OPINIÓN

Claudia Mesa Sierra

El liderazgo empresarial depende menos del ego y más de la colaboración

El liderazgo empresarial ya no se mide solo por los resultados financieros. La colaboración entre empresarios, el fortalecimiento de las juntas directivas, el impulso al liderazgo femenino y el desarrollo de las regiones son claves para construir un tejido empresarial más sólido y competitivo en Colombia.
30 de junio de 2026 a las 7:36 p. m.

Hay una pregunta que debería hacerse cualquier liderazgo empresarial, no como ejercicio de introspección individual, sino como brújula colectiva: ¿qué estamos construyendo más allá de los resultados del trimestre? La respuesta, cada vez más, no tiene que ver con un cargo ni con una cifra de crecimiento.

Tiene que ver con la construcción de un tejido empresarial sólido, en cada capa y en cada nivel. No hablamos solo de las grandes compañías que ocupan titulares, también de la pyme de provincia, del emprendimiento que recién empieza, del empresario que en su región no tiene acceso a las mismas conversaciones que se dan en las ciudades capitales. Ese es el legado que de verdad importa: el que se mide en puentes construidos, no en logros individuales acumulados.

Esta convicción no nace de un discurso aspiracional. Nace de lo que se observa, sesión tras sesión, en los directorios, las juntas asesoras y los círculos empresariales del país. Las cifras confirman lo que la experiencia ya intuye: la mayoría de las juntas directivas en Colombia identifican hoy las condiciones económicas como su principal prioridad estratégica, en un entorno marcado por la volatilidad y la transformación digital. No es un dato menor: significa que ningún liderazgo, por sólido que sea individualmente, puede sostener esa incertidumbre en solitario.

El avance también tiene rostro de mujer y eso renueva la esperanza. Colombia alcanzó este año un 27,4 por ciento de participación femenina en juntas directivas, una cifra que en 2018 apenas llegaba al 15 por ciento. Es un progreso real, construido con paciencia y persistencia colectiva, no con declaraciones aisladas.

La sororidad que no se practica no existe

Pero el dato que más interpela es otro: solo el 12,5 por ciento de las empresas emisoras del país están lideradas hoy por una mujer CEO. Estar en la mesa no es lo mismo que liderar desde la cabeza de esa mesa. Y ahí, precisamente, es donde la colaboración entre mujeres (genuina y sin condiciones) se vuelve indispensable para acelerar lo que de otro modo tomaría generaciones.

La colaboración tampoco puede limitarse a las grandes ciudades. El crecimiento empresarial del país sigue concentrado en pocos territorios, pero algunas de las regiones con mayor dinamismo reciente (como Vaupés, Guainía, Córdoba o Meta) están creciendo a un ritmo que demuestra algo fundamental: cuando se abren puentes, el progreso no se queda en el centro, se distribuye. Esa es exactamente la apuesta que debería movernos: que el desarrollo empresarial no sea privilegio de unos pocos territorios o unos pocos nombres, sino una construcción colectiva que llegue donde otros no llegan.

Hay también una brecha estructural que no se puede ignorar: la inversión en Colombia representa apenas el 16,5 por ciento del PIB, frente a un promedio regional del 19,5 por ciento. Cerrar esa brecha no depende solo de la macroeconomía, sino también de que más actores (empresarios, directorios, gremios, círculos) decidan compartir conocimiento, abrir redes y construir confianza en lugar de competir por protagonismo.

Hoy, en un país profundamente dividido, donde el reciente proceso electoral ha vuelto a evidenciar nuestras fracturas, la colaboración empresarial deja de ser una opción estratégica y se convierte en una necesidad para Colombia. No se trata de borrar las diferencias, sino de construir, desde la diversidad de visiones, un mismo propósito: un tejido empresarial más fuerte, más participativo y más conectado, en todos los niveles y en todas las regiones.

Esa es la huella que vale la pena dejar. No la de un liderazgo individual que llegó lejos, sino la de una red de constructores que abrió caminos para que otros también llegaran.

Claudia Mesa Sierra, managing director de CBA Board para Colombia