OPINIÓN

Tatiana Salazar Barrientos

¡Ya no quieren ‘ayudar’: quieren ser papás!

Los hijos no necesitan un papá perfecto, necesitan un papá presente. La nueva paternidad está transformando la manera de entender la crianza, con hombres que quieren involucrarse, cuidar, expresar sus emociones y construir vínculos que duren toda la vida.
25 de septiembre de 2026 a las 9:18 p. m.

Durante mucho tiempo, la imagen del padre estuvo asociada principalmente con una cosa: proveer. El papá trabajaba, llevaba el dinero a la casa y, cuando llegaba, compartía un rato con sus hijos. La crianza, las rutinas, las citas médicas, las noches difíciles y buena parte de la vida cotidiana quedaban principalmente en manos de la mamá.

Pero algo está cambiando.

Cada vez vemos más hombres que están entendiendo que ser papá no consiste únicamente en llevar dinero a casa o estar presente en los momentos importantes. También significa estar presente en los momentos pequeños, repetitivos y poco visibles que construyen la infancia.

La economía de los creadores: la oportunidad que millones aún están ignorando
Tecnología, maternidad y autonomía: las nuevas reglas del trabajo femenino
Cuando una mujer tiene independencia económica, también gana libertad para elegir

Papás que cambian pañales, que preparan teteros, que saben qué talla de ropa usan sus hijos, que conocen sus rutinas, que van a las citas médicas, que se levantan en la madrugada, que hacen loncheras, que llevan y recogen del colegio, que juegan en el piso y que saben perfectamente cuál es el muñeco favorito de sus hijos.

Papás que no ‘ayudan’ a la mamá, sino que están ejerciendo su paternidad. Y creo que vale la pena hablar también de ellos.

Porque durante años hemos hablado —con razón— de la carga que muchas mujeres han llevado prácticamente solas dentro de sus hogares. Pero también sería injusto ignorar que existe una generación de hombres que está intentando romper con ese modelo. Hombres que crecieron viendo a sus propios padres relacionarse de una manera distinta con la paternidad y que hoy decidieron hacerlo diferente.

Hombres que quieren conocer a sus hijos, que quieren estar, que quieren construir un vínculo, que no quieren perderse la primera palabra, el primer paso, la presentación del colegio, la enfermedad, el cumpleaños, la historia antes de dormir o ese momento aparentemente insignificante en el que un niño quiere sentarse en las piernas de su papá.

Y quizás una de las cosas más bonitas de esta transformación es que muchos de estos hombres ya no entienden el cuidado como algo femenino. No sienten que preparar la comida de sus hijos los hace menos hombres o que cambiar un pañal les quita autoridad. No sienten que llevar a su hijo al médico es ‘ayudarle a la mamá’. Entienden que cuidar también es ser papá.

Y hay algo más que me parece importante: un padre presente no es necesariamente un padre perfecto. También se cansa, se equivoca, puede sentirse perdido.

La presencia no significa tener todas las respuestas. Significa decidir estar involucrado incluso cuando no las tienes.

Porque la paternidad no se construye únicamente con grandes momentos. Se construye con cientos de pequeñas decisiones cotidianas: sentarse en el piso a jugar aunque haya tenido un día difícil, escuchar la misma historia por décima vez, aprender cómo calmar a su hijo cuando llora, saber qué lo hace reír, acompañarlo cuando tiene miedo, poner límites, abrazarlo y decirle “te amo”.

Y creo que también debemos reconocer que para muchos hombres esto implica romper con una idea de masculinidad que recibieron desde pequeños. Una idea que les enseñó que los hombres deben ser fuertes, proveedores, poco emocionales y que demostrar demasiado cariño puede hacerlos vulnerables.

Hoy hay papás que están descubriendo que abrazar a un hijo no los hace menos fuertes. Que decir “te amo” no los hace menos hombres. Que llorar con ellos no significa perder autoridad. Y que involucrarse profundamente en la crianza no les quita libertad: les permite construir una relación que no se puede recuperar después.

Porque los hijos crecen y uno puede recuperar dinero, las oportunidades laborales o reorganizar una agenda. Pero hay etapas de la infancia que simplemente pasan. Por eso me gusta pensar que la nueva paternidad no se trata solamente de hombres que ‘ayudan más’. Se trata de hombres que quieren estar más.

Y hay una diferencia enorme. Porque un papá presente no solamente le facilita la vida a la mamá. También le regala algo invaluable a sus hijos: la certeza de que papá está ahí: Está para celebrar. Está para cuidar. Está para poner límites. Está para escuchar. Está para abrazar. Está para acompañar. Está para construir recuerdos. Y también está para mostrarles, con su ejemplo, que el amor no tiene género.

Los hijos no necesitan un papá perfecto. Necesitan un papá que esté. Y cada vez son más los hombres que están entendiendo que estar no significa simplemente vivir bajo el mismo techo. Significa involucrarse, amar activamente, hacerse cargo.

Significa construir, desde hoy, la relación que algún día tendrán con sus hijos adultos.

Y quizás eso también sea una forma de cambiar el mundo: criar niños que sepan que el amor de un padre también puede sentirse en los brazos, en las palabras, en el tiempo y en la presencia.

*Una columna dedicada con amor al papá de Sofi. ¡Te amamos!

Elizabeth Tatiana Salazar Barrientos, directora operativa de Brutal Marketing SAS