempo nos piden que esperemos. Eso es profundamente injusto. Porque somos el futuro de un país que, si no defendemos, puede que ni siquiera exista como lo conocemos. Por eso no estamos dispuestos a esperar. Hoy estamos defendiendo el presente: el derecho a respirar aire limpio, a tomar agua, a vivir sin miedo. Somos actores políticos porque estamos cuestionando un modelo que se impuso en el pasado y que hoy nos está dejando sin futuro. También estamos alzando la voz por las niñeces, porque en este país incluso los niños están siendo afectados y silenciados. Y eso no puede seguir pasando.

CÍRCULO DE MUJERES: ¿Cómo se construye la incidencia global desde un territorio como el suyo?

Y. M. B.: Desde lo colectivo. La Alianza Colombia Libre de Fracking lleva más de diez años trabajando, articulando comunidades y proponiendo cambios. Este premio es un altavoz que amplifica esa lucha. También pone sobre la mesa una contradicción: mientras se reconocen estas luchas a nivel internacional, en Colombia muchas decisiones siguen favoreciendo modelos que afectan los territorios. Hemos llevado propuestas al Congreso y, aun así, han sido archivadas varias veces sin debate. Eso muestra que la lucha sigue siendo necesaria. Porque las comunidades siguen exigiendo que se legisle para la vida y no en contra de ella.

CÍRCULO DE MUJERES: ¿Cuál es el país que sueña y por el que está luchando?

Y. M. B.: Un país donde defender la vida no sea una sentencia de muerte. Donde no se asesine a jóvenes, mujeres y líderes por alzar la voz. Un país que cuide a sus niñeces y a sus juventudes, que entienda que ahí está el presente y el futuro, que escuche a las mujeres y reconozca que somos nosotras quienes sostenemos la vida todos los días, que las mujeres siempre estamos generando nuevas oportunidades para todos. Y un país que entienda que el agua y los territorios no son recursos explotables sin límite, sino la base de todo.

CÍRCULO DE MUJERES: ¿Cuál es su mensaje para otras mujeres que quieren hacer la diferencia?

Y. M. B.: Que no estamos solas. Que cuando las mujeres nos encontramos, somos imparables. Tenemos que cuidarnos, escucharnos y hacer círculo entre nosotras, porque necesitamos hablar, construir, acompañarnos y edificarnos mutuamente. No somos competencia. Cada una vive luchas distintas, pero juntas somos más fuertes. También necesitamos aprender a cuidarnos a nosotras mismas, porque muchas veces ponemos a todos primero y nos dejamos de últimas. Y desde ese cuidado también construimos el mundo que queremos.

CÍRCULO DE MUJERES: ¿Qué planes tiene y qué le gustaría que cambiara a partir de este reconocimiento?

Y.M.B.: Seguir luchando por mi territorio, por el país y por la vida. Terminar mi carrera de ingeniería ambiental y seguir llevando esta conversación a todos los espacios posibles. Este premio no es un punto final, es un punto de partida. Porque la defensa de la vida no se detiene. También espero que esta visibilidad contribuya a que las decisiones en el país estén a la altura de las comunidades. Durante años hemos llevado propuestas al Congreso de la República, y muchas han sido archivadas sin siquiera abrir el debate. Por eso, más allá del reconocimiento, lo que necesitamos es que se legisle pensando en la vida, en los territorios y en las personas que los habitan.