El Frente Urbano de Guerra del ELN es un fantasma que, aunque todos aseguran nunca haber visto, lleva años acechando las goteras de Bogotá e infiltrándose en cuanta universidad y mente joven encuentra.
Sobre las 5:30 de la tarde del pasado jueves, la Fiscalía legalizó la captura de Harold Zuluaga Arroyabe, alias Plumilla, y de Gerson Hernando Flores, alias Viejo, tras ser hallados dentro de una vivienda, en el sur de Bogotá, en la que se construía todo un andamiaje terrorista que, se presume, sería usado para atentar contra las jornadas electorales que se realizarán en menos de diez días.
Las alertas por las presiones del grupo armado ilegal en la ciudad no son nuevas. SEMANA ya había anticipado que esta estructura terrorista estaba lista para atentar contra objetivos de alto valor en la capital del país.
Se revelaron informes de inteligencia que daban cuenta de alertas en la sede de la Fiscalía General, el Banco de la República, la Embajada de Estados Unidos y de ataques organizados contra figuras de la política como la candidata Vicky Dávila y la senadora María Fernanda Cabal.
Sin embargo, esta vez no fue una amenaza abstracta ni un panfleto anónimo. Fue la materialización de la amenaza hallada en lo que sería un taller clandestino en la localidad de Usme.

Según la Policía, se producían artefactos explosivos improvisados con capacidad suficiente para sembrar un caos similar al del atentado del centro comercial Andino y al de la Escuela General Santander.
Un arsenal de guerraUna operación coordinada por más de cinco meses permitió conectar todos los hilos que unían varios hechos vandálicos en Bogotá con una estructura mucho más grande y robusta que estaba siendo financiada desde Medellín y que tenía como objetivo tender el camino necesario para la llegada clandestina del Frente de Guerra Urbano del ELN a la capital. Algo así como una fachada que permitiría desviar la atención de los verdaderos planes de atentados.

El megaoperativo, confirmado por la Policía Nacional de Colombia a través de la Dirección de Investigación Criminal e Interpol (Dijín), dejó al descubierto una estructura logística clave del Ejército de Liberación Nacional. En coordinación con la Fiscalía General de la Nación, la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) y el apoyo del Gaula Militar, las autoridades realizaron un allanamiento que terminó con la captura de dos hombres señalados de fabricar y distribuir armamento artesanal para estructuras terroristas.
El nombre que más inquieta a los investigadores es el de Harold Zuluaga Arroyabe, alias Plumilla, de 61 años. De acuerdo con la Policía, era el tornero principal y el cerebro técnico detrás de la producción sistemática de explosivos para el ELN.

En su taller tenía capacidad para producir entre 40 y 70 granadas en apenas tres semanas, dependiendo de los pedidos que recibiera. Granadas de 60 y 80 milímetros. También estaba encargado de la producción de artefactos adaptables a drones y de armas traumáticas modificadas para convertirse en dispositivos de precisión de largo alcance.
El inventario hallado durante el operativo revela algo más que un taller clandestino. Mostró una cadena criminal de suministro en funcionamiento y lista para atacar en cualquier momento.
Durante el allanamiento en Usme, los investigadores incautaron 80 contenedores esféricos metálicos para explosivos improvisados, un lanzagranadas calibre 40 milímetros, 897 cartuchos calibre 5.56, piezas para ensamblar un lanzagranadas ligero múltiple (MGL), partes inferiores para granadas, pólvora negra, cinco kilogramos de precursores químicos, además de cuadernos con manuscritos, una tableta y un computador.

La cifra que más alarma a los organismos de seguridad es esta: con el material encontrado se podría haber afectado la vida e integridad de más de 800 personas. La composición metálica de los contenedores y la metralla incorporada en los explosivos convertían cada artefacto en una amenaza masiva.
El coronel Elver Vicente Alfonso Sanabria, director de la Dijín, aseguró que alias Plumilla no solo fabricaba explosivos para el ELN, sino que también proveía material bélico al frente 36 de las disidencias de las Farc. Según la investigación, conseguía estopines y detonadores argumentando que serían utilizados en actividades de minería, una fachada que le permitía adquirir insumos sin levantar sospechas inmediatas.

Las investigaciones preliminares indican que parte del armamento en fabricación habría estado destinado a afectar a integrantes de la fuerza pública y a provocar alteraciones del orden público durante la jornada electoral del 8 de marzo. De ser cierto, el objetivo no era únicamente militar, sino que era político.
Alah, en las sombras
No obstante, la pregunta sigue abierta. En noviembre del año pasado, la articulación interinstitucional permitió la captura de 13 agitadores radicales de un movimiento denominado los PPP en Bogotá.
Las investigaciones conectaron a este grupo de jóvenes con una célula del Frente de Guerra del ELN en Medellín al mando de alias Alah, quien al parecer estaría detrás de la conformación de pequeñas unidades tácticas (entre cuatro y seis personas) que se han anidado en los bordes de la ciudad y que tienen como propósito aceitar la consolidación del grupo armado en la capital.
De acuerdo con reportes de inteligencia conocidos por esta revista, el Ejército de Liberación Nacional ha venido consolidando presencia en al menos diez localidades de Bogotá. Todas las pistas que vienen cruzando la Fiscalía y la Policía apuntan a un mismo operador criminal. Conocido como Francisco o alias Alah, cuyo epicentro de operaciones estaba en Medellín.
Ahí estaría la base desde la que, según la investigación, habría impulsado la expansión del frente urbano del Ejército de Liberación Nacional en entornos citadinos, incluida la capital. Por ahora, tanto la Policía Nacional, a través de la Dijín, como el Ejército Nacional y todos los organismos de seguridad de la capital del país estrechan filas para blindar los comicios de la próxima semana y reducir al máximo la oportunidad de que Bogotá vuelva a vivir los días de terror protagonizados por el ELN hace siete años, cuando volaron la escuela de cadetes.
