La investigación por el sicariato del empresario arrocero Gustavo Aponte y su escolta Luis Gabriel Gutiérrez, a la salida de un gimnasio en el nororiente de Bogotá, está dando un giro radical. SEMANA conoció que la Fiscalía acaba de abrir una línea de investigación que plantea que el crimen fue resultado de un error fatal.
Según los investigadores, esta hipótesis está atada a la guerra silenciosa entre esmeralderos que ha dejado varios muertos en operaciones que parecen cinematográficas. La primera fue la de Juan Sebastián Aguilar, alias Pechuga, el 7 de agosto de 2024, quien fue asesinado por un francotirador desde los cerros orientales, en su casa ubicada en el conjunto Bosques del Marqués.

De la misma manera ocurrió, ocho meses después, en el mismo conjunto, el asesinato del también esmeraldero Jesús Hernando Sánchez, el 6 de abril de 2025. De acuerdo con los investigadores, había un tercer objetivo también relacionado con el mundo de las esmeraldas, quien coincidencialmente asistía al mismo gimnasio que Gustavo Aponte.

Ahí estaría la fatal coincidencia: el hombre asesinado era físicamente muy parecido al esmeraldero al que le estarían haciendo cacería, del cual SEMANA se reserva la identidad para no ponerlo en riesgo a él ni a la investigación. Este hombre también tiene un escolta permanente.

En las últimas semanas, las autoridades han recogido testimonios y horas de grabaciones de más de 125 cámaras de seguridad de la zona y de otros lugares de la ciudad, con las que incluso ya reconstruyeron toda la ruta y el accionar del sicario que cometió el crimen.
Este “error” se ha convertido en una de las principales líneas de investigación, aunque desde la Fiscalía no han descartado la primera hipótesis que planteaba que el crimen obedecía a una extorsión que le habían hecho a Aponte en Casanare y a la cual no quiso acceder.

El sicario
En medio de la investigación y con la detallada reconstrucción del crimen, los investigadores de la Fiscalía han avanzado en la identificación de los autores materiales de este crimen que estremeció a Bogotá, especialmente del hombre que ejecutó el asesinato a sangre fría.

Horas antes del crimen, el sicario ingresó a una barbería en una concurrida zona de Bogotá. El hombre entró vestido informalmente, incluso con el pelo desordenado. Unos minutos después salió del mismo lugar una persona que parecía totalmente diferente: vestido formal y bien peinado. Al salir del local, como lo muestran las imágenes, lleva en una bolsa la ropa que acababa de reemplazar.
En ese momento abordó un vehículo particular que lo estaba esperando. La trazabilidad del monitoreo de las cámaras dejó claro que el siguiente destino era justamente el gimnasio donde estaban Aponte y su escolta Gutiérrez.

Los investigadores creen que el carro fue el lugar donde le entregaron el arma para cometer el atentado. El doble asesinato fue tan bien planeado que en el interior de la barbería no se dieron registros de video. Ahí, según la hipótesis, se habrían ultimado los detalles del crimen.

Lo que sí es claro es que se trató de un homicidio bien planeado, en el que participaron por lo menos cinco personas: el sicario, el conductor del automóvil que lo llevó al lugar y que luego fue asesinado, el campanero y el motociclista que lo estaba esperando para emprender la huida.
Todos están identificados por los seguimientos en las cámaras. La ciudad no está tranquila; no es el primer asesinato que se presenta en esta zona. Ahora surge la hipótesis de un posible crimen por equivocación.
