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| 3/15/2019 2:25:00 PM

Bogotá respira los incendios de la Orinoquia

El humo de los más de 400.000 incendios forestales registrados en los últimos diez años en la Orinoquia colombo venezolana fue respirado por bogotanos, paisas y bumangueses. Por primera vez, un estudio asoció las quemas con el comportamiento de los vientos y la contaminación del aire de comienzos de año en el norte de Suramérica.

Bogotá respira los incendios de la Orinoquia Por primera vez, un estudio logró asociar los incendios forestales presentados en la Orinoquia durante los primeros tres meses del año con el deterioro de la calidad del aire en grandes capitales ubicadas en el centro de Colombia. Foto: Archivo Semana.

El material particulado que actualmente ahoga a bogotanos, paisas y bumangueses recibe cada comienzo de año un refuerzo que proviene de los incendios de grandes extensiones de sabanas y bosques que están a más de 1.200 kilómetros de distancia del centro del país.

También conocido como PM y catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS)  como el contaminante atmosférico más perjudicial para la salud, este responsable de las recientes emergencias ambientales declaradas en capitales como Bogotá, Medellín y Bucaramanga, no solo tiene su origen en la quema de combustibles fósiles que expelen los exostos de camiones, buses, motos, vehículos y chimeneas de las industrias.

Ese aire enrarecido que respiramos revuelto con microscópicas partes de 10 y 2,5 micras (una micra es una milésima parte de un milímetro) recibe entre enero y marzo una recarga de humo, hollín y más contaminantes que traen los vientos desde la Orinoquia de Colombia y Venezuela. Esto, por cuenta de las más de 55.000 quemas que en tiempo seco azotan al año a las sabanas de manera natural e intencional para “limpiar” o “mejorar” los suelos conforme a la práctica de sus habitantes.

Expertos de las universidades Nacional y Andes identificaron que entre 2006 y 2016 hubo más de 400.000 incendios forestales en la Orinoquia colombo-venezolana. Con un modelo de la trayectoria de las masas del aire, concluyeron que el humo llegó a Bogotá, Medellín y Bucaramanga. Fuente: U. Nacional, Andes / Semana.

Un estudio que adelantaron expertos de las universidades Nacional y Andes, financiado por Colciencias y publicado este año, que manejó imágenes de los satélites Aqua y Terra de la NASA, identificó que entre 2006 y 2016 hubo más de 400.000 incendios forestales en la Orinoquia colombo venezolana.

Semejante quema cada año libera un promedio de 23 millones de megawatts de energía. Algo así como la cantidad de energía que demanda Colombia en casi 4 meses. Por medio de algoritmos y un modelo de la trayectoria de las masas del aire, los científicos establecieron que el humo de estos fuegos llega al centro de Colombia impulsado por los vientos alisios característicos de la época seca.

Estos incendios en la Orinoquia coincidieron con los mayores picos de concentración de material particulado PM10 en Bogotá, Medellín y Bucaramanga registrados en plena época seca en los diez años del análisis. Los altos niveles de este contaminante en las capitales fueron registrados precisamente cuando las masas de aire salieron de los pastizales del Orinoco en los momentos más críticos de incendios.

Vuelan a mil

Ricardo Morales, profesor de ingeniería de los Andes, aseguró que es la primera vez que un estudio asocia la posibilidad de que los incendios en la cuenca del Orinoco deterioren la calidad del aire de centros urbanos ubicados a más de mil kilómetros, que coincidentemente son los que hace poco estuvieron bajo emergencia ambiental. “Estimamos que estos incendios forestales podrían aportar entre 6 y 16 por ciento de la contaminación atmosférica en Bogotá, Medellín y Bucaramanga, aunque son datos preliminares. Estamos cuantificando las cifras por medio de modelos atmosféricos químicos”.

Según Morales, una gran quema en la Orinoquia detona una humareda que vuela hacia el territorio colombiano en tiempo récord. El humo de un fuego voraz tarda sólo tres días en llegar al centro del país, factor que depende de la velocidad del viento. “Cuando un incendio logra cierta altura, el humo asciende a la atmósfera y es transportado a grandes distancias por el régimen de los vientos alisios. Pero no es solo material particulado, una quema emite otros contaminantes como monóxido de carbono y carbón negro y marrón”.

La combustión de la biomasa libera a la atmósfera material particulado como humo, aerosoles y polvo. Los incendios de la Orinoquia colombo-venezolana liberan aerosoles que llegan al centro del país a recrudecer la contaminación del aire. Foto: FCDS

De las tres ciudades, Bucaramanga fue la que arrojó la mayor correlación entre los incendios de comienzos de año con las concentraciones de PM10, debido a su cercanía con Venezuela. Le siguió Bogotá, a donde los vientos contaminados ingresan por la cordillera Oriental luego de salir de Venezuela y pasar por Arauca y Casanare. “Medellín fue la menos impactada, ya que las masas de aire deben atravesar las tres cordilleras, lo que complica el flujo de material particulado proveniente de la Orinoquia”, anotó el experto.

Aunque los análisis abarcaron solo Bogotá, Medellín y Bucaramanga, porque tienen redes de monitoreo de calidad del aire, los expertos coinciden en que los centros poblados más cercanos a la Orinoquia reciben un mayor impacto. “Otro estudio de la Universidad Nacional monitoreó el aire de Arauca y Yopal en época de incendios y arrojó concentraciones superiores a los 100 microgramos por metro cúbico de material particulado, una cifra muy alta para sitios donde no hay casi vehículos ni industrias. Este valor es tres veces mayor de lo que dispara una alerta en Bogotá”, dijo Luis Belalcázar, docente e ingeniero químico de la Nacional.

Amazonia, a mitad de año

Las quemas en la Amazonia no tienen mayor impacto en la contaminación del aire durante el inicio del año, concluyó Belalcázar, pero sí entre junio y julio. Explicó que los incendios forestales en Brasil tienen su mayor despertar hacia mediados del año, época en la que los vientos vienen desde el sur del continente. “Sin lugar a dudas, estas quemas afectan la calidad del aire de la parte baja de Colombia, aunque creo que los contaminantes no alcanzan a llegar hasta el centro del país. Hay que analizar bien el flujo de los vientos”.

Apuntó que la asociación de las quemas con la calidad del aire debe romper con el paradigma de la contaminación atmosférica netamente urbana, y que es una evidencia fehaciente de que la quema del bosque es un detonante de esta contaminación. “La deforestación en la Orinoquia y Amazonia repercute en todo el país, ya sea por los incendios o por la relación que tiene con el cambio climático”.

Este mapa, elaborado por expertos de las universidades Nacional y Andes, plasma los incendios forestales de la Orinoquia en febrero de 2010. El humo emitido por los fuegos llegó hasta Bogotá, Medellín y Bucaramanga. Fuente: U. Nacional y Andes.

Belalcázar, quien desde 2013 trabaja en poder asociar los incendios colombo-venezolanos con la calidad del aire en la zona central de Colombia, argumenta que este tipo de insumos científicos deberían tener una mayor repercusión entre las entidades del Estado. “En Colombia hay una desconexión entre la academia y el gobierno, cada cual trabaja por su cuenta sin ningún hilo conector. El Estado ve a la ciencia como un enemigo”.

 Juan Felipe Méndez, asistente de investigación del proyecto, dijo que Bogotá no debería ver la contaminación del aire como un tema local. “Este estudio demuestra que la problemática es regional, nacional y hasta global. La Secretaría de Ambiente tiene que ampliar su visión local”.

Morales complementó la idea: “Sería interesante que las autoridades ambientales involucren estas nuevas herramientas para tomar medidas. Pero no puede servir como excusa para que ahora culpen a las quemas como las causantes de las emergencias del aire”.

Así vuelan

Méndez, ingeniero ambiental y sanitario que actualmente adelanta una maestría en los Andes, enumeró el paso a paso del viaje de la humareda desde las sabanas de Venezuela hasta el centro de Colombia.

“Luego de generarse un foco de incendio o quema en alguna zona de la Orinoquia colombo venezolana, las masas de aire calientes y contaminadas por el humo son inyectadas a la atmósfera a alturas que, en algunas ocasiones, pueden superar las de la capa de mezcla”, indicó.

Una vez allí, estas masas son transportadas por largas distancias debido al flujo del aire, que durante los primeros meses del año están dirigidos hacia el centro del país. “A lo largo de su trayecto, las masas contaminadas pueden llegar a la superficie e impactar las concentraciones a nivel del suelo, afectando así la calidad del aire”.

Sahumerio tóxico

El médico Camilo Prieto, director del Movimiento Ambientalista Colombiano, asegura que los habitantes de las grandes urbes están respirando gases y partículas suspendidas tóxicas.

La combustión de los vehículos diésel emite dióxidos de azufre, sulfatos, óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono, compuestos orgánicos volátiles como benceno, dioxinas, hidrocarburos aromáticos, nitratos y material particulado, que quedan en los pulmones de los citadinos.

Las masas de aire contaminadas de los incendios de la Orinoquia pueden llegar a la superficie e impactar las concentraciones a nivel del suelo, afectando así la calidad del aire. Foto: FCDS

“Estas emisiones están asociadas a infartos, eventos cerebrovasculares y enfermedades respiratorias agudas y crónicas como las crisis asmáticas. Los productos  derivados de la combustión del diésel, como los dióxidos de nitrógeno, pueden generar cáncer de pulmón. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) declaró al diésel como carcinogénico nivel 1 desde el año 2012”, informó el experto.

Sumando a esto, Prieto enfatizó que en la combustión de la biomasa, como es el caso de los incendios, es liberado a la atmósfera material particulado como humo, aerosoles y polvo. “Desde las quemas de la Orinoquia pueden llegan aerosoles al centro del país, un tipo de material particulado con tamaños inferiores a las 2,5 micras. Esto les permite suspenderse en el aire y recorrer grandes distancias. Es decir que de los incendios de la Orinoquia salen aerosoles que al llegar a las ciudades pueden causar enfermedades como crisis de asma y reacciones alérgicas e inflamatorias en los pulmones”.

Este es un producto periodístico de la Gran Alianza contra la Deforestación. Una iniciativa de Semana, el MADS y el Gobierno de Noruega que promueve el interés y seguimiento de la opinión pública nacional y local sobre la problemática de la deforestación y las acciones para controlarla y disminuirla.

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