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| 6/23/2018 7:00:00 PM

Manuel López Obrador: ¿la tercera es la vencida?

La democracia mexicana se juega una carta crucial en las elecciones presidenciales del domingo, ante la enorme ventaja del candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador. Tanto su triunfo como su derrota podrían sacudir los cimientos del país.

Elecciones presidenciales en México en 2018: ¿cómo van? López Obrador es el favorito en las encuestas presidenciales.

A tan solo una semana de las elecciones más grandes en la historia de México, el país azteca se prepara para el que podría ser el más importante cambio en su tablero político hasta ahora. Andrés Manuel López Obrador, mejor conocido como Amlo, se encamina a un triunfo casi seguro, pues tiene más de 20 puntos por encima de su principal oponente. Si gana el próximo domingo, podría convertirse en el primer mandatario en 70 años que no pertenece a ninguno de los dos partidos que ininterrumpidamente han permanecido en el poder. Pero si pierde, la sospecha de fraude volvería a ensombrecer la democracia mexicana y podría ser la chispa que encienda un país que parece sentado en un barril de pólvora.

Esta vez, el discurso de Amlo ha brillado por su moderación y por sus intentos de mejorar las relaciones con sus antiguos enemigos: los medios y los empresarios.

Amlo se postula a la presidencia por tercera vez. Lo intentó en 2006, pero perdió por medio punto porcentual con Felipe Calderón. En 2012, Enrique Peña Nieto se llevó el primer puesto mientras que él volvió a ocupar el poco deseado segundo lugar. En las dos ocasiones los ganadores, uno del Partido Acción Nacional (PAN) y otro del Partido Revolucionario Institucional (PRI), las dos fuerzas políticas más importantes del país, le arrebataron el triunfo por una pequeña diferencia. Esta vez el camino hacia el Palacio Nacional está casi asegurado, o por lo menos eso indican las decenas de encuestas que desde hace seis meses lo posicionan como favorito a él y a su plataforma política Movimiento Regeneración Nacional (Morena). Sin embargo, el recorrido no ha sido menos polémico que en las campañas anteriores.

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Si Andrés López Obrador gana, su discurso populista y su batalla contra la corrupción y desigualdad prometen revolucionar el tablero político mexicano.

Y es que la irrupción de López Obrador en la contienda política desde hace 18 años, y su posibilidad cada vez más tangible de ganar, representa una verdadera amenaza al statu quo para un país acostumbrado a la ‘dictadura perfecta’ de las seis décadas bajo el PRI y 12 años de cuestionados gobiernos del PAN. Él mismo calificó su llegada a la presidencia como una oportunidad para preparar una cuarta revolución mexicana contra la corrupción y la desigualdad, conceptos que han sido los caballos de batalla de su carrera política. Aunque se enfrenta a un México ávido de cambio, su personalidad mesiánica, su discurso populista, la concepción de sí mismo como autoridad moral y sus insultos a las instituciones en el pasado generan desconfianza sobre su capacidad para gobernar y respetar las reglas de una democracia.

Pero el Amlo de esta campaña no es el mismo de las contiendas anteriores. Desde hace 12 años su lema “primero los pobres” y sus constantes ataques contra lo que él denominó como la “mafia del poder” le valieron la enemistad de los grupos económicos más poderosos del país. Sus discursos confrontacionales, las comparaciones con Hugo Chávez y el fantasma de una crisis económica le restaron varios puntos a su popularidad. Una campaña mediática con el eslogan “Andrés Manuel es un peligro para México”, orquestada por Antonio Sola, el asesor político de Felipe Calderón, terminó por desinflar sus posibilidades de llegar al poder. Incluso apareció el término “pejefobia” para describir el miedo al “Peje”, apodo con el que se conoce a Amlo por el pejelagarto, un pez característico de Tabasco, el estado donde nació.

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Esta vez, el discurso de Amlo ha brillado por su moderación y por sus intentos de mejorar las relaciones con sus antiguos enemigos: los medios y los empresarios. Ya no llama a los conglomerados mediáticos “prensa fifí”, sino que les agradece en los mítines políticos por su “cobertura responsable y profesional”. Se reunió en varias ocasiones con parte de las élites políticas y económicas para poner sobre la mesa su promesa de no empezar una cacería de brujas. “Va a haber garantías para que no sean perseguidos, no somos rencorosos y van a poder actuar con absoluta libertad siempre que sean negocios lícitos”, aseguró el candidato durante uno de sus encuentros. “Eso sí, ya no van a tener el privilegio de mandar”, concluyó.


Candidato del PAN, candidato del oficialismo y el único candidato independiente. Foto: AFP.

Con estos esfuerzos de acercamiento no solo minimizó la fuerte oposición y campaña de desprestigio de las clases poderosas que se resignan a su victoria, sino que además sumó nuevos aliados a su causa entre empresarios, adversarios políticos, líderes sindicales e intelectuales. No obstante, aún no ha tratado los temas más polémicos de sus propuestas, como sus intenciones de revertir reformas favorables al sector privado impulsadas durante el gobierno de Peña Nieto en el campo de la energía y, en concreto, con la crisis del gigante estatal Pemex. Amlo también alarmó a los inversionistas con su negativa al multimillonario proyecto de un nuevo aeropuerto a las afueras de Ciudad de México, lo que indignó a Carlos Slim, uno de los empresarios más poderosos del país. Aunque coherente con su estrategia, unos días después el candidato suavizó su postura. La polémica aún está lejos de terminar.

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Estas alianzas también despiertan otros temores entre algunos de sus seguidores. Si bien Amlo es un candidato de izquierda que emprendió una lucha contra la desigualdad y la violencia, otros baluartes de este espectro político no tienen tanta importancia para él como la política de género o los derechos de las minorías sexuales. De hecho, López Obrador se presentó a esta candidatura con la coalición Juntos Haremos Historia, en la que, además de Morena, aparece el derechista y conservador Partido Encuentro Social, un movimiento evangélico que se opone al matrimonio de homosexuales y al aborto. La pregunta ahora es hasta qué punto estas nuevas y viejas alianzas le permitirán a Amlo ser el verdadero instrumento del cambio o le pasarán factura una vez llegue al poder. Lo cierto es que, como dijo a SEMANA Mario Torrico, doctor en ciencias sociales de la Flacso México, “las estrategias de moderar su discurso y construir una alianza han sido exitosas. López Obrador rompió el techo que casi ningún político pudo con casi el 50 por ciento del electorado, mientras que otros presidentes no llegaron a más del 35 por ciento. Es decir que, así como van las cosas, 1 de cada 2 mexicanos va a votar por él”.

Aunque se enfrenta a un México ávido a cambios, su discurso y personalidad generan desconfianza. 

Los buenos resultados que las encuestas le auguran a Amlo también se explican por el turbulento panorama político y social de México en las últimas décadas. El país tiene uno de los niveles más bajos de satisfacción con la democracia, enfrenta uno de los periodos más violentos de su historia reciente, tiene una economía estancada desde inicios del milenio y pierde cerca del 10 por ciento de su PIB cada año por corrupción. A esto se le suma que el candidato más cercano después de Amlo para ganar las elecciones, Ricardo Anaya, del PAN, tiene una investigación por un escándalo de propiedad que lo vincula con lavado de dinero. El siguiente en la lista, José Antonio Meade, del oficialista PRI, carga con el peso político de haber servido en uno de los gobiernos más corruptos del país, como el de Enrique Peña Nieto; y el último en la contienda, Jaime Rodríguez Calderón, carece de trayectoria política y cree que su teoría de “mocharle” la mano a los ladrones lo va a llevar al poder. En conclusión, todo parece dado para que el próximo domingo López Obrador consiga, después de tres intentos, su tan esperada presidencia que abrirá, como casi nunca en México, perspectivas insospechadas.

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