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| 2/9/2019 11:52:00 AM

Venezuela será el plato fuerte de la reunión de Duque con Trump

Que Duque y Trump hayan acordado reunirse en un momento político tan difícil, demuestra que comparten la voluntad política de construir una relación especial.

Duque y Trump: Venezuela será el plato fuerte del encuentro Los dos presidentes, Duque y Trump, enfrentan temas difíciles y el ambiente político no ayuda.

El presidente Iván Duque almorzará este miércoles con Donald Trump en la Casa Blanca, acompañados de sus colaboradores, más cercanos. Los dos mandatarios coinciden en el interés de darle a la relación colombo-estadounidense un carácter especial. Habrá temas sensibles y desacuerdos inevitables, y del temperamento explosivo de Trump se puede esperar cualquier cosa. Pero los asuntos más importantes y la voluntad política de Duque y Trump aseguran un encuentro en el que primará la armonía.

Washington, para Duque, es un terreno conocido y amable, no solo por el hecho anecdótico de haber vivido allí 12 años. También porque el actual contexto político, tanto en la capital estadounidense como en el continente en general, ha girado hacia la derecha y lo ha convertido en un símbolo de las nuevas realidades. Si Juan Manuel Santos y Barack Obama –dos nobeles de paz– se entendieron cuando el péndulo estaba en la orilla izquierda, Iván Duque y Donald Trump buscarán consolidar sus coincidencias en una agenda en la que la crisis venezolana ocupará un papel preponderante.

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Duque quiere mostrarle al establecimiento político de esa capital que las grandes coincidencias entre Estados Unidos y Colombia dan para que este se convierta en su aliado más confiable. A pesar de que Brasil, Argentina y Chile también se han movido hacia posturas ideológicas conservadoras, ningún otro país tiene una trayectoria tan larga de amistad con Estados Unidos en la región. De manera simbólica, y para resaltar este hecho, Duque presentará una ofrenda en el monumento dedicado a la guerra de Corea de 1951, en la que Colombia envió un batallón que luchó del lado de Estados Unidos. Duque enviará el mensaje, no necesariamente explícito pero sí claro, de que Colombia es el aliado más serio de Washington en estos momentos de turbulencia.

Trump también ha dado señales de su interés por Colombia, aunque ha cancelado dos visitas al país por razones de política interna. Pero el solo hecho de haberlas planeado, y de abrirle espacio al presidente Duque en una época de crispación política en Washington, demuestran que la impredecible Casa Blanca de estos tiempos ha registrado los virajes del Gobierno colombiano en asuntos como Venezuela, las drogas y la paz. Sobre todo, ve con buenos ojos la convergencia en el objetivo de ejercer presión política sobre el Gobierno de Nicolás Maduro.

Las relaciones Washington-Caracas-Bogotá forman parte de un triángulo cuyo lado Duque-Trump es el más sólido. El actual inquilino de la Casa Blanca tiene un interés especial en la crisis política venezolana por el peligro que significa para la relación petrolera tradicional entre los dos países. Trump anuncia retiros de tropas del Medio Oriente y no tiene problemas en reunirse de nuevo con el dictador norcoreano Kim Jong-un, pero al mismo tiempo su secretario de Estado, Mike Pompeo –exdirector de la CIA– asiste a encuentros sobre la crisis venezolana en la ONU y en la OEA en las que expresa su preocupación por el autoritarismo de Nicolás Maduro.

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También resultó significativa la aparición en público de John Bolton, consejero de Seguridad Nacional, quien exhibió una libreta en la que aparecía la leyenda “5,000 soldados para Colombia”, Muchos interpretaron la escena como un mensaje explícito de guerra psicológica contra Maduro. Duque, por su parte, desde la campaña ha mantenido un discurso crítico hacia el Gobierno venezolano y una cercanía evidente con la oposición. Planteó demandar a Maduro ante la justicia internacional, y ya en la Casa de Nariño ha conservado el tono duro hacia la “dictadura venezolana”, término que no usa en público para referirse a ningún otro país gobernado por un régimen autoritario. Caracas estará en el centro de la reunión Duque-Trump y, en la otra orilla, Maduro y su Gobierno seguirán con lupa lo que suceda en la reunión.

Más allá de Venezuela, otros temas de la agenda ofrecen menos posibilidades de construir acuerdos y hasta podrían derivar en controversias problemáticas. Al sanedrín republicano que rodea a Trump le preocupa el aumento de los cultivos de coca en Colombia. Señalar al Gobierno de Juan Manuel Santos, por haber facilitado esa realidad, y mostrar que heredó una situación fuera de control, le permitiría a Duque evitar una controversia inmediata. La parte colombiana planteará que necesita tiempo para cambiar la tendencia heredada y que los resultados llegarán en 2020.

También surgirán las sempiternas discusiones sobre asuntos comerciales. Pero el Gobierno Trump, más que la mayoría de sus antecesores, es nacionalista en materia de comercio y no está dispuesto a que su país pierda empleos como consecuencia de la competencia extranjera. Esa posición ha generado disputas difíciles con socios de la talla de China y México. Frente a Colombia, la administración Trump también tiene motivos para preocuparse pero son menores. En primer lugar, porque el balance comercial bilateral favorece a Estados Unidos, y en segundo, porque el volumen de las transacciones no alcanza las cifras de las de México y China. Todo indica que ambos presentarán quejas sobre asuntos puntuales, pero que ninguno de ellos se convertirá propiamente en la noticia principal del encuentro.

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Y falta ver qué tan contencioso resultará el tema de la extradición de Jesús Santrich, por ahora congelado. Para Washington, ese instrumento judicial siempre ha sido importante. El confuso episodio del extravío de la carta enviada por el Ministerio de Justicia, y un intento aún inconcluso por debilitar las atribuciones del Tribunal Especial para la Paz (JEP) en la materia, puede poner en aprietos al presidente Duque. Incluso, en oficinas distintas a las del Gobierno –como las de algunos congresistas de oposición con quienes se verá– le van a hacer preguntas difíciles.

El mandatario colombiano se alojará en Blair House, la casa de protocolo destinada a recibir visitas de rango superior a una reunión de trabajo. Duque no solo almorzará con Trump y se reunirá con sus principales ministros, sino que lo hará también con importantes figuras de la oposición, encabezadas por la nueva presidente de la Cámara, Nancy Pelosi.

Este será un punto clave de la visita. En primer lugar, porque Washington vive una etapa de lo que en el lenguaje de la ciudad llaman “gobierno dividido”: los republicanos controlan la Casa Blanca y el Senado, y los demócratas la Cámara de Representantes. En estas coyunturas, para lograr la aprobación de leyes se necesita algún tipo de acuerdos bipartidistas. Pero, además, porque la representante Pelosi –un peso pesado de la política actual– ha defendido en el pasado puntos de vista críticos sobre la realidad colombiana en derechos humanos y narcotráfico.

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En efecto, desde que el Congreso aprobó el Plan Colombia durante el Gobierno de Andrés Pastrana, hace casi dos décadas, Washington ha tenido hacia Colombia una visión bipartidista fructífera desde todo punto de vista. Una que, en el corto plazo, no está garantizada. Las relaciones entre el Gobierno de Trump y la oposición son unas de las más difíciles en muchos años. Acaba de terminar el cierre del Gobierno más largo de la historia y hay amenazas de uno nuevo por falta de acuerdo sobre el presupuesto nacional y por la insistencia de Trump en construir un muro en la frontera con México. Conservar el apoyo bipartidista hacia Colombia requerirá esfuerzos adicionales.

El ambiente político en la capital de Estados Unidos, recién empezando una etapa de “gobierno dividido”, está que arde. La semana pasada hubo rifirrafe, incluso, sobre la fecha del tradicional discurso que Trump debía pronunciar sobre el Estado de la Unión. En ese escenario los ánimos están exacerbados y los medios y actores políticos no va a concentrar su atención, propiamente, en la visita de Duque. Sin embargo, que los dos presidentes se hayan empeñado en reunirse en medio de tanta turbulencia, demuestra precisamente su interés común en construir una relación especial. 

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