Las cifras hasta el momento desconocidas, y que SEMANA revela con base en información de fuentes oficiales, muestran que la guerra con drones cargados de explosivos por parte de las organizaciones criminales tiene en jaque a la fuerza pública.
Entre 2024 y 2026, Colombia ha estado bajo ataque constante por más de 870 días. Los criminales han lanzado más de 1.680 explosivos contra la fuerza pública desde el 26 de abril de 2024, cuando se dio el primer ataque terrorista con drones en la vereda Las Vegas, del municipio de Argelia, Cauca.
Desde 2024 a la fecha, han sido asesinados por parte de los grupos criminales que usan drones cargados con explosivos 28 militares y otros 424 han resultado heridos. Frente a los civiles, ya han muerto seis y otros 60 quedaron heridos con estos ataques.

El Ejército y la Policía son los principales blancos de los grupos ilegales. Durante 2024, 2025 y 2026, 60 policías han resultado heridos.
La mayoría de los ataques se registran de día, con más de 293. En la noche, cuando se necesita más experticia en el manejo de los drones, los criminales se han tecnificado y han logrado efectuar más de 50 atentados. La división del Ejército más afectada por los criminales es la Tercera, con jurisdicción en Cauca, Valle del Cauca y Nariño. Esta unidad ha tenido que soportar más de 345 eventos. La otra región afectada, aunque en un escalón menor, es la Segunda División, con sede en Norte de Santander, y la región del Catatumbo.

Las estructuras más agresivas en el campo criminal que se han potenciado con el uso de drones con explosivos son Carlos Patiño, Jaime Martínez, Dagoberto Ramos, Ismael Ruiz y Franco Benavides, de las disidencias de las Farc de alias Iván Mordisco y alias Calarcá.
El ELN también ha tenido una fuerte arremetida con estos elementos, a través del frente de guerra Camilo Torres Restrepo, bajo el mando de alias Silvana Guerrero, cabecilla del frente de guerra oriental, con zona de injerencia en el Catatumbo.
Sin embargo, se han capacitado otros frentes del ELN que han empezado a actuar de forma sanguinaria, como el Juan Fernando Porras, Tito Marín y Alfredo Gómez Quiñonez.

La anterior radiografía muestra que los grupos criminales han hecho de los drones una de sus más potenciales armas en este nuevo capítulo de la guerra, en el que con estos equipos atacan a distancia, sin poner en riesgo a sus hombres y con una capacidad de daño superior.
Lo que preocupa a las autoridades nacionales y algunos sectores políticos es que, mientras los criminales avanzan en la modernización de sus técnicas para dejar caer las granadas sobre los militares y policías, el país aún no cuenta con un escudo antidrones efectivo, y el que dejó contratado el Gobierno del expresidente Gustavo Petro para la región del Catatumbo, a cargo de Codaltec, una empresa del Ministerio de Defensa, sigue sin funcionar.

Los criminales ya van en la tercera generación de drones con fines de uso terrorista. Iniciaron con una técnica básica, el dron tradicional que se compra a través de cualquier plataforma, y le adaptaron un sistema de apertura y de cierre para que dejara caer los explosivos.
A este sistema se le conoce como radiofrecuencia y depende de un canal inalámbrico, es decir, un control remoto para ser guiado. Este sistema tiene una debilidad y es que es susceptible de interferencias. Una segunda generación es la de los drones guiados por medio de fibra óptica. Son los que se están viendo en la actualidad, como ocurrió en el caso del aparato encontrado el 6 de mayo de 2026, en inmediaciones del aeropuerto El Dorado, de Bogotá.

Una tercera generación de drones es la de navegación con multisensores, que tiene un complejo sistema de cámaras y pequeños radares para lograr que su posición sea más precisa y con mejores movimientos en el aire.
La cuarta generación tiene en alerta a las autoridades: se trata del manejo de drones a través de inteligencia artificial. Para expertos, esta situación puede ser crítica para el país, debido a que, mediante softwares, los criminales pueden llegar a planear ataques simultáneos sin la necesidad de tener operadores de drones, sino con ataques dirigidos con esta tecnología.
Pueden ordenar a la inteligencia artificial evadir los escudos antidrones y sus ataques serán más precisos y efectivos. Además, por el fenómeno de criminología de Colombia, la inteligencia artificial podrá ser adaptada a los drones artesanales como el kamikaze, que está siendo usado en los llamados ataques enjambre para causar un mayor daño.
SEMANA revela con imágenes de inteligencia de las agencias de seguridad del Estado cómo ha sido la creación de los drones kamikaze. En la infografía se pueden observar las piezas que componen estos elementos terroristas.

El cuerpo del dron es adaptado con un tambor donde va el cable de fibra óptica, que impide que las autoridades lo bloqueen por radiofrecuencia. Uno de los extremos del dron es adaptado a un contenedor que termina en punta, adentro de este son almacenados cerca de 80 gramos de pentolita con un detonador, que a la vez cuenta con cables conductores de energía.

La activación del explosivo se da cuando el dron se estrella de frente contra su objetivo con una pequeña jeringa que ha sido adaptada de manera artesanal y se comprime, fungiendo como detonante.
Como el sistema es artesanal, utilizan cinta aislante para pegar los componentes al dron y en algunas ocasiones fracasa el ataque, situación que ha llevado a los criminales a poner en marcha la estrategia de enjambre.
Los ataques con drones kamikaze se han visto en hechos recientes como el bombardeo en la estación de Policía de Guamalito, en Norte de Santander, donde la estructura quedó completamente destruida.

Para el coronel en retiro de la Policía y doctor en estudios políticos Saúl Lizarazo, quien lideró por más de una década las principales unidades antiexplosivos de la institución, el panorama de los drones con explosivos es muy preocupante.
“Es posible que en mediano plazo se implemente en Colombia en la cuarta generación de drones terroristas inteligencia artificial como un vector táctico y estratégico que permita aumentar la eficiencia de los impactos criminales de los drones, esto ya existe en otras partes del mundo como Líbano y Ucrania”, explicó.
Asimismo, explicó que adaptar la IA a los drones generará ventajas para los criminales, como reducir el número de operadores, evadir las contramedidas del Estado para bloquearlos, eliminar la metadata, masificar los ataques enjambre y llegar a las ciudades capitales.

Otra preocupación expuesta por los expertos consiste en la facilidad con que se consiguen. En la actualidad, hay tutoriales en las redes sociales para armar un dron sin necesidad de acudir a un almacén de venta de estos equipos.
En las redes sociales es frecuente ver videos en los que se enseña cómo hacer ensambles de drones con piezas que se consiguen en cualquier tienda de electrónica y cómo hacerles adaptaciones de ganchos para soportar las cargas explosivas.
Para el coronel Lizarazo, Colombia, dentro de las estrategias que debe adoptar para hacerle frente a la guerra de los drones, debe mirar la posibilidad de crear un laboratorio forense de drones.

“Hay que dejarlo claro: poner todas las esperanzas en un escudo antidrones es una mala decisión, porque, ante la utilización de fibra óptica y de IA, el escudo antidrones solamente se convierte en un elemento para mitigar la amenaza”, indicó. Lo que es evidente es que, mientras Colombia sigue combatiendo a los criminales con armas convencionales, estos van un paso por delante, modernizando sus equipos y tecnologías con dineros de narcotráfico, minería ilegal, secuestros, extorsiones, trata de personas y demás acciones criminales.

