OPINIÓN

Leonor Consuelo Gómez

Presidente, ¿y si el próximo milagro de Colombia fuera el turismo?

El verdadero potencial del turismo se mide en las oportunidades que deja. Para aprovecharlo, necesitamos superar esfuerzos aislados y convertir las ventajas de cada destino en una estrategia de desarrollo. Santa Marta podría ser el laboratorio de ese cambio, con los Distritos de Prosperidad Turística como apuesta.
14 de octubre de 2026 a las 2:38 p. m.

Presidente:

Confieso que, cuando escucho hablar de los grandes motores de nuestra economía, me pregunto por qué el turismo sigue esperando turno. Tenemos dos océanos, una biodiversidad extraordinaria, pueblos que cuentan siglos de historia y una gente que, incluso en medio de las dificultades, conserva el gusto por recibir. Y, sin embargo, seguimos hablando del turismo como si fuera un asunto de vacaciones y puentes festivos; y es más que eso. Es una industria capaz de generar ingresos en lugares donde difícilmente se instalaría una fábrica.

El Dane calcula que el turismo aportó el 2,4 por ciento del valor agregado nacional en 2025. El gasto de los visitantes internacionales superó los 54,7 billones de pesos. Son cifras importantes, pero también una invitación a preguntarnos cuánto más podríamos conseguir si dejáramos de administrar los destinos de forma aislada y comenzáramos a construir una verdadera economía turística.

Presidente, usted ha hablado de una Patria Milagro. Pues bien, quizá uno de sus capítulos pueda escribirse sobre el turismo. No le propongo otro ministerio, ni una comisión que termine produciendo más actas que resultados. Le propongo crear Distritos de Prosperidad Turística: territorios seleccionados por su potencial y sus necesidades, en donde la Nación, autoridades locales, empresarios, universidades y comunidades trabajen bajo un mismo acuerdo de resultados.

Imagínese lo que ocurriría si seguridad, vías, aeropuertos, saneamiento, formación bilingüe, recuperación patrimonial y promoción internacional dejaran de competir por atención y presupuesto. Cada distrito tendría metas públicas, responsables identificables y plazos. La financiación combinaría recursos existentes, proyectos de Fontur, inversión privada y banca de desarrollo, dentro de las reglas presupuestales correspondientes.

Y algo fundamental: mediríamos no solo cuántas personas llegan, sino cuánto gastan, cuánto tiempo permanecen, cuántos empleos formales se crean y cuánto mejora la vida de quienes habitan esos territorios. Porque un destino lleno de turistas y de vecinos inconformes no puede llamarse exitoso.

Ahora permítame llevarlo a Santa Marta, donde agradecemos mucho su presencia y pertinencia.

Nuestra ciudad, después de celebrar quinientos años, ha sufrido la situación de inseguridad que usted personalmente enfrentó. Una situación que golpeó la movilidad, el comercio y la confianza. La Cámara de Comercio estimó pérdidas cercanas a 39.590 millones de pesos diarios durante la parálisis. Y detrás de esa cifra hay rostros: el hotelero que recibe cancelaciones, la cocinera que pierde turnos, el guía que regresa sin pasajeros y el pequeño comerciante que espera una venta.

Aquí no podemos pedirle a una empresa que sobreviva solamente con paciencia. Se necesita un plan extraordinario de recuperación turística de 90 días: presencia sostenida de la Fuerza Pública en corredores turísticos, inteligencia contra la extorsión, líneas de capital de trabajo, acuerdos temporales de pago para negocios afectados y una campaña nacional de confianza basada en condiciones verificables de seguridad.

Nada de cheques en blanco. Necesitamos beneficios focalizados, requisitos transparentes y evaluación pública. Las ayudas deben proteger empleos, no premiar intermediarios.

Santa Marta podría ser el primer Distrito de Prosperidad Turística, como experiencia piloto. Tenemos mar, Sierra Nevada, patrimonio, puerto, aeropuerto y una historia que comenzó mucho antes de nuestros quinientos años. Nos faltan decisiones que conecten esas ventajas y permitan disfrutarlas con tranquilidad.

También nos corresponde actuar a nosotros. El civismo es política turística: una playa limpia, una tarifa justa y un centro histórico cuidado valen tanto como una campaña publicitaria.

Presidente, hagamos que Colombia deje de vender paisajes por temporadas y comience a producir prosperidad durante todo el año. El verdadero milagro no sería recibir más turistas. Sería que más colombianos pudieran vivir mejor gracias a ellos.

Leonor Consuelo Gómez González-Rubio, CEO del Park Hotel en Santa Marta