La agencia de medios de la Universidad Nacional publicó un estudio en el que advierte que aunque se pensaría que debajo del mar todo es igual y que por ende vivirían las mismas especies, eso no es así. Los investigadores tardaron varios meses recopilando pruebas para así demostrarlo.
Existen unas barreras geográficas que determinan la distribución de las especies marinas, eso lo dejó claro Juan Carlos Narváez Barandica, doctor en Ciencias y Biología de la misma universidad. En la explicación que entrega señala que “dichas barreras son consideradas como el factor que limita el proceso de dispersión o movimiento de los organismos desde su lugar de nacimiento hasta su sitio de reproducción, impidiéndoles colonizar otros lugares o ‘conectarse’ genéticamente con otras poblaciones”.
Para el estudio se seleccionaron 6 especies marinas: 3 de fondos rocosos y 3 especies de aguas. Las primeras fueron: tubícola mandíbula manchada (Acanthemblemaria rivasi), quigua o cigua (Cittarium pica) y caracol nerita (Nerita tessellata).
Tras analizarlas, el biólogo marino Arturo Acero Pizarro explicó que la especie rivasi es un pez pequeño que vive ligado a las rocas, en aguas muy someras; sus estados larvarios duran poco (una semana o menos) y, por lo tanto, hay varias poblaciones; el segundo es un caracol muy apreciado por las personas que conocen los productos marinos, pero está prácticamente extinto; está ligado a fondos duros (continuación de las zonas rocosas emergidas en la tierra) y tiene varias poblaciones; y el tercero es otro caracol herbívoro, que pastorea las algas pegadas a las rocas.
En el informe de Unimedios destacan que las otras 3 especies de aguas se colectaron en aguas someras de fondos blandos o arenosos, formados por pequeñas partículas sueltas de diferentes tamaños (arenas, gravas, cascajo, fangos). Estas fueron: chivita nolón (Melongena melongena), un caracol cuya hembra pone cápsulas ovíjeras y desde estas sale un caracol diminuto; bagre piedrero (Sciades proops), de alta importancia comercial, amenazado por sobrepesca; y corvina (Micropogonias furnieri), cuyas larvas duran bastante en el agua, de modo que se encontró que no había poblaciones diferentes de esta especie.

El investigador recolectó 20 especímenes por cada área de muestreo para las 6 especies escogidas. Para las de fondos blandos someros, la colecta se hizo en los sitios de desembarque con apoyo de pescadores que utilizan redes de enmalle y palangres, o cordeles largos y gruesos, de los cuales penden unos ramales con anzuelos en sus extremos. Para el caso de las de fondos rocosos, los muestreos se hicieron con buceo autónomo, haciendo recolectas manuales y utilizando nasas o arte de pesca artesanal.

En este estudio solo se contempló la porción de la línea costera y el mar territorial de Colombia, donde se presentan las ecorregiones Caribe sur y suroccidente. La primera incluye la península de La Guajira hasta el Parque Nacional Natural Tayrona, y la segunda desde Santa Marta hasta Cabo Tiburón.

Entre las conclusiones que destacan está que la pluma del río Magdalena debe estar actuando como barrera biogeográfica para especies marinas que tienen limitación en su dispersión. Además que el efecto combinado que causa la ausencia del fondo y litoral rocoso somero entre el Cabo de la Vela y el sector de Santa Marta y el afloramiento semipermanente en La Guajira, la cual opera para A. rivasi.
Sobre las especies de fondo blandos, se supervisa la influencia de Sierra y de factores ecológicos y oceanográficos sobre una ruptura genética entre Dibulla/Punta Gallinas ( La Guajira) e isla de Salamanca ( Magdalena).

Este estudio será útil para aplicar medidas de manejo y políticas para el desarrollo sostenible del aprovechamiento de estas especies por parte de las autoridades pesqueras y ambientales, según concluyeron los expertos.