OPINIÓN

Verónica Vásquez

Liderar en tiempos de petróleo, plástico e incertidumbre

En esta columna, un análisis de cómo las tensiones en el Estrecho de Ormuz impactan directamente la industria del plástico y plantea la sostenibilidad como un desafío de liderazgo que exige una mirada estratégica, consciente y conectada con el contexto global.
28 de abril de 2026 a las 7:10 p. m.

El mundo empresarial suele asumir que lo que ocurre a miles de kilómetros no tiene un impacto inmediato en nuestras decisiones. Sin embargo, hay puntos geográficos que, por su importancia estratégica, terminan influyendo directamente en industrias locales. Uno de ellos es el Estrecho de Ormuz.

Este paso marítimo, por donde circula una parte significativa del petróleo mundial, se ha convertido en un termómetro de la estabilidad económica global. Cada tensión, cada amenaza o variación en su dinámica genera un efecto dominó sobre los costos energéticos y, en consecuencia, sobre múltiples cadenas productivas.

La industria del plástico es especialmente sensible a estos movimientos. Y para entenderlo conviene recordar algo que a veces se pierde en la conversación: el plástico ha sido uno de los materiales más transformadores de la historia moderna. Desde su desarrollo a inicios del siglo XX, permitió masificar productos, reducir costos, proteger alimentos, mejorar la medicina, aligerar el transporte y ampliar el acceso a bienes esenciales.

Hoy está presente en casi todos los aspectos de nuestra vida: en dispositivos médicos, en empaques que conservan alimentos, en componentes de vehículos más eficientes y en tecnologías que también aportan a la sostenibilidad, como es el caso de las granjas solares, en las que nuestra compañía, Reaceiplas, ha tenido la oportunidad de participar.

Más que un problema en sí mismo, el plástico ha sido parte fundamental del progreso humano. Desde una visión de liderazgo femenino —práctico, consciente y orientado al futuro— el desafío no es prohibirlo, sino gestionarlo mejor: producir con responsabilidad, reutilizar, reciclar y darle múltiples vidas.

Como bien lo menciona Andrés Felipe Bedoya Londoño, líder de una compañía de soluciones sostenibles, “ojalá todo fuera de plástico”, refiriéndose a su versatilidad, flexibilidad y durabilidad. La conversación, entonces, no debería centrarse en satanizar el material, sino en educarnos sobre cómo usarlo de manera más inteligente y, sobre todo, cómo garantizar una disposición final responsable.

Ahí es donde el concepto de economía circular deja de ser un discurso y se convierte en una necesidad. No como una promesa abstracta, sino como una práctica concreta que devuelve el material a la cadena de valor y reduce la presión sobre los recursos.

En este contexto, participar en escenarios globales de la industria, como la feria Chinaplas 2026 en Shanghái, en representación de Colombia y el liderazgo femenino en esta industria, se vuelve clave. Espacios donde no solo se observan tendencias, sino donde se entiende cómo los movimientos geopolíticos —como los que rodean al Estrecho de Ormuz— están reconfigurando la manera en que planeamos, producimos y competimos.

Porque el plástico, en gran medida, nace de derivados del petróleo. Cuando el flujo energético global se vuelve incierto, los precios se tornan volátiles, la planeación se complejiza y los márgenes se reducen. Lo que parece un evento lejano termina impactando decisiones operativas cotidianas.

Pero el efecto no se limita al costo de las materias primas. También se refleja en la disponibilidad, en los tiempos de suministro y en la presión creciente por eficiencia. Los clientes son más exigentes y las empresas debemos responder con mayor agilidad, empatía y visión estratégica.

El Estrecho de Ormuz se convierte entonces en una metáfora de nuestro tiempo: un punto estrecho que condiciona el flujo global y redefine la competitividad. Entender su impacto no es solo un ejercicio geopolítico, es una necesidad empresarial.

Porque en un mundo interconectado, incluso los movimientos más lejanos pueden redefinir nuestra realidad. Y quienes logramos anticiparnos y adaptarnos a estos cambios —mientras transformamos el plástico en parte de la solución— seremos quienes convirtamos la incertidumbre en oportunidades.

Ahí es donde el liderazgo -aún más el femenino-, cobra sentido. Un liderazgo capaz de conectar lo global con lo local, la estrategia con la conciencia y la industria con el propósito. Un liderazgo que entiende que, más allá de los mercados, lo que está en juego es la manera en que construimos el futuro.

Verónica Vásquez Echeverri, Co-founder Reaceiplas de Founder Ecomujeres